PRESENTACIÓN

El 9 de mayo de 2024, el papa Francisco firmaba la Bula Spes non confundit. A través de ella convocaba a la Iglesia a la celebración de un Año jubilar que se extendería desde el 25 de diciembre de 2024 hasta el 6 de enero de 2026. El tema elegido para la ocasión era la esperanza y el lema jubilar Peregrinos de esperanza. Así pues, todo el año 2025 quedaba consagrado como el Año Jubilar de la Esperanza.

Teología Espiritual no podía faltar a esta convocatoria eclesial. Por ello, decidió dedicar un volumen doble (el del año 2025) a la temática jubilar. Es el volumen que ahora presentamos. Para su confección, pidió la colaboración a distintos especialistas que, de acuerdo con el significado de la figura jubilar y teniendo en cuenta algunos de los temas que el papa Francisco mencionaba en la Bula convocante, han elaborado sus contribuciones. Al final, el elenco de este número doble está compuesto por siete artículos y un comentario/nota que tocan distintos aspectos del evento eclesial y, por ello, ofrecen una visión de este bastante completa.

Así, la profesora M. Carmen Román (Raíces bíblicas del jubileo: un canto a la esperanza), nos aproxima a la realidad jubilar desde la óptica de la Escritura. Su reflexión permite visualizar que, en las raíces bíblicas del jubileo en el AT, su objetivo era que las exigencias de la Alianza del pueblo con Dios impregnarán las estructuras sociales. La institución jubilar pretendía crear “un pueblo de hermanos” promoviendo el derecho de los más débiles poniendo limite a la opresión, la desigualdad social, y al empobrecimiento permanente. En la nueva alianza, por su parte, señala, que no encontramos la referencia a esta institución, pero sí al espíritu que la sostiene. Jesús, con su predicación de la Buena Noticia, inaugura un tiempo nuevo de júbilo que ofrece una liberación-salvación a todos los que la acogen, que sobrepasa la esfera socioeconómica para pasar a ser una salvación integral. Los signos de la era mesiánica ya están aquí: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados” (Lc 7,22).

Luego, el profesor Pedro Luis Vives, y adentrándose ya en el texto concreto de la Bula de la convocatoria del Jubileo (La bula Spes non confundit, pórtico del jubileo 2025), señala que esta invita a vivir el Jubileo ordinario del 2025 vinculado al mensaje y al tema de la esperanza, animando a reavivar la esperanza frente a un mundo dominado por el escepticismo y el pesimismo. Para ello, señala, el texto del pontífice propone la enseñanza cristiana de la esperanza por medio de cuatro itinerarios: bíblico, histórico, pastoral y teológico. El autor comenta cada uno de estos aspectos desde el vínculo que guardan con el resto de la enseñanza del Papa Francisco.

A continuación, y dado que el tema jubilar es el de la esperanza, el profesor Martín Gelabert reflexiona en torno a la Esperanza, virtud de la posibilidad. El artículo estudia algunos aspectos importantes y actuales de la teología de la esperanza, como su relación con la fe y la caridad, sus implicaciones en la vida presente, sus motivos y su dimensión eclesial. Y es que, como comenta Gelabert, estamos ante un tema capital en este mundo en el que hay demasiados signos de muerte, muchas situaciones sin salida, muchos “ayeres” que uno quisiera olvidar y muchos presentes que uno quisiera cambiar. De ahí la necesidad de un futuro de concordia y amor que se anticipe ya en nuestro presente. La esperanza cristiana no defrauda, pero -concluye nuestro autor- es necesario saber decirlo de forma que resulte significativo para las personas de hoy.

Después, de la mano del profesor Leopoldo Quílez la reflexión en torno a la esperanza se torna escatología (La persona ser en esperanza y animal utópico: apuntes para una escatología fundamental). En su artículo ensaya una escatología fundamental y, por tanto, quiere enfocarse en los fundamentos filosóficos de la esperanza como virtud teologal. Partiendo de una reflexión antropológica sobre la historicidad y la temporalidad del ser humano, en diálogo con la filosofía del siglo XX, este emerge como un ser proyectado hacia el futuro, que vive en espera y esperanza. Ésta última vincula al hombre con el Otro trascendente, que, lejos de suponer una amenaza coartadora de lo humano, desde las filosofías de la alteridad, emerge como el fundamento y la posibilidad de su salvación. Más aún, cuando la alteridad absoluta es adjetivada cristológicamente se concreta en una soteriología digna de crédito y, por ende, como la auténtica esperanza de la esperanza.

El profesor Vicente Pons, desde una óptica histórica, aborda la cuestión del Jubileo y las indulgencias, haciendo derivar la reflexión hacia la diócesis de Valencia en el medievo (Del Jubileo universal a las indulgencias particulares a modo de jubileo. Indulgencias en la Valencia medieval). Partiendo del origen, trayectoria y tipología de los jubileos generales o años santos, en el artículo se profundiza en los jubileos de iglesias locales, como la diócesis de Valencia en la época medieval, así como en las indulgencias unidas a estos acontecimientos extraordinarios, especialmente la de 1458. La íntima relación entre Iglesia y poder civil hacía que esta situación canónica afectase al conjunto de la sociedad. Este tiempo excepcional no solo era un momento para experimentar el perdón y la reconciliación, así como de fuerte evangelización a través de predicaciones especiales, a cargo de las ordenes mendicantes, era también utilizado como canal de revitalización económica, urbanística y social.

Por su parte, el profesor Vicente Tur nos acerca a una de las cuestiones que el papa Francisco hace suyas en la Bula del Jubileo: los signos de los tiempos (Signos de los tiempos, signos de esperanza). Tur nos dice que los «signos de los tiempos» ha sido una expresión muy utilizada en el lenguaje católico por lo menos desde el pontificado de Juan XXIII; señalando que el papa Francisco la ha retomado en su bula de convocatoria del jubileo de 2025. Y lo ha hecho poniéndola en relación con la virtud de la esperanza. El artículo sondea la relación entre ambos elementos. Comienza por una reflexión acerca de la virtud de la esperanza, y después mira cómo puede casar con ella la expresión «signos de los tiempos».

Finalmente, la profesora Mariela Martínez nos ofrece un estudio en torno a la figura de María desde la perspectiva de la esperanza (María, mujer de esperanza). En él, la autora indica que, en el contexto en el que vivimos de desesperanza y frustración, se hace necesario reflexionar sobre las razones para vivir y testimoniar la esperanza en medio de la crisis y encontrar los motivos y las formas para dar razón de ella. En este horizonte, comenta, María de Nazaret puede ayudarnos a encontrar el camino de la esperanza. Ella no solo participa del cumplimiento de la promesa mesiánica, sino que su vida es un testimonio continuo de confianza plena, de fe incondicional y esperanza activa en el actuar de Dios, incluso en medio de la oscuridad. Su papel crucial desde la anunciación hasta la cruz, su presencia en medio de los apóstoles en pentecostés, hacen de ella una mujer testigo y peregrina de esperanza.

El volumen se completa con un comentario/nota que recoge una conferencia del profesor Vicente Botella, pronunciada en el contexto de la celebración del año Jubilar de la esperanza. En ella, se destaca la dimensión ecuménica del Jubileo resaltada por el papa Francisco, dada la fecha que lo conecta con el concilio de Nicea (325). De ahí el tema sobre el que versa: Nicea, una referencia esperanzada de comunión.

Con gusto, Teología Espiritual ofrece a sus lectores este volumen que quiere ser una modesta contribución a la celebración de un acontecimiento eclesial tan singular. ¡Ya nos lo harán saber!

No podemos concluir esta presentación sin recordar la figura del papa Francisco, el promotor del Jubileo. La muerte le iba a sorprender en medio del año Jubilar, en la pascua del 2025. Sin duda su llamamiento a la esperanza, una esperanza que no defrauda, le habrá sostenido hasta el final de su existencia terrena. Dios, Padre de la Vida y la Misericordia, le premie su ministerio y su entrega esperanzada a favor de la Iglesia y la humanidad.

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