RECENSIONES

Bruno Nicolás D’andrea, En el único Cristo somos uno. Espiritualidad agustiniana en el corazón de la vida, Paulinas, Madrid 2025.

Hay que reconocer que la elección del papa León XIV ha puesto de moda en la Iglesia, si es que alguna vez no lo estuvo, la figura de san Agustín. Sin duda, el amable rostro del pontífice Prevost y su condición agustiniana son un reclamo favorable para el acercamiento a la obra del obispo de Hipona. De ahí el atractivo añadido que el libro que recensionamos posee. Atractivo que la obra de Bruno Nicolás D’Andrea reconoce y aprovecha para bien.

En verdad, estamos ante un libro de espiritualidad agustiniana que, de alguna manera, se ha visto confirmado en su intención fontal por las palabras que León XIV dirigiera en la homilía de la eucaristía del inicio de su pontificado. En esta, empleó dos frases señeras del obispo de Hipona: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» y «En el Único somos uno». Y he dicho confirmado, porque el proyecto de Bruno Nicolás D’Andrea se había iniciado años antes. Esta coincidencia, sin duda, explica el título de su obra: «En el único Cristo somos uno». Espiritualidad agustiniana en el corazón de la vida.

Sí, como hemos afirmado, estamos ante un libro de espiritualidad agustiniana. Con mayor precisión, “ante una introducción sencilla a la espiritualidad agustiniana”, cuya intención es “dar a conocer la riqueza del pensamiento y de la vida de san Agustín”; entre otras cosas, porque esta espiritualidad, además, constituye un patrimonio de un valor inestimable dentro de la gran tradición espiritual cristiana. Pero, junto a esto, esta intención se sostiene en el convencimiento de su actualidad. Este detalle me parece crucial para entender el trabajo que recensionamos. Y es que el autor pretende que el lector se haga preguntas que pueda responder con la ayuda del Espíritu en su aquí y ahora, colaborando con ese proceder a la creación de ambientes y tiempos para desarrollar la sabiduría de la mente y del corazón, que no es otra cosa que la actualización de un empeño profundamente agustiniano… Esta era la pretensión última de la doctrina espiritual y la actividad pastoral de san Agustín (p. 11-12). ¡Todo un reto!

El libro consta de una introducción y un epílogo, que enmarcan tres grandes partes: Tres acompañantes, Una búsqueda y En el corazón de la vida. Tres partes que están atravesadas por un mismo hilo conductor a partir de dos metáforas (búsqueda, peregrinación) y una temática transversal (el acompañamiento).

Y es que, a la luz del texto, se entiende que la búsqueda de Dios es personal, pero nunca solitaria (segunda parte). Ha de leerse, pues, dentro de un contexto comunitario. Se trata de una búsqueda compartida, dialógica. Y lo es desde el inicio, puesto que el Dios a quien se busca es comunión. De ahí lo de los tres acompañantes, primera parte del libro. Hay aquí una cierta lógica. La inquietud de la búsqueda es compartida con la humanidad, pero, al mismo tiempo, estamos acompañados en ella por una comunidad que nos llama a la reconciliación y a la unidad.

La búsqueda pone al ser humano en camino, en peregrinación. Se buscan los bienes de arriba, pero en el corazón de la historia y de la vida (en la dinámica existencial y espiritual propias de cada hombre; tercera parte). La búsqueda, el camino, la comunión enfrentan con la realidad y con las decisiones vitales frente a lo importante. De ahí, la actualidad de la espiritualidad cristiana que propone Agustín y nos explica al autor.

Y esta explicación de la espiritualidad cristiana se hace dejando hablar a san Agustín. Evitando el lenguaje erudito. Tratando de llegar al corazón del lector. Interpelando. Contrastando. De ahí que estemos ante un libro de fácil lectura y que, además, se ha de leer con pausa. Se ha de dejar tiempo para que cale lo que el maestro Agustín va proponiendo. Es un libro que invita a la contemplación.

En suma, estamos ante una obra que vale la pena leer, para introducirse en la manera de entender la experiencia de Dios de san Agustín. De manera especial en los tiempos que nos toca vivir.

La Redacción