El inmaculismo hispánico. La correspondencia de Juan de Pineda (1557-1637) en el archivo de la embajada española cerca de la Santa Sede

Hispanic Immaculism. The letters of Juan de pineda (1557-1637) in the archives of the Spanish Embassy to the Holy see

José Antonio Calvo Gómez*

Fechas de recepción y aceptación: 2 de enero de 2026 y 9 de febrero de 2026

DOI: https://doi.org/10.46583/specula_2026.15.1260

Resumen: Este trabajo de investigación trata de analizar la intrahistoria de un significativo capítulo del inmaculismo hispánico en la Modernidad. Entre 1616 y 1633, Juan de Pineda (Sevilla, 1557-1637) envió, al menos, once cartas a Bernardo de Toro (Sevilla, 1570-Roma, 1643) durante su estancia en la corte de Felipe III en Madrid y, sobre todo, en la Sede Apostólica de Roma. La interpretación historiográfica de esta correspondencia, depositada en el archivo de la Embajada de España cerca de la Santa Sede, permite comprender y matizar, desde la comprensión particular de sus protagonistas, como un ejercicio intelectual de la nueva microhistoria internacional, algunos conceptos y decisiones fundamentales. Los textos, transcritos en el anexo, traducen a un lenguaje directo, en la confidencia de la privacidad, los principales debates teológicos del momento, el proceso por el que la Monarquía Católica asumió la causa inmaculista como razón de estado, la evolución de la sociedad española del Seiscientos y la traslación de una verdad de fe a una singular representación cultural, artística y literaria.

Palabras clave: Bernardo de Toro, intrahistoria, Mateo Vázquez de Leca, microhistoria, Monarquía Católica, Paulo V, siglo XVII.

Abstract: This research paper analyzes the intra-history of a significant chapter in Hispanic Immaculate Conceptionism during the Modern Age. Between 1616 and 1633, Juan de Pineda (Seville, 1557-1637) sent at least eleven letters to Bernardo de Toro (Seville, 1570-Rome, 1643) during his time at the court of Philip III in Madrid and, especially, at the Apostolic See in Rome. The historiographical interpretation of this correspondence, currently held in the archives of the Spanish Embassy to the Holy See, allows us to understand and refine, from the perspective of its protagonists, as an intellectual exercise of the new international micro-history, some fundamental concepts and decisions. The texts, transcribed in the appendix, translate into direct language, in the confidence of privacy, the main theological debates of the time, the process by which the Catholic Monarchy assumed the Immaculate Conception cause as a reason of state, the evolution of Spanish society in the 17th century and the translation of a truth of faith into a unique cultural, artistic and literary representation.

Keywords: Bernardo de Toro, intra-history, Mateo Vázquez de Leca, micro-history, Catholic Monarchy, Paulo V, 17th century.

1. Introducción

El inmaculismo hispánico en la Modernidad fue, a la vez, un problema teológico, un asunto de estado, una expresión social e, incluso, un recurso cultural, artístico y literario.

Las discusiones teológicas condicionaron buena parte de los siglos XVI y XVII, bajo la atenta mirada de una Orden de Predicadores, en línea con el pensamiento de santo Tomás de Aquino, menos favorable a la definición dogmática.1 La Monarquía Católica, sobre todo bajo los reinados de Felipe III (1598-1621) y Felipe IV (1621-1665), hizo de la causa inmaculista razón de estado y lábaro de hispanidad, frente a los príncipes protestantes, anglicanos y calvinistas, enemigos a un tiempo en el campo de batalla, en las cancillerías europeas y en los enconados debates universitarios que se sucedieron.2

La sociedad hispanoamericana, a un lado y otro del Atlántico, también en la península italiana, en los reinos de Nápoles y Sicilia, y en las Islas Filipinas, asumió la defensa de la Inmaculada como reliquia de eternidad y seguridad escatológica, que se manifestaba en público y en privado, en muestras populares de júbilo, como las que se constataron en Sevilla, Valencia, o Granada, también en forma de solemnes celebraciones litúrgicas más o menos autorizadas, y en devotas expresiones de fe en la intimidad del hogar.3 Buena parte de la producción artística y literaria de la Modernidad hispánica no se entendería sin el análisis del substrato inmaculista, en relación directa con la defensa de la presencia real de Cristo en la eucaristía. Cabría analizar el generoso comercio del arte y la literatura que recorrió los caminos de la vieja Europa católica y de las nacientes sociedades en Hispanoamérica y Filipinas. La historiografía, en este punto, resulta singularmente elocuente.4

Sobre esta línea interpretativa, este trabajo trata de analizar el problema desde una nueva perspectiva al incorporar una serie documental menos conocida por la comunidad científica en atención, sobre todo, a la dificultad del acceso a las fuentes, sin separarse, porque no podría, de los mencionados debates teológicos, políticos, sociales y culturales. A partir de algunos recursos diplomáticos, esta investigación se adentra en el análisis del inmaculismo hispánico de la Modernidad para identificar ciertos pormenores de sus protagonistas, agentes de la Iglesia y de la Monarquía Católica, tanto en Sevilla y en Madrid o Valladolid como, sobre todo, en Roma, que no pasaban habitualmente a los manuales de historia. Nos introducimos, según el concepto unamuniano, en la intrahistoria de los debates teológicos, políticos, sociales y culturales del siglo XVII español. En parte, es cierto, asumimos algunos postulados de la nueva microhistoria internacional, aunque con la libertad historiográfica de no tener que dar cuenta ante ninguna escuela de pensamiento concreta.

En definitiva, se trata de analizar el contenido y alcance de las once cartas que hemos transcrito en el anexo documental, depositadas en el archivo de la Embajada de España cerca de la Santa Sede, en Roma, que el jesuita Juan de Pineda (1557-1637), residente en Sevilla, remitió a lo largo de dieciocho largos años al clérigo sevillano Bernardo de Toro (1570-1643). Este residió en la corte de Felipe III, tanto en Valladolid como en Madrid, durante buena parte del año 1616. El 23 de diciembre, llegó a Roma en compañía del arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca (1573-1649), donde permaneció hasta su muerte, ocurrida in Urbe en 1643. El arcediano regresó a Sevilla a finales de 1624 o principios de 1625. Juan de Pineda permaneció in continuum en la capital hispalense hasta 1637, en que murió, sin haber alcanzado del papa la pretendida definición dogmática que ocupó, como ha señalado González Tornel (2024), buena parte de su compleja existencia.

2. Los interlocutores, Juan de Pineda y Bernardo de Toro

Juan de Pineda (1557-1637) fue el autor intelectual, y casi siempre también material, de las once cartas que nos conciernen y las remitió a Bernardo de Toro (1570-1643) entre 1616 y 1633 tanto a la corte de Madrid como, sobre todo, a la Sede Apostólica romana. Hasta 1624, las referencias al arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca (1573-1649) fueron constantes.5 Cuando este regresó a Sevilla, el padre Pineda trató de alentar al doctor Toro para que, a pesar de la soledad y de sus limitaciones materiales en Roma, venciera su deseo de volver a España sin haber completado la tarea que le había llevado a la corte pontificia en 1616.

El padre Pineda nació en Sevilla en 1557, donde asistió como externo al Colegio de la Compañía.6 Entre 1577 y 1581, estudió Teología en Córdoba. Antes, según la Ratio studiorum, habría estudiado tres años de Artes, probablemente también en Córdoba, ya como novicio jesuita. Luego pasó al Colegio de Granada, donde ejerció como profesor de Filosofía, entre 1581 y 1584. Permaneció en Cádiz dos años más, como maestro de Latinidad, y regresó a Sevilla, al Colegio de San Hermenegildo, entre 1586 y 1591. Después, de nuevo en Córdoba, fue profesor de Sagrada Escritura, entre 1591 y 1595, y luego en Sevilla, hasta 1600. También sabemos que colaboró en la puesta en marcha del Colegio Imperial en Madrid, a partir de 1629.

Algunas de sus predicaciones en Sevilla fueron singularmente solemnes, como la que dirigió con motivo de la muerte de Luisa de Carvajal en 1614 en el Colegio de los Ingleses. En 1603, acudió a Roma a la reunión de los procuradores, de donde regresó pertrechado de muchas reliquias que depositó en su colegio sevillano. En la capital andaluza, ejerció como prepósito entre 1610 y 1614 y rector de San Hermenegildo entre 1622 y 1625. Durante estos años, animó a algunos benefactores para que testaran en favor de esta casa. En 1612, Isabel Dávila y Francisco Pérez Dávila, sus cuñados, y sobrinos del padre Alonso de Ávila, dejaron sus bienes para construir la iglesia que pudo inaugurar en 1622. Pacheco (1881) lo inmortalizó en su obra Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones (González Polvillo, 2009-2010) poco antes de su muerte, que le alcanzó en Sevilla el 27 de enero de 1637.

Entre sus obras bíblicas, destaca el Comentario a Job, los pequeños comentarios sobre el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés, y un tratadito titulado De rebus Salominis regis. Sobre todo, después de 1603, Pineda se situó en el centro de los debates inmaculistas en Sevilla con un opúsculo de raíz bíblica en defensa de esta particular concesión a la Madre de Dios. Entre 1613 y 1617, ofreció a la imprenta algunas de sus impresiones, expresadas en los púlpitos de la ciudad, contra la pretensión de la Orden de Predicadores, que se mostró singularmente activa en su contra (Domínguez y Sánchez, 2010; Reyes, 2001). El decreto de 1617 por el que Paulo V prohibió que se predicase contra el misterio de la Inmaculada fue recibido en Sevilla como si de la definición dogmática se tratara. Su predicación en la catedral hispalense, el 8 de diciembre, ante el arzobispo Pedro de Castro, el conde de Salvatierra, Diego Sarmiento de Sotomayor, y los cabildos civil y eclesiástico fue seguida del voto inmaculista de la ciudad con grandes manifestaciones de júbilo (Perarnau, 2023; Sanz Serrano, 2008).

En su quehacer teológico, Pineda colaboró con el Catálogo de libros prohibidos y expurgados del inquisidor general, el cardenal Bernardo de Sandoval, de 1612. A partir de 1629, el cardenal Antonio Zapata le pidió que interviniese en la redacción del Novus index, publicado en 1632. Desde 1627, intervino en la causa de canonización de Fernando III el Santo, promovida por el arzobispo Diego de Guzmán. Junto a la petición que cursó a Felipe IV en 1630, redactó el Memorial de la excelente santidad y heroycas virtudes del señor rey don Fernando, tercero deste nombre, primero de Castilla, I de León, publicado en Sevilla (Pineda, 1627), integrado entre la documentación de la causa, y hoy depositado en la Sagrada Congregación de Ritos.

Su interlocutor principal, en este capítulo, fue el clérigo sevillano Bernardo de Toro, nacido en 1570.7 En 1602, ejercía como presbítero en la parroquia de La Magdalena y, en 1620, figuraba como titular de una capellanía en San Lorenzo. A causa de los conflictos inmaculistas en Sevilla, que se intensificaron entre 1613 y 1617, fue enviado, en 1615, a la corte de Felipe III en Valladolid y luego en Madrid, en compañía del arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca (1573-1649). El 26 de julio de 1615, partieron de Sevilla hacia Madrid, donde llegaron el 9 de agosto. Después de un breve receso, el día 11 prosiguieron hacia Valladolid para encontrarse con el rey el día 29.8 El 8 de septiembre, la corte se trasladó a Burgos y ellos la acompañaron durante las primeras semanas. Luego regresaron a Madrid, el 8 de noviembre. Felipe III hará lo propio el 12 de diciembre siguiente.

En enero de 1616, Bernardo de Toro y Mateo Vázquez de Leca mantuvieron una nueva audiencia con el rey y pudieron entregarle cierto memorial que, al cabo de los meses, el 4 de octubre siguiente, propició que el monarca escribiera a la Sede Apostólica con cartas de recomendación en su favor. El 15 de noviembre, Toro y Leca se pusieron en camino y alcanzaron la Urbe el 23 de diciembre. Bernardo de Toro permanecerá en Roma hasta su muerte, en 1643. Su tumba se conserva, todavía hoy, en la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat, en via di Monserrato, 115. El arcediano de Carmona, sin embargo, regresó a Madrid a finales de 1624 o principios de 1625. Sabemos que estaba en Sevilla el 12 de enero de 1625 y de nuevo en Madrid en junio de 1626. Según las cartas que recibió Bernardo de Toro, Vázquez de Leca estaba de vuelta en Sevilla en agosto de 1626, donde pronto se embarcó en nuevos cometidos, alejados en buena medida de la causa inmaculista.

3. Once cartas de Juan de Pineda. Sevilla, 1616-1633

Las cartas que nos ocupan fueron remitidas por Pineda, siempre desde Sevilla, cuando Toro se encontraba en Madrid, las cuatro primeras, entre el 1 de marzo y el 12 de septiembre de 1616; durante su estancia en Roma junto al arcediano de Carmona, dos más, fechadas el 17 de octubre de 1617; y después del regreso de Vázquez de Leca, las cinco últimas, entre el 12 de agosto de 1626 y el 24 de abril de 1633. Probablemente no fueron las únicas que recibió, pero sí las que Toro conservó en su archivo personal que, después de varios traslados, hoy custodia el archivo de la Embajada de España cerca de la Santa Sede, en Roma, inventariado parcialmente por Olarra (1954).

Nos detenemos a situar su contenido y a tratar de interpretar el centro de su interés. Resulta imprescindible acudir a la fuente directamente, trasladada en el anexo, que conserva, junto a la pequeña introducción diplomática, la riqueza expositiva del padre Pineda en la pretensión que, incansable, mantuvo durante décadas. La causa de la Inmaculada en la Modernidad española, a un tiempo problema teológico, asunto de estado, expresión social y recurso cultural, se convirtió, en este punto, en razón existencial de su vida y motor que, a tiempo y a destiempo, expresó, en directo y por escrito, en los lugares que le acogieron, al menos, que nos conste, en Sevilla, Córdoba, Granada, Cádiz, Madrid y Roma.

3.1. Algunas dificultades, la congregación de la Granada y las cartas de Felipe III de 1616

El 1 de marzo de 1616, Juan de Pineda escribió a Bernardo de Toro, que residía en Madrid, junto a Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, desde el 8 de noviembre de 1615.9 Respondía a una anterior, del 16 de febrero, en la que Toro le trasladaba buenas noticias de la corte (Martínez Medina, 2017). Las gestiones encomendadas por la Iglesia de Sevilla parecían encaminarse, a pesar de la carta que había redactado, contra sus intereses, el nuncio Antonio Caetani. Entre otras actuaciones, Pineda explicó que, por sugerencia del arzobispo Diego de Guzmán, había redactado un memorial y lo había remitido a la corte “para obuiar inconuenientes” 10 y reticencias de Felipe III y sus consejeros. “Mucho deseo saber el despacho si lo ay del memorial presentado a su magestad y si pone la mano en algo el señor cardenal de Trexo”, le indicó, por encontrar allí el apoyo que no tenía en Sevilla. Las dificultades contra la causa recorrían toda Andalucía. Aquel ímpetu se mostraba “aún más pertinaz (…) en Jaén, Osuna y en Coímbra, y otras partes de Portugal, a donde an llegado las sátiras de Seuilla y otras nueuas que con el tiempo a compuesto la inuidia y malicia”.

En esta expresión de agradecimiento, afecto y confianza, Pineda se refirió a un capítulo muy significativo de la Sevilla del Quinientos. En su desesperación por las dificultades, dijo encontrar consuelo en la memoria de sus maestros, en “el auer sido hijo del buen padre Rodrigo Áluarez, con quien hize confessión general y por cuya mano y consejo me recibieron en la Compañía. Me dio los exercicios”, añadió y, “el tiempo que después le alcancé, le tuue como a padre y me trató como a hijo”. “Aunque es uerdad”, completó, “a todo esto precedió y ayudó el buen padre Hernando de Mata, con quien tuue muy estrecha amistad antes de entrar en la Compañía”. No es probable que esta muestra de fidelidad resultara novedosa en la mente de Bernardo de Toro, pero parece que Pineda quiso reiterar aquella adhesión a la causa que, durante años, mantuvo la Congregación de la Granada en la capital hispalense.11

El 21 de junio de 1616, Juan de Pineda volvió a escribir, de nuevo en respuesta a dos cartas que dijo haber recibido de Toro a lo largo de aquellos cuatro meses, “ambas de muy gran consuelo” y expresión del “gran fervor y diligencia” que mostraba el agente de la causa en la corte de Felipe III.12 Las dificultades con el nuncio Caetani se habían incrementado en aquella hora porque había “informado y escrito a Roma” que se había “alborotado y amotinado España”. En defensa de la causa, entendía Pineda que, junto al arcediano de Carmona, habrían “aprovechádose de amigos y valedores”.

Entre otros, sugería que recurriese al “padre general de san Françisco y estos señores prelados y, si vuestra merçed pudiese, sacar carta de la señora infanta para el señor cardenal Borxa”, con el ánimo de contrarrestar “las falsas calumnias que se an opuesto a esse tratado” que había tenido ocasión de escribir. Para abundar en la defensa de la Inmaculada, reiteraba sus razones en un nuevo pliego con que acompañaba la carta con “las respuestas a las opossiciones que se hazen porque en ocasiones se puedan mostrar y aun hazer copiar, si pareçiere bien”. Anclado en Sevilla, amenazado por una salud quebradiza, Pineda no cejó en el intento y agudizó el ingenio teológico para contrarrestar las animadversiones de los tomistas.

Pronto quedó patente la necesidad de acudir a la Sede Apostólica para asegurar la defensa de la causa. La primera propuesta preveía que el obispo Juan de la Sal y Aguilar, titular de Bona, la antigua Hipona, auxiliar de Sevilla, fuera el encargado de sostenerla.13 Y dio sus razones.14 La realidad es que, a pesar de que lo había “pensado y encomendádolo a nuestro Señor”, la propuesta no prosperó. En su lugar, después de diversas negociaciones, parcialmente descritas en la documentación, Felipe III determinó que Bernardo de Toro y Mateo Vázquez de Leca, junto a su confesor, el padre benedictino Plácido Tossantos, fueran los enviados a la corte de Paulo V para un negocio que se había convertido ya en causa y razón de estado (Martínez Medina, 2017). Este tránsito motivó dos nuevas cartas, que también conservamos completas.

El 2 de agosto de 1616, Pineda constató las noticias esperanzadoras que le llegaban de Madrid.15 Aunque “no quiso su magestad que fuera la petición”, recordó que Felipe III “dixo a uestra merçed que ampararía esta causa para que nadie me inquietase”. Sobre las posibles cartas de apoyo, insistió en que “la de su magestad se negocie, que es la que importa; porque en Roma, quando su magestad lo desea, solo obra el confessor y el señor nuncio”. No esperaba ya la de la infanta, en quien tenía depositada “mucha fiuzia; pero parece que no quiere nuestro Señor que la tengamos, sino en el cielo”.

El 12 de septiembre, sin embargo, no se mostraba tan optimista.16 “Señor, esta escriuo en pie y cierto con disgusto”, expresó Pineda en una nueva misiva remitida a Bernardo de Toro a la corte madrileña, porque, continuó, “auiendo tanto material para hazer informaçión y informaciones, no ay remedio de haber nada con este”. Y completó: “No puedo más. Y, en verdad, que no me duermo en estas cosas. Ni aun ay a ratos conmodidad de respirar”. Parece que sostuvo una pequeña lucha, también personal, por las dificultades que le acosaban en Sevilla (Campese Gallego, 2012; Reyes, 2001). Sin embargo, era consciente de que algo había cambiado en Madrid: “Dízenme que su magestad está más dentro del caso que nunca”.

En efecto, este apoyo se concretó poco después en las siete cartas que el rey firmó entre el 4 y el 10 de octubre de 1616.17 El día 10, Felipe III escribió directamente al papa Paulo V para recomendar a su confesor, el padre Tossantos, al que enviaba “a essa corte a los negocios que de su relación entenderá vuestra beatitud”.18 Ese mismo día, firmó un texto dirigido al cardenal Gaspar de Borja en el que le encargaba que atendiera a su legado ad causam;19 y otro al cardenal Scipione Borghese, con las mismas peticiones.20 El día 4 anterior, había remitido una carta a Bernardo de Toro y al arcediano de Carmona para embarcarles en una misión que, en el primer caso, le llevaría de por vida a la corte pontificia.21 El mismo día 4, había escrito al arzobispo y al cabildo de la catedral de Sevilla para explicar algunos pormenores del envío. En el primer caso, indicó al prelado que había mandado dar carta para que su “embaxador en Roma fauorezca al arcediano de Carmona y licenciado Bernardo de Toro, que se han dispuesto a ir por sus personas a proseguir lo que uos y vuestro cabildo tan exemplarmente auéis començado”.22 Al cabildo de Sevilla, indicó que, “por la gran deuoción” que tenía a “la Virgen, nuestra señora”, había “holgado entender las veras con que” trataban “de su puríssima concepción”, por lo que les daba las gracias porque todo era “muy conforme” a lo que de ellos se podía esperar. Luego añadió que “al arcediano de Carmona y licenciado Bernardo de Toro, que van a Roma a este negocio”, había mandado dar carta para que su “embaxador los assista y ayude, honrre y fauoresca”. El rey quiso avisarles para lo que tuvieran menester porque, les insistió, “prosiguen lo que uosotros tan piamente començastes”.23

3.2. El breve de Paulo V de 12 de septiembre de 1617

La actuación ante la Sede Apostólica del licenciado Bernardo de Toro, del padre Plácido Tossantos, benedictino, y del arcediano de Carmona, Mateo Vázquez de Leca, alcanzó un primer y casi instantáneo éxito eclesial y teológico. El 31 de agosto de 1617, en la congregación general de la Inquisición que se celebró en el palacio del Monte Quirinal, en Roma, “después de largo y maduro examen”, según la traducción que se difundió por toda la Monarquía Hispánica, el papa Paulo V aprobó el decreto por el que se prohibía predicar contra la inmaculada concepción de la Virgen María, redactado en forma de breve y publicado en las puertas de San Pedro el 12 de septiembre siguiente. A la espera de que la Iglesia pudiese determinar con más claridad el pretendido dogma inmaculista, el papa mandó que no se atrevieran “a affirmar en públicos sermones, liciones, conclusiones y qualesquiera otros actos públicos que la misma beatíssima Virgen fue concebida con peccado original” (Martínez Medina, 2017; Paulo V, 1754). La causa de la Inmaculada leyó este documento como una victoria casi definitiva contra las pretensiones tomistas y lo celebró con singular alboroto en las calles y con solemnes declaraciones y juramentos en ayuntamientos y universidades de toda la Monarquía Católica.24

El 20 de septiembre de 1617, Bernardo de Toro escribió a Juan de Pineda para adelantarle la “nueua del decreto de su santidad”. El 17 de octubre siguiente, Pineda dejaba constancia en dos cartas de los “efectos que a causado” en Sevilla, no “solo en los coraçones de los fieles, más aún en las piedras insensibles que se ríen y regozijan”. En el primer envío, en respuesta a Toro, aunque arrebatado todavía por la emoción, dejaba constancia del camino que todavía faltaba por recorrer. La alegría del breve sería para el papa “señal y aprobación del cielo” y, sobre todo, “nueuo motiuo para proseguir en la misma causa y demanda hasta dexarla concluyda y asentada en la Iglesia”.25

Pineda era consciente del paso del tiempo, que retenía al doctor Toro en Roma desde el 23 de diciembre anterior, con dejación de sus tareas en Sevilla que, como sabemos, nunca retomará. Le pidió expresamente que no se le pasara “por pensamiento mudarse del lugar donde está un paso ni un momento, sino a pie quedo como bueno y confidente sieruo de la Madre de Dios”. También era consciente de que el breve solo prohibía la pública expresión contra la Inmaculada, pero no otras manifestaciones contrarias para las que tenían que prepararse. “Auemos de tener nueuas escaramuças sobre la intelligencia del breue”, le recordó a Toro “sobre las conuersaciones, que no son actos públicos, y sobre mil otras menudencias, que la tenca y la poca deuoción y la honrra humana inuentará. Las quales jamás se acabarán si no es con definición”, que tardará en llegar todavía más de dos siglos.26

El mismo día 17 de octubre de 1617, Pineda había escrito a un anónimo padre de Madrid cuya copia, como él mismo aclaró, adjuntó a la carta remitida a Bernardo de Toro.27 Las muestras de aprobación no dejaban lugar a dudas de la acogida que el “decreto de su santidad en materia de la Concepción” había tenido en el pueblo.

Poco después de que llegara la noticia a Sevilla, “a las 7, estaua toda la ciudad aluoroçada”. Luego detalló: “En la plaça de San Francisco, más de tres mill luces;” y, también, “la calle de Génoua no se podía passar de gente y de gritería: sin peccado original. Y la calle de la Sierpe, hasta nuestro collegio, juntáronse exércitos de muchachos, apellidando: sin peccado original”. Más adelante, completó: “Los padres de San Francisco auían, en su compás, echo candeladas. Y en la plaça”. Entonces, sacaron “vn estandarte de la Concepción, parte a pie, parte a cauallo, con trompetas y chirimías, y pretales de cascaueles. Dizen que serían más de mil hombres (…) no cantando, sino a gritos: sin peccado original, que lo manda el papa”. Incluso, le pareció que algunos habían perdido la compostura hasta el punto en que, una vez redactada la carta, se decidió por tachar lo que consideraba un exceso.28

“No he uisto jamás fiesta más uniuersal porque la hizieron también los padres dominicos”, afirmó en una carta singularmente expresiva. Al final, en cualquier caso, no dejó de trasladar una nota de prudencia porque entendió perfectamente que “esto que su santidad a ordenado” no es más que “vn ínterim” o “vn acto interlocutorio”, recibido, eso sí, “con tanto regocijo y demonstraciones”. Constató, además, que, “estando dudoso el arçobispo y deseoso de más certificación, le llega la carta de Roma de don Matheo y del doctor Bernardo de Toro” y mandó que, “en dando las doce, que es la hora de maitenes”, replicara “la yglesia mayor, que lo hizo alegrísimamente”. No cabe duda de la estrecha relación que el arzobispo Castro mantenía con los dos agentes “de la Concepción por su magestad en Roma”, como venían dirigidas las cartas.29

Después se hizo el silencio durante nueve largos años. Después de las dos cartas del 17 de octubre de 1617 no volvemos a tener noticias de Juan de Pineda en el archivo de Bernardo de Toro hasta el 12 de agosto de 1626. Para entonces, Mateo Vázquez de Leca ya había regresado a Sevilla. En junio de 1626, le escribió desde Madrid y, en agosto, otra vez desde Sevilla. Esta relación, sin duda, entraña un nuevo interés, un nuevo eje de interpretación de la causa inmaculista que habría que analizar.30 Toro quedó solo en Roma después de 1624, lo que no dejó de inquietar a Juan de Pineda hasta el final.

3.3. La necesidad de mantener la causa en Roma, a pesar de las dificultades, en 1626

En 1626, Juan de Pineda escribió al menos dos veces a Bernardo de Toro, fundamentalmente con un solo motivo: sostener su ánimo en la soledad romana en una dilación pontificia que ninguno alcanzaba a comprender. La muerte de Felipe III y del arzobispo Pedro de Castro, el 31 de marzo de 1621 y el 20 de diciembre de 1623, respectivamente, introdujo el proceso inmaculista en un sombrío escenario con un apoyo aparentemente menos decidido en las personas de Felipe IV (Pérez Camarma, 2017) y de los sucesivos arzobispos Luis Fernández de Córdoba (1624-1625) y el cardenal Diego de Guzmán (1625-1631). Mateo Vázquez de Leca regresó a España a finales de 1624 o principios de 1625 y ahondó en aquella soledad que Toro vivió sin solución de continuidad hasta su propia desaparición, en 1643.

El 12 de agosto de 1626, Pineda respondió a una carta de Toro fechada en Roma el 17 de junio anterior. El texto, que llegó a la Urbe el 27 de noviembre, tuvo respuesta, a su vez, el 15 de diciembre siguiente. Los plazos, como vemos, son singularmente largos y convierten cualquier comunicación, en sí misma, en un particular ejercicio de paciencia. Ya desde el principio expresó su alegría por recibir noticias de la Sede Apostólica al tiempo que traslucía una cierta decepción de quien “con tanta razón desea y a deseado y esperado, no vanamente, muy diferentes sucesos”.31 La pretendida declaración del dogma de la Inmaculada no llegaba, a pesar de que, después de 1617, todo parecía haberse precipitado favorablemente: “¿quién pudiera pensar otra cosa, auiendo sido los principios y progressos tan unos?”.

Pineda reiteró de varias formas la clave de esta carta: “de ninguna suerte ni en ningún acontecimiento deuiera vuestra merced hazer mudança de donde está, porque ni a su persona de vuestra merced conuenía (…) ni esta ua bien para la causa y pretensión principal”. El regreso de Leca, con quien dijo haberse visto “dos o tres veces”, causó ciertas molestias en la causa y un evidente desamparo.32 Y, “mientras en Madrid no se dexa del todo este negocio, ni su magestad lo desampara, es simpliciter necessario auer en esa corte agente y correspondiente a quien su magestad acredite y el qual mutuo solicite y auise a su magestad”.33

En su carta del 17 de junio de 1626, Bernardo de Toro había trasladado a Juan de Pineda que sus condiciones materiales en Roma se habían deteriorado y que no contaba con los bienes necesarios para sostenerse. Los días del apoyo decidido de Felipe III y el arzobispo Castro habían pasado. Poco después, en dos nuevos envíos, el último de finales de agosto, insistió en aclarar sus dificultades a lo que el jesuita trató de responder, con fecha del 18 de octubre siguiente. El 31 de diciembre de 1626, Toro contestó a Pineda en un mensaje que no hemos localizado y, de nuevo, se hizo el silencio de la comunicación durante años.

El 18 de octubre de 1626, por tanto, Juan de Pineda escribió al “agente de la causa de la Concepción”, en Roma, para reiterar su malestar “por la venida del compañero”,34 aunque, en una cierta conformidad con la situación, tal vez por no desanimar más a un ya desangelado procurador romano, convino en que “no auemos de señalarle a Dios los plazos y coyunturas de sus obras, pues hasta los momentos los tiene pensados y pesados con el peso y fiel de su prouidencia y sabiduría”. Y, frente a las acuciantes necesidades de Toro en Roma, completó que, aunque “por esta parte, me pesa el desmayo y desconfiança del dicho”, por otra parte, “siento no sé qué consuelo y nueuo aliento, pareciéndome que no quiere Dios por ventura dignidades, ni millares de rentas, ni siquiera tantos agentes, bastando uno, más pobre y de menos ostentación, con que tenga más ánimo y confiança y perseuerancia”.

Parece evidente el desamparo de Toro en la Urbe y también la empatía que, en su incapacidad para remediarlo, quiso expresar Pineda desde Sevilla. En cualquier caso, la insistencia era siempre la misma: “viniendo a lo particular, digo, señor, lo primero que fuera un intolerable yerro pensar de hazer vuestra merced qualquier género de mudança de lugar y ocupación en que está y para estarse aý a pie quedo ay muchas razones conuincentes diuinas y humanas”, que, con poco éxito, se comprometió a corregir.35

3.4. Fernando III, el Novus index de 1632 y algunas dejaciones de la causa inmaculista

Las tres últimas cartas de Juan de Pineda, de las docenas de textos que Bernardo de Toro conservó en su archivo personal durante su larga estancia en Sede Apostólica (Olarra y Garmendia, 1954), son sobre todo la muestra definitiva de que la causa inmaculista, asumida por la Monarquía Católica con cierta decisión en 1616, no iba a concluirse en vida de sus iniciales protagonistas.

El 23 de agosto de 1628, sin mencionar el proceso de la Inmaculada, Pineda dejó constancia de un nuevo encargo, recién asumido: la causa del “santo rrey don Fernando”, que había puesto en marcha, poco tiempo atrás, el cabildo de Sevilla. Ante la junta de los “cardenales, presidentes de Castilla y de Inquisición”, y en carta a Felipe IV, sugirió que fuera el doctor Toro el que procurase la causa en Roma, para la que debía esperar indicaciones.36

El 1 de octubre de 1631, más de tres años después de la anterior, en respuesta a una nueva expresión de desamparo de Bernardo de Toro, el padre Pineda no hizo sino constatar que, iniciada la causa del santo rey, también en esta sentía la dejación de los actores y promotores, el cabildo de Sevilla, en sede vacante desde la muerte del arzobispo Diego de Guzmán, el 21 de enero anterior, y el rey Felipe IV (Pérez Camarma, 2017), descendiente directo del conquistador de la ciudad, que parecía haber descuidado su personal compromiso con este proceso canónico.37

Vázquez de Leca había comenzado la investigación canónica sobre Fernando de Contreras (1470-1548), lo que, en su desagrado, provocó un juicio singularmente cáustico del padre Pineda.38 Tampoco encontraba el apoyo del cabildo que, después de embarcarles en una nueva empresa, se mostraba reacio y “con mill inquietudes y otros gastos extraordinarios y muy oluidados de los que, por ventura, más importan al bien público”. Si quedaba alguna esperanza en la obra de Pineda, también él se excusó, ocupado como estaba “con este gran expurgatorio del Consejo Supremo”, del que pensaba terminar, no para volver a la Inmaculada, sino “para gozar de un poco de libertad y mirar al cielo con desahogo y prepararme para dar cuenta al juez de todos”. El único agarre que le ofrecía en aquella dejación colectiva era el de cierto Francisco González, penitenciero, “muy deuoto de la Madre de Dios, concebida sin pecado original”.

El 12 de febrero de 1633, tenemos documentada la última carta de Bernardo de Toro a Juan de Pineda, que este respondió el 24 de abril siguiente.39 El jesuita había empleado buena parte del año en la redacción del Novus index librorum prohibitorum et expurgatorum, publicado en 1632, y en aclarar algunas dudas suscitadas en el Consejo de la Inquisición. Tampoco le ocupaba ya el proceso de Fernando III, “por faltarme todo lo que en la primera tuue de ayuda y personas y cosas que por ventura fuera mayor que el primero, por auerse interrumpido y dexado una vez de la mano”. Solo deseaba, ya con mano ajena, por la dificultad física que arrastraba, que “vuestra merced lo concluya, vea y goze”, como confiaba.

4. Conclusión

En definitiva, la documentación que hemos analizado en este trabajo, con acceso directo en el anexo que sigue, permite comprender desde el interior parte del entramado teológico, político, social y cultural que sustentó la causa inmaculista en la Monarquía Hispánica durante los siglos XVI y XVII. La defensa de la Inmaculada se consolidó como un verdadero programa de identidad colectiva, donde convergieron intereses teológicos y espirituales con aspiraciones políticas y estrategias diplomáticas, donde las manifestaciones sociales se imbricaron con expresiones culturales, artísticas y literarias de diversa índole. El análisis de las cartas enviadas por el jesuita Juan de Pineda al maestro Bernardo de Toro entre 1616 y 1633, desde Sevilla a Madrid y, sobre todo, a Roma, permite reconstruir la intrahistoria de un episodio singular dentro de esta compleja empresa nacional.

La causa inmaculista estuvo marcada por intensos debates doctrinales que involucraron a prelados y teólogos de diversos ámbitos y jurisdicciones, universidades y conventos, parroquias y catedrales, curias diocesanas y consejos de reyes y pontífices. Las tensiones entre los defensores de la doctrina y los llamados tomistas, especialmente vinculados a la Orden de Predicadores, trascendieron los espacios académicos para instalarse en la esfera pública. En este contexto, Juan de Pineda se distinguió como un teólogo comprometido no solo con la defensa de la doctrina, sino también con su articulación institucional y pastoral. Sus cartas reflejan, a un tiempo, la solidez de sus fundamentos teológicos y la conciencia de participar en un proyecto eclesial, también nacional, de largo alcance.

La Monarquía Católica desempeñó un papel fundamental en la promoción de la causa. Felipe III y Felipe IV asumieron el inmaculismo como cuestión de estado y lo vincularon a la identidad hispánica y a la defensa de la ortodoxia frente al protestantismo europeo. Avalaron la propuesta ante la Santa Sede y enviaron a Roma cartas de recomendación y agentes que sostuvieran la petición. La devoción mariana se entrelazó, entonces, con la afirmación de un discurso hegemónico de catolicidad, liderado por la Monarquía Hispánica en todos sus territorios.

Bernardo de Toro y Mateo Vázquez de Leca resultaron esenciales para sostener la causa ante la curia pontificia. Las cartas de Juan de Pineda revelan la dimensión humana de esta labor. El sacrificio, la incertidumbre y las dificultades económicas acompañaron a Toro en su soledad romana después de 1624. La correspondencia, cargada de expresiones de exhortación y consuelo, demuestra que los vínculos personales fueron importantes para mantener viva una empresa compleja, que combinó a un tiempo construcción institucional y convicciones íntimas, que puso en activo los resortes de la Monarquía Católica junto a la confesión de una fe comprometida eclesial y personal.

La recepción popular del inmaculismo constituye otro eje relevante de nuestra conclusión. Las celebraciones que se constataron en Sevilla, Valencia o Granada tras el breve de Paulo V de 1617 evidencian la apropiación social y festiva del misterio mariano. Cofradías, órdenes religiosas y autoridades civiles contribuyeron a una expresión pública de júbilo que reforzó el vínculo entre fe, comunidad y monarquía. La Inmaculada se convirtió en un elemento de cohesión social y signo identitario del mundo hispánico de la Modernidad.

El breve de Paulo V no proclamaba el dogma, pero reconocía la legitimidad de la postura inmaculista y supuso el freno de la predicación contraria. La reacción española fue inmediata y entusiasta, interpretando el decreto como una victoria espiritual y política, aunque con la conciencia de que se trataba de un triunfo provisional. Esta tensión entre el éxito parcial y la aspiración definitiva acompañó todo el proceso, marcado por cambios en la corte y la pérdida de figuras clave, que generó desaliento e incertidumbre. En este contexto, las cartas de Juan de Pineda a Bernardo de Toro adquirieron una nueva dimensión en el sostenimiento espiritual y estratégico del maestro romano, insistiendo en la necesaria continuidad del proyecto como virtud a un tiempo humana, social, política y teológica.

Desde el punto de vista historiográfico, la serie epistolar ofrece una perspectiva microhistórica que complementa, desde un nuevo marco interpretativo, los grandes relatos doctrinales y políticos. Permite acceder a emociones, percepciones y estrategias de los protagonistas, revelando la intrahistoria del inmaculismo como una trama viva, tejida por sujetos conscientes de formar parte de una empresa mayor.

Este trabajo confirma que la causa de la Inmaculada actuó como catalizador de múltiples dinámicas históricas: fue elemento teológico y doctrinal, recurso político y diplomático, seña de identidad colectiva y motor cultural, artístico y literario de largo alcance. La correspondencia entre Pineda y Toro reconstruye con riqueza de matices el entramado de actores, estrategias y circunstancias que sostuvieron la defensa durante décadas. Aunque la definición dogmática no llegaría hasta 1854, el camino fue preparado durante siglos.

La obra de los agentes de la Iglesia de Sevilla y de la Monarquía Hispánica no se perdió; al contrario, facilitó la resolución de problemas teológicos, consolidó la intervención de la Monarquía Católica, canalizó expresiones sociales de devoción y generó un legado cultural que pobló iglesias y catedrales y, también, archivos y bibliotecas de todos los territorios de la península ibérica, también de Portugal, de la península italiana, sobre todo en los reinos meridionales, y de los nuevos estados en Hispanoamérica y Filipinas, que no quedaron al margen de esta empresa nacional.

La canonización equipolente de Fernando III en 1671 y la proclamación del dogma en 1854 constituyeron la culminación de procesos cuya preparación se hallaba ya en la labor de Pineda, de Toro y de otros protagonistas de la época. La proclamación del patronazgo de la Inmaculada sobre los territorios hispánicos en 1644 y la proliferación de su representación visual confirmaron la consolidación de una señal capaz de articular fe, identidad y poder. La lectura de estas cartas evidencia que el inmaculismo, en la Modernidad hispánica, fue un fenómeno total, capaz de integrar teología, política, devoción popular y expresión cultural en un mismo horizonte de sentido. La documentación ilumina los resquicios de esta intrahistoria y reivindica el protagonismo de los agentes que la generaron en la configuración de una de las señas espirituales propias y permanentes del mundo hispánico, peninsular e hispanoamericano.

5. Documentación40

1

1616, marzo 1. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que se encuentra de paso en Madrid desde el 9 de agosto de 1615, para agradecerle la carta que ha recibido el día 16 de febrero de 1616 en la que le traslada algunas noticias sobre la causa de la Inmaculada. Le agradece su trabajo en la corte de Felipe III junto a Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona. Expresa las dificultades que está enfrentando en Sevilla y, por extensión, en Jaén, Osuna, Coímbra y otras partes de Portugal; y el apoyo que ha tenido en su vida de los padres Rodrigo Álvarez y Hernando de Mata, de la Congregación de la Granada. También se refiere al memorial que ha redactado para presentar al rey con el ánimo de que pueda asumir como propia la causa de la Inmaculada y como razón de estado de la Monarquía Católica.

AEECSS, leg. 435, 27r-27v.

(Cruz) Alabado sea el Santísimo Sacramento y la immaculada concepción de la Madre de Dios, sin mancha ni deuda del pecado original.

En verdad, señor, que estoy muy agradecido a la merçed que vuestra merçed me hizo con la suya de 16 del pasado y con la mucha y buena materia que con ella vuestra merçed me a dado de alegría y consuelo. Que lo pague nuestro Señor y, a vuestra merçed, con el señor arcediano, salud y fuerças para proseguir y perfeccionar lo que an començado tan a gloria de Dios y acrecentamiento de la deuoción y feruor de todos los buenos, como yo confío de la diuina bondad dará i conseruará, et qui dedit velle dabit et perficet, ni me puedo persuadir que aya Dios de dexar esta obra en otro estado que el que deseamos, puesta ya su claue con las de la santa Iglesia y de san Pedro.

Poco podemos por acá, si no es con deseos, aunque estos días todauía a dado en qué pensar la carta del señor nuncio sobre esta nueua publicación de los motus proprios sobre que tanbién escriuió a los superiores de las rreligiones. Diome de ello noticia el señor arçobispo, miércoles después de ida la estafeta, por que quiso una semana más para la deliberación de lo que conuiniese. Y yo le pedí aquella noche para pensarlo y luego, día de san Mathías, por la mañana, le representé que hiziese a la tarde consulta de pocos y no tan abierta como otras uezes, como se hizo.

Y, entre otras diligencias y remedios para obuiar inconuenientes (de que no dudo, sino que escriurá su illustrísima y el señor prouisor) hize un memorial que creo ua allá y propuse que se hiziese la información de quietud y ninguna necesidad de la tal publicación que creo tanbién ua buena. Y su conde de vuestra merçed dixo bien su dicho a que le animó y informó de que assí lo deuía dezir el padre Diego Granado.

Y si, de los successos pasados, auemos de pronosticar para los futuros, de esto y de todo lo que pueda, mucho deuemos confiar de la Diuina Prouicencia que prosperarán nuestras humanas diligencias, que sin duda quiere nuestro Señor que no falten, porque las en contra son increýbles, y más encarecida la rabia que contra esta empresa y contra la Compañía muestran los que la tienen (27v) por afrenta suya. Aún más pertinaz se muestra oy este ímpetu en Jaén, Osuna y en Coímbra y otras partes de Portugal a donde an llegado todas las sátyras de Seuilla y otras nueuas que con el tiempo a compuesto la inuidia y malicia. Dios, nuestro Señor, con su Espíritu, las conuierta en bien y en caridad ut uno ore honorificemus eum et eius matrem.

Es assí señor que estimo por muy gran merçed de nuestro Señor el auer sido hijo del buen padre Rodrigo Áluarez, con quien hize confessión general y por cuya mano y consejo me recibieron en la Compañía. Me dio los exercicios y, el tiempo que después le alcancé, le tuue como a padre y me trató como a hijo. Aunque es uerdad a todo esto precedió y ayudó el buen padre Hernando de Mata, con quien tuue muy estrecha amistad antes de entrar en la Compañía, siendo él el que últimamente y únicamente me lo persuadió con cierta hastuzia artificiosa que nos pasó. Dios Nuestro Señor se lo aurá pagado con otras tan santas obras de caridad y feruor del cielo que siempre hazía y estará rogando a nuestro Señor para que me aproueche mejor de la merçed que Dios me hizo por su medio.

Mucho deseo saber el despacho si lo ay del memorial presentado a su magestad y si pone la mano en algo el señor cardenal de Trexo que no dudo sino que, en lo que la tuuiere, ayudará mas que no el que vuestra merçed dize que tienen muy de su parte y, de qualquiera manera, Dios, sobre todo.

Él guarde a vuestra merçed muchos años con gran augmento de sus diuinos dones y pido la memoria de este sieruo en sus santos sacrificios y oraciones.

Seuilla, 1 de marzo de 616.

Joan de Pineda.

2

1616, junio 21. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que se encuentra de paso en Madrid desde el 9 de agosto de 1615, para agradecerle dos cartas en la que este le traslada algunas noticias sobre la causa de la Inmaculada. Expresa las dificultades que está encontrando en Antonio Caetani, arzobispo de Capua, nuncio apostólico en España. Entiende que tanto él como Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, de la congregación de la Granada, habrán tenido ocasión de contrarrestar la carta que el diplomático ha enviado a la Sede Apostólica con noticias alarmantes sobre la situación en España. Ha redactado en otro documento, que también remite, algunas indicaciones para contestar a las posibles animadversiones en la corte de Felipe III. Recomienda que Juan de la Sal y Aguilar, obispo titular de Bona, auxiliar de Sevilla, sea enviado a Roma como procurador para sostener la causa.

AEECSS, leg. 435, 63r-63v.

(Cruz) Alabado41 sea el Santísimo Sacramento y la immaculada concepción de la Virgen, nuestra señora.

Digo señor y padre mío que debo respuesta a dos de vuestra merçed, ambas de muy gran consuelo y buenas muestras del gran fervor y diligencia que nuestro Señor a comunicado a vuestra merçed para el mayor seruicio de Dios, nuestro Señor, y de su santíssima madre, que guarden y guardarán a vuestra merçed para el mismo muchos años.

Tenía mucho que escribir a vuestra merçed y hállome falto de salud, obligado a usar de mano agena, y le certifico a vuestra merçed que no es de aver gastado el tiempo oçioso, aunque podría ser que sin provecho. Pido a nuestro Señor se sirva de algo por su misericordia.

Sé que el señor nunçio persigue en lo començado contra aquel nuestro trabajuelo y a informado y escrito a Roma que se a alborotado y amotinado España, cosa, cierto, digna de admiraçión o de risa, lo que más vuestra merçed fuere seruido. Bien entiendo que, sin pedirlo yo, aurán vuestra merçed y el señor don Matheo aprovechádose de amigos y valedores pues, sin esto, va no solo causa particular, que de esa no hago caso, sino la común de todos los buenos que, estaba por decir, que de todos los doctos, exceptis exçipiendis.

Bien será menester que ayuden el padre general de san Françisco y estos señores prelados y, si vuestra merçed pudiese, sacar carta de la señora infanta para el señor cardenal Borxa y capat desengañando de las falsas calumnias que se an opuesto a esse tratado y apoyando lo bueno de él y desengañando de que no a causado daño, sino aplauso y consuelo, sería de mucha importancia y aun cartas también de algunos grandes y señores para lo mismo porque esto servirá para la causa uniuersal.

Embío a vuestra merçed más en forma un papel de las respuestas a las opossiciones que se hazen porque en ocasiones se puedan mostrar y aun hazer copiar, si pareçiere bien. Y si se ofreçiese ocasión, gustaría vuestra merçed lo comunicase con el padre Pedro de la Paz, a quien escribo sobre lo mismo.

Después de auerlo pensado y encomendádolo a nuestro Señor, me a pareçido representar a vuestra merçed y al señor arzediano por sujeto omni (63v) excepcional maior para ser embiado por su magestad a Roma por la diligençia y soliçitud con su santidad en estas materias, el obispo don Juan de la Sal.

Lo primero, por la gran afiçión que tiene a la materia; lo segundo, por la gran inteligencia que tiene de cossas de Roma de negozios y trato de cardenales; tercero, porque su santidad le conoce y le a hecho merçedes y favor antes y después de pontífice; cuarto, por la noticia excelente de la lengua italiana, lo que le haze más agradable y fácil; quinto, por la estrecha amistad que tiene con muchos cardenales, assí los españoles como otros italianos; sexto, por la estrella que tiene y feliçidad en qualquiera cosa en que pone la mano; séptimo, por tener ya noticia su magestad, y el señor duque de Lerma, y otros personajes de esa corte, de su persona y diligencia y auer estado por en otra ocasión assí señalado por su magestad para otro negozio muy graue en Roma; ocho, por la dignidad de obispo, que en Roma no se estima menos por ser de anillo antes tiene su antigüedad entre los demás obispos, aunque no sean de anillo; nueve, porque para semejante empresa no le hará estoruo ni contradiçión el señor arçobispo; diez, porque, conforme a la condiçión i ingenio del hombre y prendas que de esto tengo, pienso que tomará el negozio aficionadíssimamente y porná todo su esfuerço y honrra en la buena conclusión de él.

Razones son de importançia que se pueden pensar y comunicar con el señor obispo de Cuenca y otros personajes, de así buelbo a dezir que es el sujeto más fáçil, más cumplido para el caso que por ventura se podrá hallar, aunque se den çien bueltas.

Largo e sido para lo que pensaba y no pueda ser tanto como quisiera. Guardemos lo demás para otra ocasión, que nuestro Señor dará fuerças. Él guarde a vuestra merçed con aumento de sus dones. Al señor arzediano, beso las manos y porque de esta parte su merçed no le quiero cargar con escrebir a parte.

Seuilla y junio 21 de 1616.

Joan de Pineda.

3

1616, agosto 2. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que se encuentra de paso en Madrid desde el 9 de agosto de 1615, junto a Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, y le indica que le ha escrito otra carta a través del padre Gabriel de Castilla, también jesuita, con quien pide que hable. Le explica que Felipe III, que antes se había mostrado reacio, se encuentra más inclinado a pedir a Roma que se estudie la causa de la inmaculada concepción de la Virgen María, solicitud que se debe negociar con especial interés. Se compromete a abordar la materia con Pedro de Castro y Quiñones, arzobispo de Sevilla, para alcanzar el apoyo necesario.

AEECSS, leg. 435, 97r.

(Cruz) Alabado sea el Santísimo Sacramento y la limpia concepçión de la Madre de Dios.

Escriuo a uuestra merçed por uía del padre Gabriel de Castilla otra con quien suplico a uuestra merçed se bea. Y ahora digo breuemente, señor, que alabo a nuestro Señor pues no quiso su magestad que fuera la petición, la qual ahora ua duplicada y querría que se presentase pues para nada puede haber daño. Uuestra merçed lo comunique, le suplico, con el padre Gabriel de Castilla.

Importarán las cartas que an ydo, quando no para el tratado, para la persona, si allá fuere; y, por amor del señor, que la de su magestad se negocie, que es la que importa; porque en Roma, quando su magestad desea, solo obra el confessor y el señor nuncio; y la de la señora infanta, en quien yo tenía mucha fiuzia; pero parece que no quiere nuestro Señor que la tengamos, sino en el zielo. Y me acuerdo que su magestad dixo a uuestra merçed que ampararía esta causa para que nadie me inquietase.

Lo demás, trataré con el señor arçobispo que, como tiene particulares pensamientos, no sé quándo ni cómo saldrá a estotros. Dios nos ayude, y a uuestra magestad, con acrecentamiento de sus diuinos dones.

Seuilla, 2 de agosto de 616.

Joan de Pineda.

4

1616, septiembre 12. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que reside temporalmente en la corte de Madrid desde el 9 de agosto de 1615 junto a Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, para defender la causa de la Inmaculada. Expresa, con disgusto, las dificultades que está enfrentando en Sevilla, donde pretende redactar un texto con la información necesaria para sostener los argumentos. Se complace del apoyo decidido del rey.

AEECSS, leg. 435, 104r.

(Cruz) Alabado sea el Santísimo Sacramento y la concepción immaculada de la Madre de Dios.

Señor, esta escriuo en pie y cierto con disgusto porque, auiendo tanto material para hazer informaçión y informaciones, no ay remedio de haber nada con este. Esto deue de ser temor humano o policía o no sé qué me diga.

Yo e instando e instaré y no sé si podré algo. Pues capellanía el padre Milanés dirá. Ello se hará. Y, si vuestra merced quiere, hágame por una hora prouisor, o sacristán, o archipánpano y verá lo que hago. No puedo más. Y, en verdad, que no me duermo en estas cosas. Ni aun ay a ratos conmodidad de respirar. Y, con todo eso, a de salir la Madre de Dios uictoriosa, a pesar del infierno.

Dízenme que su magestad está más dentro del caso que nunca. Señor, uea uuestra merced si será bien que nos señalen un juez que reciba estas informaciones. Quiçá se harán mejor y harán más fee. Bueno sería el prior de San Juan de Acre y, con un buen notario, tiene allí jurisdicción.

Sobre de la Iglesia que están encontrados con el prelado, al fin son pretensores, si no fuese el canónigo Medrano o alguno tal. Piénsese esto luego.

De piedra bejaares yo quiero contribuir mi parte y, sin que vuestra merced me dixera de esto nada, ya yo, como hombre que a estado en Italia, tenía pensado seruir con esto. Y assí yo me beré con el padre Áluaro Bello y haremos algo bueno.

Por lo demás, beso las de vuestra merced a quien nuestro Señor guarde muchos años, con augmento de sus diuinos dones. Al señor arcediano, beso las manos.

Seuilla, 12 de setiembre de 616.

Joan de Pineda.

5

1617, octubre 17. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que reside en Roma como agente de Felipe III. Expresa la alegría que ha causado su carta del 20 de septiembre anterior en la que le comunica que Paulo V ha sellado un decreto, de 31 de agosto, por el que prohíbe predicar contra la inmaculada concepción de la Virgen María. Explica que la noticia ha sido acogida en Sevilla con gran manifestación de júbilo. El arzobispo prepara un oficio propio para la fiesta. Le insta a seguir trabajando hasta alcanzar la declaración definitiva de la doctrina sobre la Inmaculada. También le pide que deseche cualquier proyecto de trasladarse del lugar en que ejerce la procuración, junto a Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona.

AEECSS, leg. 435, 125r-125v.

(Cruz) Alabado sea el Santísimo Sacramento y la immaculada concepción de la Madre de Dios sin pecado original.

17 ottubre 1617.

Alegríssima fue su carta de vuestra merced de 20 del pasado, como tanbién la nueua del decreto de su santidad; que si supiere los efectos que a causado en esta ciudad; y no digo solo en los coraçones de los fieles más aún en las piedras insensibles que se ríen y regozijan.

Lo tendría sin duda su santidad por señal y aprobación del cielo en lo que se a decretado; y por nueuo motiuo para proseguir en la misma causa y demanda hasta dexarla concluyda y asentada en la Iglesia.

Válasme Dios y qué buen día este que sería para toda ella. Plega al Señor que lo veamos. Y, padre y señor mío, trabajar y perseuesar hasta verlo. Y no pasarle a vuestra merced por pensamiento mudarse del lugar donde está un paso ni un momento, sino a pie quedo como bueno y confidente sieruo de la Madre de Dios. O salir con el intento último de esta jornada o dar la vida gloriosamente en esta demanda. De la qual que no esperará vuestra merced otro premio que el de esta vida y las bendiciones que le echamos; y lo que le deseamos era suficiente y más de lo que se puede pensar.

Dize monseñor Armo el Viejo que no está contento, claro está, porque deseamos más. Pero buen ínterim y buen acto a interlocutorio es este. Vamos en el alcançe y dando caça a este pecado original, que no alcançó a la Madre de Dios.

Con todo eso, me doy a entender que auemos de tener nueuas escaramuças sobre la intelligencia del breue, sobre las conuersaciones, que no son actos públicos, y sobre mil otras menudencias, que la tenca y la poca deuoción y la honrra humana inuentará. Las quales jamás se acabarán si no es con definición. Pero plazerá a Dios que la verdad de esto, digo confirmada con nueuos inconuenientes, haga dar otro paso más adelante del que está dado hasta llegar al fin que se pretende y se desea.

Los efectos que a causado esta nueua escriuo oy familiarmente a un padre de Madrid y porque me doy a entender que algunas menudencias serán a vuestra merced y al señor don Mateo de gusto y para alguna ocasión de prouecho la e hecho copiar. No es creýble la uniuersal alegría tanto mayor que hasta aquí quanto más repentina. En un momento se concertaron los coraçones y las uoluntades y las vozes y las luminarias y los cohetes y las chirimías y trompetas y los cascabeles y quantas campanas ay en Seuilla. Y quanto más vuestra merced mandare y pidiere por esa boca.

Veamos ahora qué haze nuestro don Henrrique en Madrid en no desear caer la idea del de Osma que conuiene mucho y que lleue la nueua de los buenos efectos que esto a causado y de las esperanças de otros mayores y mejores que aurá y si ay más de parte de su santidad.

Aún no e visto ni ha venido de Madrid el breue, que lo deseo para ver las palabras con que asienta la parte de la verdadera opinión y algunas otras menudencias que se ofrecerán al que la leerá con atención y buen deseo. De todo, auisaré a vuestra merced. Y, porque de otras cosas tendrá vuestra merced mejores relatores, acabo con encomendarme al señor don Mateo, a quien el señor da doblada la ración, dándole el contento junto con el padecer y poca salud. Deseo se la dará nuestro Señor muy entera para su seruicio. Y para que goze muchos años del fruto de sus trabajos.

El señor arçobispo trata de hazer oficio proprio de las otauas de esta fiesta, que allá se aya de aprobar. Y para solo esto era bien enpleada la jornada en Roma. Su gente de vuestra merced tenga paciençia, como la a tenido hasta ahora, que más nació vuestra merced para lo que allá haze que no para lo que acá hazía.

Dios guarde a vuestra merced con acrecentamiento de sus diuinos dones eternos.

Seuilla, 17 de otubre de 617.

Joan de Pineda.

(125v) (cruz) Al doctor Bernardo de Toro, agente de la Concepción por su magestad en Roma.

6

1617, octubre 17. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que reside en Roma. Le traslada la copia de una carta que ha escrito a Madrid en la que expresa la alegría que ha causado en Sevilla la noticia del decreto de Paulo V de 31 de agosto de 1617 por el que prohíbe predicar contra la inmaculada concepción de la Virgen María.

AEECSS, leg. 435, 126r-126v.

(Cruz) Copia de una escrita a Madrid que fue rrelación que el padre Joan de Pineda, de la Conpañía, enbió de la llegada a Seuilla (de) la nueba del decreto de la Concepción que nuestro señor Paulo V hizo en 31 de agosto de 1617 años.

17 ottubre 1617.

Pax Christi, etcétera.

En retorno de la buena nueua del decreto de su santidad en materia de la Concepción, quisiera saber y poder dezir el efecto que a causado en Seuilla; pero, sin duda, ni sabré ni podré, porque a sido y es y será mayor que qualquier encarecimiento. Y esto no lo es y no solo se puede en común decir que a sido la alegría y demonstraciones repentinas más y mayores que las, muy de pensado, que hasta aquí a auido.

El ordinario vino temprano el domingo en la tarde, a las 4 o 5, a la qual hora me hallé con el rregente. Truxeron allí sus cartas y el secretario que abría los pliegos entró a decirnos buena nueua de aquel de la Concepción. Leyó lo del extraordinario, que auía venido y vuelto de su santidad. Aunque el seglar que escriuía encarecía el decreto de que determinaua la una y condenaua la otra opinión, pareciome, por estar cerca, y que no se sabría, darle auiso al señor arçobispo, remitiéndonos para más y más ciertos originales.

Quando llegué a casa, pensando que yo era el primero, me lo dixeron, y ya auía cundido por toda la ciudad. A las 7, estaua toda la ciudad aluoroçada. Y, en la plaça de San Francisco, más de tres mill luces, sean mil. La calle de Génoua no se podía passar de gente y de gritería: “sin peccado original”. Y la calle de la Sierpe, hasta nuestro collegio, juntáronse exércitos de muchachos, apellidando: “sin peccado original”. Fueron a Regina un gran golpe de ellos y cantando las coplas todo el mundo en general.

(Suprimido: Quebrauan a pedradas las puertas de la iglesia. Salieron dos o tres legos con garrotes a echarlos y, temiendo más concurso y uiolencia del pueblo, el marqués de Ayamonte y su gente, que estauan allí junto, les velaron y guardaron toda la noche. En la calle de la Sierpe, golpeando la puerta de vn portugués, confitero, los que allí andauan, pensó el dicho que se la quebrauan. Defiende con vna alabarda. En viendo que se defendía, apellidan contra el perro tomista. El caso fue que, no se sabe cómo ni cómo no, el hombre se halló en la plaça de San Francisco sin alauarda, arrastrado y descalabrado, y boluió a su casa como pudo, y no como quisiera).

Ya deuían de ser las nueue de la noche quando los padres de San Francisco auían, en su compás, echo candeladas. Y en la plaça. Entró allá vn gran golpe de gente. Sacan vn estandarte de la Concepción, parte a pie, parte a cauallo, con trompetas y chirimías, y pretales de cascaueles. Dizen que serían más de mil hombres. Patean o corren por toda la ciudad, no cantando, sino a gritos: “sin peccado original, que lo manda el papa”.

En cal de Colcheros, colgaron de vn pie al peccado original, vestido de luto. Llenase la ciudad de luzes y de repiques de campanas, que ya començauan a las onze de la noche.

Estando dudoso el arçobispo y deseoso de más certificación, le llega la carta de Roma de don Matheo y del doctor Bernardo de Toro. Manda que, en dando las doce, que es la hora de maitenes, repique la yglesia mayor, que lo hizo alegríssimamente. Acude San Saluador y la Casa Professa y monasterios, aun en el Collado no nos oýan, y todo se nos yba en oýr. Duró todo esto hasta el alua, que renouó la yglesia mayor el repique. Ya repicamos en el Collado. Y San Miguel quebraua sus campanas. Auísame el guardián de San Francisco que a puesto de blanco los altares. Y dize missa solemníssima, con processión por el claustro.

A este tiempo, recibo carta del doctor Bernardo de Toro del mismo día que se despachó el estraordinario. Harto buena y con artas particularidades y con algunas cláusulas, las más substanciales, del breue. Voy la a comunicar al arçobispo. A el qual tiempo él mismo me auía embiado su carta para que yo la viesse. Venía dentro de otro papel y piérdela el page en el camino, hallándose solamente con el papel con que iba metida.

A este tiempo, auían tenido cauildo en la iglesia y ordenado las demonstraciones más solemnes que pudieron. Y embiar al cauildo seglar dos canónigos a dalles la nueua, a percebirles y combidarles para la fiesta, lo que el cauildo de la yglesia decretó. Verá vuestra reverencia en el papel que va aparte que me imbió vn preuendado de su letra luego que salieron de cauildo.

A mediodía, repicó la iglesia solemníssimamente. Acudieron todas las parroquias y monasterios. Y a dende la mañana estaua la ciudad llena de barriles de alquitrán. En gradas, los goueros (126v) tenía catorze, en cal de Génoua, cada tienda vno a la puerta et sic de reliquias. En la iglesia mayor, hiziendo preparaciones para la noche, de luminarias y cohetes, embargados por mil partes.

Entre estas y estas, vienen tres toros a la plaça de San Francisco. La gente de la ciudad, alquilando achas y luches para sus ventanas. Y los ympressores dándose priessa a impimir las nueuas. Y a las tres de la tarde ya estauan ciegos, pregonándolas por toda la ciudad. En el Collado se concertó en la quieta que ouiesse luminarias y cohetes. Adereçáronse, de repente, en la Casa Professa y Collado, sin comparación, mejor que en la fiesta de nuestro santo. A la oración, se ardía la ciudad. Seis barriles se pusieron en Casa, en Torre, y Iglesia Nueua. Cohetes vbo más que llouidos. No e uisto jamás fiesta más uniuersal porque la hizieron también los padres dominicos como discretos. Y pusieron luminarias en San Pablo, Regina y Monte Sion. Solo los padres victorios de aquí del collegio pusieron por quenta tres luminarias, como tres candiles, en reuerencia de la Sanctíssima Trinidad.

En la Cartuxa, lo hizieron admirablemente. Y, en San Ysidro del Campo, con muchos fuegos, que parecían muy bien de acá. Y, finalmente, tantas luces por las calles, que parecía mediodía dende la iglesia mayor y Triana hasta la puerta de Macarena y barrios más apartados del comercio de la ciudad.

Ganaron los cereros lindamente porque la cera amarilla de las achas, que vale a tres rreales, ayer valió a quatro. Assí me lo dixo el obispo de Bona, que puso en sus ventanas diez achas.

Oluidáuanseme dos particularidades no de oluidar, una de risa y otra de ueras. La de risa, que el lunes, muy de mañana, passaua por el Poço Santo vn hombre diziendo a voçes: “sin peccado original, que ya no ay contra esto”. Abrió vno su ventana, que no auía sido de la fiesta, y preguntó al de la calle qué es esto que ay. Responde: “que la Madre de Dios, sin pecado original, lo manda el papa”. El de arriba respondió con mucha paz: “sea norabuena”. El de abajo: “¿norabuena dezís? Tomista deuéis de ser, por tantos y quantos. Y esto es para norabuena, no más”. Un cauallero que dende su ventana lo estaua oyendo, me lo contó.

El otro que, en el Hospital de Salinas, están al pie de treinta mugercillas tomando sudores y, aquesa misma noche de la nueua, sin auerla ellas tenido, las hallaron hincadas de rodillas con sus candelillas en las manos, delante de vna imagen de la Concepción y cantando todo el mundo, en general, allá los galanes o rufianes. Dizen que hizieron en la casa pública una processión o fiesta.

(Suprimido: Y todo esto se ouiera pasado en risa si no vbiera querido un fraile bacineta dar de bofetones a un muchacho que le dezía: “sin peccado original”. El muchacho se halló con no sé qué en la mano con que le boluió vn varapalo que no le dio al muchacho ninguna cossa).

Toda esta semana, se passará en fiestas hasta la processión y se renouarán sin duda octauarios, fiestas y sermones, y lo que en todo esto menos se puede dezir es el affecto y cordial alegría con que se haze. Echan mil bendiciones a los que en esto an puesto diligencia y trabajo y de qualquier manera tienen parte. Y son tan liberales aun los officiales en contribuir para los gastos de estas alegrías que hazen por officios que ayer me dixo vno que, teniendo en la tienda vn montón de dinero, se llegó el muñidor de ello y que le cogió vn puñado de ellos sin otra quenta que a buena quenta para las fiestas de la Concepción, sin peccaso original.

Y si esto que su santidad a ordenado, con no ser más que vn ínterim don ec etcétera, o como vn acto interlocutorio, a sido recibido con tanto regocijo y demonstraciones, ¿qué será cuando se concluyesse con vna definición, qual se desea en la Iglesia Cathólica? Plege al Señor la veamos en nuestros días.

Nuestro Señor, etcétera.

Seuilla, 17 de otubre de 617.

7

1626, agosto 12. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que reside en Roma como agente de Felipe IV en la causa de la Inmaculada. Lo hace en respuesta de una del 17 de junio anterior en la que el procurador romano le expone algunas animadversiones que ha encontrado en la Sede Apostólica. Juan de Pineda, que esperaba que el papa emitiese pronto el decreto definitivo, que no terminaba de llegar, anima a Bernardo de Toro para que no desfallezca en su pretensión y descarte cualquier proyecto de regresar a Sevilla, como ya había hecho Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, a finales de 1624 o principios de 1625.

AEECSS, leg. 435, 490r-490v.

(Cruz) (Al margen: Fecha en 12 de agosto 1626. Recebida en 27 de nouiembre. Respondida en 15 de diziembre de 1626).

María santísima sin pecado original.

En verdad, señor, que e recibido con la de vuestra merced de 17 de junio muy gran merced y gusto de saber la historia y discurso de lo sucedido; si bien lo sucedido y la materia de la historia no es en nada sabrosa a quien con tanta razón desea y a deseado y esperado, no vanamente, muy diferentes sucessos. Y, respondiendo por mayor, diré, señor, dos o tres puntos.

El primero que, al principio, antes de su carta y auiso de vuestra merced, no me pasó por pensamiento, sino que esta determinación y venida auía sido de mancomún y común de dos, porque, ¿quién pudiera pensar otra cosa, auiendo sido los principios y progressos tan unos?

Muy bien me parece siempre la constancia y firmeza de un natural, pero no la cerrazón de cabeça ni dureza de parecer. Porque esta es de quien mucho fía y presume de sí y aquella es de quien mucho fía de Dios y de buenos consejos y consejeros, que reconoce por mayores y mejores. Bien sé que, a vezes, tienen apariencia de muy espirituales y deseosos de la gloria de Dios los que en sus determinaciones se muestran inflexibles, teniendo en ellas no la menor parte la porfía y tema de sus naturales más que la razón ni la indiferencia para lo mejor y la deuida sumissión a pareceres agenos.

Conocí yo a una persona muy bien intencionada y deseosa de acertar, pero tan aficionada a su parecer que jamás lo mudaua, diziendo que lo auía encomendado a Dios y que estaua en lo mismo que antes. Y dezían otros que le conocían que incomendaua a Dios quando hazía oración, pidiendo que se hiziese su propria voluntad. Pero al fin, señor, a lo ya hecho, ¿qué se puede hazer?

Lo segundo, quando lo hecho ouiera salido de conocer acuerdo, es cierto que de ninguna suerte ni en ningún acontecimiento deuiera vuestra merced hazer mudança de donde está, porque ni a su persona de vuestra merced conuenía, por muchas razones que para carta son largas, ni esta ua bien para la causa y pretensión principal.

Porque el venirse ambos fuera totalmente desamparar el campo y dexarlo libre y desembaraçado a los émulos con que se causara un uniuersal desmayo y desconfiança a todos los deuotos y se diera mal exemplo a los venideros con que esta causa quedara en mucho peor estado del que antes tenía.

Y, en verdad que, según estamos, en mal mundo fuera poco el syluarles si ambos se presentaran por acá. Al fin, con la estada del uno allá se dissimula la venida de estotro y se haze rostro a la emulación y a la difficultad. Y no queda tan sola la causa que no tenga quien le haga espaldas y buena compañía y quien tuuiere auisos o qualquiera otra cosa con que ayudar tiene en esta corte a quien acudir.

Y al fin, señor, mientras, en Madrid, no se dexa del todo este negocio, ni su magestad lo desampara, es simpliciter necessario auer en esa corte agente y correspondiente a quien su magestad acredite y el qual mutuo solicite y auise a su magestad.

Lo tercero, que no me pasa a mí por pensamiento desmayar ni desconfiar, como pienso que ni a vuestra merced tampoco; bueluo a dezir, antes, dar el pellejo porque, dado por esta causa y en esta empressa hará Dios de él una caxa de guerra para hazer gente que ayude y con que teman los émulos.

Confieso a vuestra merced que ay gente deuota, pero de corta vista, que solo pone los ojos en lo presente y no más, y que le parecerá que es gran acto de obediencia y resignación no hazer instancia ni réplica al superior el menor. De suio queda o a qualquiera dilación en conceder lo que se le pide; para eso non oporteret semper orare et nunquam deficare.42

La grandeza de la empresa y la razón, santidad y justicia de ella a de dar igual ánimo y bris para la prasecución y, aunque no se gana sino un pie de tierra, es mucha ganancia, que es lo que dize Aristóteles que saber un poquito de las cosas diuinas es de más importancia y estima que mucho de las inferiores. Y como ahora nos aprouechamos de los esfuerços que en tiempos pasados otros hizieron, assí se aprouecharán los venideros del que ahora se haze.

Y, por lo menos, nunca de oluidará esta materia ni se dexará de hablar de ella, que por ventura deue de pretender algo de esto la Diuina Prouidencia en no acabar de concluirse y difinirse ya que, conclusa y difinida, no se hablara más de ella que, (490v) de otros misterios, aunque mayores, contentándonos con hablar de ellos y considerarlos una vez al año, el día que les cabe.

A este mismo tono me parece son los de corto coraçón, aunque pío y limosnero; que, como no nacieron para cosas grandes, precian y estiman más dar quartas y ochauos a pobres pordioseros que sustentar a un sacerdote o casar una donzella o vestir a un pobre honrrado vergonçante. Y les parece que aquel bien, que es más uniuersal, es más diuino, no atendiendo la importancia y superioridad del uno que importa más que toda la demás menudencia. En todas estas cosas humanas ay inclinaciones, condiciones, aprehensiones diferentíssimas y cierto es menester paciencia y latitud de coraçón para ver, oýr y callar.

Ahora digo, señor, que dos o tres vezes me e visto con el señor don Mateo, aunque no muy hondo, véale grandemente a sido aquello del coco y del buen exemplo. Aunque no oluidado de su antigua deuoción. Quiere estampar y repartir gratis un quaderno que tendrá diez o doze pliegos de papel, sacado de un libro mayor que a hecho un padre de Alcalá, Juan Baptista de Poza, intitulado Elucidarium Virginis. El quaderno solo trata de la concepción puntos particulares, como de nueuas ponderaciones de estos últimos breues, del estado que oy tiene esta deuoción, del que tendrá solo con el discurso del tiempo, etcétera.

Apalabrado estoy para tentar de esto, con cuya ocasión trataré de todo lo demás que vuestra merced apunta, assí de su persona y comodidad, como de la del señor don Henrrique y oxalá, señor, todo como yo lo deseo; y que guarde nuestro Señor a vuestra merced muchos años para su mayor seruicio y gloria, y de su santísima madre.

Yo estoy razonable de salud, aunque esperando el fin de lo poco que queda. Vuestra merced me encomiende en sus santos sacrificios y oraciones.

Seuilla, 12 de agosto de 626.

Joan de Pineda.

8

1626, octubre 18. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que reside en Roma como agente de Felipe IV en la causa de la Inmaculada. Lo hace en respuesta de dos cartas anteriores del procurador romano. Le traslada su parecer sobre el regreso a Sevilla de Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, a finales de 1624 o principios de 1625. Pineda anima a Toro para que no desfallezca en su pretensión y descarte cualquier proyecto de abandonar y desamparar la causa ante la Sede Apostólica, a pesar de las limitaciones que está encontrando, también materiales, que se compromete a tratar de remediar.

AEECSS, leg. 435, 513r-513v.

(Cruz) (Al margen: Fecha en 18 de otubre de 1626. Respondida en 31 de diziembre de 1626. Alabado sea el Santísimo Sacramento y la immaculada concepción de la santísima Virgen).

Dos he recibido largas de vuestra merced. Y, la segunda, de los últimos de agosto. Con ambas, singularíssima merced y consuelo. A la primera, respondí luego por vía de Madrid para que se pusiese en el pliego del señor don Henrrique; y ahora, por vía del padre Almaçán.

Dame mucho que pensar la historia de la venida del compañero y aunque por una parte se me representan las palabras que dixo la animosa Iudith al sacerdote Ozías y a otros sacerdotes de Bethulia que se determinauan de entregar a Holofernes la ciudad: si intra quinque dies non veniret adiutorium posuistis vos tempus miserationis Domini et in arbitrium vestrum diem constituistis ei, sed quia patiens Dominus est in hoc ipso poeniteamus et indulgentiam eius fusis lachrymis postulemus.

Muger dixo esto de qua nemo erat, qui loquaretur verbum malum y sabrá y podrá hazer que a su tiempo nadie lo hable ni leuante contra ella y contra su immaculada innocentia cabeça el mayor enemigo.

Assí que digo, señor, que no auemos de señalarle a Dios los plazos y coyunturas de sus obras, pues hasta los momentos los tiene pensados y pesados con el peso y fiel de su prouidencia y sabiduría.

Y, por esta parte, me pesa el desmayo y desconfiança del dicho; pero, por otra parte, siento no sé qué consuelo y nueuo aliento, pareciéndome que no quiere Dios por ventura dignidades, ni millares de rentas, ni siquiera tantos agentes, bastando uno, más pobre y de menos ostentación, con que tenga más ánimo y confiança y perseuerancia.

Y, cuando muera ca la demanda, esa misma muerte es nuestro merecimiento para con Dios y nueua instancia y fuerça para que se alcance y abreuie el successo que se desea que, quando acá no lo vea, lo verá y gozará en el cielo y lo gozará la Iglesia mediante su agencia y solicitud. Más sabe y más haze vuestra merced decir de lo que yo sabré ni podré decir.

Y, viniendo a lo particular, digo, señor, lo primero que fuera un intolerable yerro pensar de hazer vuestra merced qualquier género de mudança de lugar y ocupación en que está y para estarse aý a pie quedo ay muchas razones conuincentes diuinas y humanas. No ay que pensar ni tratar de otra cosa, aunque el mundo se hunda, quánto más que Dios, que assí lo ordena y quiere, y assí nos lo da a entender, proueerá de los medios necessarios para proseguirlo assí. Confiança en él. Y quando se mezclasen mortificaciones, incomodidades, necessidades, humiliaciones, no será todo perdido y, por ventura, irá el negocio más ganado.

En medio de esto, veo lo que es necessario para la decencia exterior y reputación de la causa y agencia. Haré en esto quanto me será possible y alcançaren mis fuerças e industria. Bolueré a hablar de nueuo al señor arcediano y a Gregorio Muñoz de Medrano y pienso hablar a otros de aquella parcialidad y aunque guardaré lo secreto y lo particular de ello, sacaré proposiciones por mayor que den ánimo y buenas esperanças para ayudar a la causa y a quien tan de veras y tan fielmente la trata.

Pluguiera a Dios, señor, y pudiera yo. Reciba él los buenos deseos. Confío que a de hazer Dios de las suyas y que, quando menos nos pensamos y con los medios que más tenemos oluidados, nos a de dar un alegrón tal y tan bueno et cor regis in manu Domini et quocumque voluerit flectet illud. En medio de esto, rogar a Dios y dar con el maço quanto más y más rezio pudiéremos, que aun allá sus italianos de vuestra merced dicen que, para qualquiera cosa, por dificultosa que sea, el más eficaz medio es meterlo in testa.

Alégrome mucho de lo que nuestro padre y los demás de allá y acá en Madrid ayudan. En mi rincón, no me oluidaré de encomendarlo a nuestro Señor, que guarde a vuestra merced muchos años, con augmento de sus diuinos dones, etcétera.

Seuilla, 18 de otubre de 626.

Joan de Pineda.

(513v) (cruz) Al doctor Bernardo de Toro, agente de la causa de la Concepción, guarde nuestro Señor. Roma.

9

1628, agosto 23. Madrid

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que reside en Roma como agente de Felipe IV en la causa de la Inmaculada. El rey le había pedido a Pineda que se trasladase a la Sede Apostólica como portador del proceso diocesano, primero, y luego como procurador de la causa de Fernando III el Santo, que había trabajado en la fase diocesana de Sevilla. Pineda se excusó de esta delegación y, en connivencia con el cardenal Gabriel de Trejo y Paniagua y el arzobispo Antonio de Sotomayor, presidentes de los consejos de Castilla e Inquisición, respectivamente, propuso que el propio Bernardo de Toro, a pesar de las limitaciones materiales que estaba padeciendo, asumiera en Roma la nueva procuración, sin descartar la primera. Con la carta de Pineda, se adjunta una nueva misiva, en el mismo sentido, de Diego de Guzmán y Haro, patriarca de las Indias Occidentales, arzobispo de Sevilla.

AEECSS, leg. 436, 293r-293v.

(Cruz) (Al margen: agosto 23 de 1628. Respondida en 17 de octubre. Señor doctor Bernardo de Toro).

Digo, señor, con breuedad ahora, remitiéndome a la más copiosa relación que daré a vuestra merced quando embiare los recaudos y papeles tocantes al santo rrey don Fernando, que su magestad mandó, con su rreal decreto, que yo lleuase los dichos papeles y sumaria como quien los auía trabajado y assistido a todo. Y, aunque no me gouierno por mi parecer, no pude dexar de sentir y ponderar mucho pro y contra de esta mi legacía y particular embaxada (que auía de ser tal y con muchas y grandes recomendaciones y cartas de su magestad para su santidad y señores cardenales españoles).

Al fin, señor, yo tengo más de 25 años y tengo algún conocimiento de Roma, y de fuera de Roma. Repliqué a su magestad una vez que acá podía, por ahora, mejor seruir. No quiso su magestad responderme en forma. Remitiolo a la junta que auemos tenido de señores cardenales presidentes de Castilla y de Inquisición, en que yo siempre me he hallado como uno de ella.

Así me e escusado por ahora de la jornada. Y su magestad, Dios le guarde, al fin se siruió de conformarse con el parecer de la junta que fue, lo uno, lo que a mí tocaua y, lo segundo, lo que tocaua a la agencia de este negocio del santo en la persona quo yo e nombrado en mi lugar por muchas razones, que yo e representado a la junta y al señor patriarca arçobispo de Seuilla, que es vuestra merced. En la qual, con mi informaçión de mi gusto, satisfación (293v) y amistad con vuestra merced y otras de su persona de nuestra merced, ayudándonos el señor cardenal Trejo, vinieron todos.

Las conueniencias, circunstancias y modo de execución yremos auisando y comunicando frequentemente. Esto solo sirue de auiso y de que vuestra merced lo encomiende a Nuestro Señor y me encomiende al mismo, y espere las cartas de su magestad. Y ahora reciba vuestra merced con esta mía la del señor patriarca.

A vuestra merced guarde Nuestro Señor muchos años con acrecentamiento de sus diuinos dones. De otras cosas, tocantes a la persona y comodidad de vuestra merced yo cuido acá y mucho el señor don Enrrique a quien deuemos todos mucho.

Madrid, 23 de agosto de 628.

Joan de Pineda.

10

1631, octubre 1. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que reside en Roma como agente de Felipe IV en la causa de la Inmaculada y de Fernando III el Santo. Se hace cargo de sus dificultades, sobre todo materiales, y de la aparente dejación de los que deberían estar atentos para financiar los procedimientos en la Sede Apostólica. Le comunica que Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, está ocupado en una nueva causa; y que el cabildo de la Catedral de Sevilla, parte actora de la canonización del santo rey, no actúa con la diligencia esperada. Pineda excusa su negligencia en las causas que retienen a Toro en Roma por su ocupación en la redacción de un gran expurgatorio o índice de libros prohibidos para el Consejo de la Inquisición, el Index novus librorum prohibitorum et expurgatorum, que se publicó en 1632.

AEECSS, leg. 437, 80r-80v.

(Cruz) (Al margen: otubre 1 del 1631. Es respuesta).

O, mi señor doctor; y si yo pudiese seruir a vuestra merced como lo merece y como yo lo deseo, sin duda no desearía vuestra merced nada ni tendría la justa quexa y falta de lo necessario que tiene. Mas, ¿qué hacemos, señor?, que nada puedo ni en nada tengo mano, ni en nada de lo que toca al santo rey don Fernando, más que vuestra merced, porque, si no lo a por enojo, aunque me dicen que tienen ya concluido con la plenaria, por no pagar al notario están los papeles y recaudos oluidados en un rincón de un escritorio, debaxo de llaue, para quando Dios fuere seruido.

Y el señor don Mateo comiença a cuidar ahora de las informaciones y memoria de un santo clérigo, Fulano de Contreras, que a 80 o 100 años que pasó, y está enterrado en esta iglesia. Y creo que ya no cura tanto de sus niños expuestos. Siempre ocupado en buenas obras y nunca en unas mismas. El cabildo, con mill inquietudes y otros gastos extraordinarios y muy oluidados de los que, por ventura, más importan al bien público.

Su sobrino de vuestra merced que pudiera más de cerca hazer algo, nunca se dexa ver. Ni en el cabildo de la ciudad ay más entrada para ninguna cosa de socorro ni de este género. Tiempo fuerte corre por todas partes y con tantos accidentes y circunstancias que quitan la atención de cosas mayores.

Yo, señor, tengo bien en qué entender con este gran expurgatorio del Consejo Supremo con cuya impressión acabaré, con la gracia de Dios, dentro de mes y medio, poco más o menos, con deseo de ahorrar de ocupaciones, que tanto tiempo a me an tenido captiuo y por tierras extrañas, para gozar de un poco de libertad y mirar al cielo con desahogo y prepararme para dar cuenta al juez de todos, si bien nunca me dexarán mis libros viuir ocioso.

Aý está el padre Francisco Gonçález, penitenciero, que es muy buena persona, muy mío y de este Collado, y muy deuoto de la Madre de Dios, concebida sin pecado original, que podrá seruir a vuestra merced en lo que le mandare y consolare su trato y edificación.

Dios mejore los tiempos y guarde a vuestra merced muchos años para su gloria y seruicio y de su santísima madre, a quien suplico me encomiende en sus santos sacrificios, etcétera.

Seuilla, 1 de otubre de 631.

Joan de Pineda.

(80v) (Cruz) Al doctor Bernardo de Toro, agente de la causa de la Conçepción y de la canonización del santo rey don Fernando por su magestad católica. Guarde nuestro Señor, ettcétera. Roma.

11

1633, abril 24. Sevilla

Juan de Pineda, de la Compañía de Jesús, escribe a Bernardo de Toro, clérigo de Sevilla, que reside en Roma como agente de Felipe IV en la causa de la Inmaculada y de Fernando III el Santo. Responde a una anterior del procurador romano que había llegado a Madrid, de donde Pineda había partido hacia Sevilla pocos días antes. En Madrid, Pineda había respondido a algunas dudas planteadas por el Index novus librorum prohibitorum et expurgatorum publicado en 1632 por el Consejo de la Inquisición, de su autoría. De vuelta en Sevilla, la ciudad y el arzobispo le habían encomendado que prosiguiera la causa de Fernando III, invitación que había declinado en atención a sus circunstancias actuales.

AEECSS, leg. 437, 317r-317v.

(Cruz) (Al margen: abril 24 del 1633. Señor doctor Bernardo de Toro. Es respuesta).

Señor,43 mucha merced y consuelo e recibido con la de vuestra merced de 12 de febrero, remitida de Madrid por mano del señor Juan de Cerain, de donde ya yo auía salido pocos días antes y llegado a Seuilla, primero día de março, que fue primero día de verano, auiendo estado todo el rigor del inuierno en Madrid.

Allí,44 señor, despaché en breue con lo que allí me lleuó, que fue dar razón al Consejo Supremo de algunas dudas que se ofrecieron cerca del catálogo expurgatorio de libros que, por mi mano, se estudió y imprimió, lo qual se hizo con mucha breuedad y satisfación del ilustríssimo señor inquisidor general y Consejo.

Di luego priesa con mucha instancia por mi vuelta y desembarazo, no teniendo aquella estancia y vida por cosa a propósito por mi retiro y estudio, ni para mi salud que, aunque tengo más de veinte y cinco años y aliento de menos, es bien que, quien de aquella vida gusta, la goze y nadie se la impida.

En este ínterin, quiso la ciudad y Yglesia, con sus cartas, obligarme a que prosiguiera con la solicitud y diligencia primera en la causa del señor santo rrey don Fernando. No me atreuí, por faltarme todo lo que en la primera tuue de ayuda, y personas y cosas que podían aliuiar el trabajo, que por ventura fuera mayor que el primero, por auerse interrumpido y dexado una vez de la mano y porque, sin duda, qualquiera otro que de ello se encargara auía de ser más a satisfación de la Yglesia y mejor cobro de todo el negocio, como lo aurá sido la presencia y diligencia del señor doctor don Alonso Gómez de Roxas, y más estando vuestra merced a su lado, y él al de vuestra merced. Que, sin duda alguna, no aurá dificultad que no la vençan et neg Hercules aduersus duos.45

De lo de Madrid, ni de otra cosa que a esto toque, no sabré decir nada (317v) porque del todo lo e dexado, sin poder ya tener mano en ello ni ocasión de preguntar, ni saber, si bien deseando la felicidad y breuedad del buen despacho y suceso de este negocio para mayor gloria de nuestro Señor y del santo, honrra y protección de esta ciudad, cuyos hijos y deudores somos.

Por todo esto, deseo y pido a nuestro Señor y a vuestra merced nos guarde muchos años para que vuestra merced lo concluya, vea y goze, como yo lo confío, y que, aun antes del premio que nuestro Señor tiene guardado a vuestra merced en su eternidad y gloria por su gran piedad y sus gloriosos trabajos y santo zelo, tenga vuestra merced en esta vida los acreçentamientos que mereze y yo deseo, en cuyos santos sacrificios y oraciones, con su menor y deuotíssimo sieruo, espera y suplica.

Seuilla y abril 24 de 1633.

Auiendo46 començado a escriuir de mi letra, me a sido forçoso proseguir de la agena. Vuestra merced perdone, le suplico.

Joan de Pineda.

6. Agencias de apoyo

Este trabajo ha sido realizado con la ayuda del Centro Español de Estudios Eclesiásticos, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat, en Roma, en el marco de los proyectos de investigación del año 2025.

7. Declaración de ausencia de conflicto de intereses

El autor declara que no existe ningún conflicto de intereses financiero, personal, académico o institucional que haya podido influir en el desarrollo, resultados o interpretación de los contenidos expuestos en el artículo titulado “El inmaculismo hispánico. La correspondencia de Juan de Pineda (1557-1637) en el archivo de la embajada española cerca de la Santa Sede”. Asimismo, manifiesta que el artículo es resultado de una investigación objetiva y autónoma, desarrollada sin condicionantes externos que comprometan su imparcialidad académica.

8. Referencias

Alemany Ferrer, R. (2021). El tàndem Maria-Eva en la Vita Christi de sor Isabel de Villena. Specula: Revista de Humanidades y Espiritualidad, 2, 39-66.

Alonso Veloso, M. J. (2024). La transmisión manuscrita de la réplica de Quevedo al padre Juan de Pineda. Archivum: Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, 74, 7-37.

Álvarez-Ossorio Alvariño, A. (2017). “¡Quieren los españoles definir!”: La Inmaculada Concepción y la Monarquía de España durante el siglo XVII. En P. González Tornel (Ed.), Intacta María: política y religiosidad en la España barroca (pp. 55-73). Generalitat Valenciana.

Bautista y Lugo, G. (2019). La difusión de la Inmaculada Concepción de María en la Monarquía Hispánica. Metáfora y metonimia en su historiografía. En J. J. Ruiz Ibáñez y G. Sabatini (Eds.), La Inmaculada Concepción y la Monarquía Hispánica (pp. 143-183). Fondo de Cultura Económica de España.

Bosch Moreno, V. y Mínguez Cornelles, V. (2019). El inmaculismo en el arte. En J. J. Ruiz Ibáñez, G. Sabatini y B. Vincent (Eds.), La Inmaculada Concepción y la Monarquía Hispánica (pp. 231-263). Fondo de Cultura Económica de España.

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* Facultad de Humanidades y Educación, Universidad Católica de Ávila. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Investigador del Instituto Español de Historia Eclesiástica, Roma. Correspondencia: Universidad Católica de Ávila, C/ Canteros, s/n. 05005 Ávila, España. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9483-6866. E-mail: jantonio.calvo@ucavila.es

1 La literatura científica al respecto es muy amplia (Callado, 2000, 2008; Domínguez y Sánchez, 2010; Martínez Medina, 2019; Navarro Sorní, 2017; Peirats, 2023, 2025; Pérez Camarma, 2017; Reyes, 2001). Resulta interesante recorrer la interpretación teológica que vinculaba las figuras de Eva y María, nueva Eva, en un camino que arranca en la baja Edad Media hispánica (Alemany, 2021; Martos, 2024; Mocholí, 2025). Sobre la relación de los jesuitas andaluces del siglo XVII con los debates teológicos, también existen algunos trabajos concretos (Escandell, 2007). Para un contexto historiográfico más amplio, véanse otros estudios contemporáneos (Calvo, 2021a).

2 Puede completarse la información en numerosas obras monográficas y artículos de investigación (Álvarez-Ossorio, 2017; Bautista y Lugo, 2019; Brunet, 2019; González Tornel, 2017b, Pardo, 2019; Ruiz-Gálvez, 2018; Ruiz Ibáñez, 2018; Schaub, 2019; Ruiz y Sabatini, 2019; Perarnau, 2023). También existen algunos trabajos que se refieren a su representación plástica (Pascual Chenel, 2013). Incluso, algunos interpretaron que el conflicto teológico tuvo una raíz política (Campese Gallego, 2012). El posicionamiento inmaculista hispánico fue un fenómeno global, que alcanzó también a los poderes locales, a las cofradías y a las universidades de la Monarquía Católica (Callado, 2008; Labarga García, 2004; Rubio Muñoz, 2020; Vázquez Janeiro, 1995).

3 Sobre la expresión social de la causa inmaculista, se han pronunciado muchos autores (Callado, 2012; Campos y Fernández de Sevilla, 2005; Domínguez Guzmán, 2001; González Tornel, 2017c; Perarnau, 2023; Ruiz y Sabatini, 2019; Sanz Serrano, 2008); también en Italia (Lanzafame, 2007), Portugal, conectado con España a través del beato Amadeo da Silva y, sobre todo, de su hermana santa Beatriz de Silva (Lázaro Pulido, 2019), e Hispanoamérica (Merluzzi, Sabatini y Tudini, 2022).

4 Sobre la producción artística, pueden verse los trabajos de Pablo González Tornel (2016, 2017a, 2020, 2021), también en relación con la literatura inmaculista (González Tornel, 2018). Existen otros estudios sobre la expresión artística del inmaculismo (Bosch y Mínguez, 2019; Cartagena García-Alcaraz, 2018; Mínguez Cornelles, 2017; Rimelque, 2018) y sobre su reflejo en la literatura de la Modernidad hispánica (Duarte Lueiro, 2025; Garau Amengual, 2025; Jiménez Calvo de León, 2021; Martos, 2022), lenguaje artístico que se tradujo, con cierta libertad, en los territorios de Hispanoamérica (Merluzzi, Sabatini y Tudini, 2022). El horizonte intelectual de la Monarquía Católica, después de la magna canonización de 1622, no fue ajeno a otras expresiones teológicas, políticas, sociales y culturales, como la devoción a la eucaristía (Pascual Chenel, 2013; Sánchez Sánchez, 2022) o la promoción de algunos santos, como Fernando III (Calvo, 2018, 2021b; Sánchez e Illescas, 2019) o Fernando de Contreras (Quiles, 2021), entre otros.

5 La literatura científica sobre Mateo Vázquez de Leca es relativamente importante, con una obra fundamental ya clásica (Hazañas, 1918). Sus devociones a las grandes decisiones teológicas del siglo XVII español (eucaristía, Inmaculada, Cristo de cuatro clavos, san Fernando, beato Contreras) no pasaron desapercibidas para sus contemporáneos. En los últimos años, ha ocupado el interés del profesor Antonio González Polvillo (2009-2010, 2022), de la Universidad de Sevilla, y del profesor Pablo González Tornel (2024), de la Universidad Jaime I, director del Museu de Belles Arts, de Valencia; con otros trabajos, también relevantes, sobre este autor (Quiles, 2021; Romero, 2022).

6 Para un estudio completo del padre Juan de Pineda, jesuita, puede verse el trabajo de Olivares (1988). No debe confundirse con Juan de Pineda o Juan Pérez de Pineda (Montilla, Córdoba, ca. 1495-París, 1566), biblista, que pronto se vinculó a la reforma protestante; con el franciscano Juan de Pineda (Medina del Campo, Valladolid, ca. 1520-1599); ni con el agustino Juan de Pineda y Mendoza, capitán del ejército español (Sevilla, 1520-Nasca, Perú, 1606). Hay otros estudios parciales, como el que le dedica la profesora María José Alonso Veloso (2024), del departamento de Literatura Española de la Universidad de Santiago de Compostela en su conflictiva relación con Quevedo.

7 Pablo González Tornel (2022, 2023, 2024), en tres versiones sucesivas, antes de adentrarse en la interpretación de la Congregación de la Granada y de su liderazgo, también desde Roma, analiza los rasgos más relevantes de la vida y ministerio sacerdotal de Bernardo de Toro. Para la fecha de su nacimiento, en 1570, véase Archivo de la Embajada de España cerca de la Santa Sede, Roma [en adelante: AEECSS], leg. 440, 27r. En 1595, alcanzó el grado de bachiller en la Universidad de Sevilla, con las sucesivas licenciaturas en Filosofía y Teología, en el Colegio de la Compañía (AEECSS, leg. 440, 34r-38v). Su biblioteca, ya en Roma, fue analizada con detalle por Antonio González Polvillo (2012a) que también cita González Tornel (2024). Sobre su retrato, véase González Polvillo (2009-2010). Sobre su actividad como procurador en las causas de canonización, interesa la obra de Campese (2020).

8 González Tornel (2024, p. 19) recoge la referencia del discurso que dirigieron entonces: Biblioteca Nacional de España [en adelante: BNE], MSS/4011, 20r-23v.

9 AEECSS, leg. 435, 27r-27v, doc. 1 del anexo documental.

10 Id., 27r-27v. En adelante, para evitar el uso continuo de la indicación [Id.] los textos entrecomillados del cuerpo principal, salvo que expresamente se indique otra cosa, se referirán siempre a la nota archivística inmediata anterior, que remite en todos los casos a los documentos que pueden encontrarse completos en el anexo documental.

11 En el análisis de la Congregación de la Granada, de Sevilla, destaca la obra del historiador Antonio González Polvillo (2022), con una aproximación inicial (2009-2010) y sucesivas intervenciones sobre algunos aspectos parciales (2011, 2012a, 2012b, 2016, 2019, 2021). Pablo González Tornel (2024) ha avanzado en la interpretación de esta institución, de sus protagonistas y de las consecuencias de sus decisiones teológicas, políticas y sociales en las expresiones culturales, artísticas y literarias del siglo XVII español (2016, 2017a, 2017b, 2017c, 2018, 2021, 2022); junto a otros autores contemporáneos (Campese Gallego, 2020, 2023; Guijo, 2022, 2023).

12 AEECSS, leg. 435, 63r-63v, doc. 2 del anexo documental.

13 Juan de la Sal y Aguilar nació en Sevilla el 1 de noviembre de 1550 y fue bautizado en la parroquia de San Pedro. Estudió en la Universidad de Salamanca y alcanzó el grado de licenciado en Cánones en 1578. Consiguió un beneficio en el obispado de Cartagena, que atendió hasta su promoción, en 1603, a la sede titular de Bona in partibus infidelium, auxiliar del obispo de Sevilla. Murió el 30 de octubre de 1630 y fue enterrado en el noviciado de San Luis, de los jesuitas de Sevilla (Martín Riego, 2001, p. 365).

14 AEECSS, leg. 435, 63v: “Lo primero, por la gran afiçión que tiene a la materia; lo segundo, por la gran inteligencia que tiene de cossas de Roma de negozios y trato de cardenales; tercero, porque su santidad le conoce y le a hecho merçedes y favor antes y después de pontífice; cuarto, por la noticia excelente de la lengua italiana, lo que le haze más agradable y fácil; quinto, por la estrecha amistad que tiene con muchos cardenales, assí los españoles como otros italianos; sexto, por la estrella que tiene y feliçidad en qualquiera cosa en que pone la mano; séptimo, por tener ya noticia su magestad, y el señor duque de Lerma, y otros personajes de esa corte, de su persona y diligencia y auer estado por en otra ocasión assí señalado por su magestad para otro negozio muy graue en Roma; ocho, por la dignidad de obispo, que en Roma no se estima menos por ser de anillo antes tiene su antigüedad entre los demás obispos, aunque no sean de anillo; nueve, porque para semejante empresa no le hará estoruo ni contradiçión el señor arçobispo; diez, porque, conforme a la condiçión i ingenio del hombre y prendas que de esto tengo, pienso que tomará el negozio aficionadíssimamente y porná todo su esfuerço y honrra en la buena conclusión de él”.

15 AEECSS, leg. 435, 97r, doc. 3 del anexo documental.

16 AEECSS, leg. 435, 104r, doc. 4.

17 Existe copia en BNE, MSS/9956, H. 96r-99v. https://catalogo.bne.es/permalink/34BNE_INST/f0qo1i/alma991002103469708606.

18 BNE, MSS/9956, H. 98r: “Muy sancto padre. Al maestro fray Plácido de Tossantos, mi predicador general que a sido, de la orden de San Benito, y persona de grandes letras y partes, embío a essa corte, a los negocios que, de su relación, entenderá vuestra beatitud, que todos ellos piden breue y eficaz remedio, y me an obligado procurarlo y embiar a ello a quien solo trate de esto para que vuestra beatitud conozca las veras con que lo deseo y tenga por bien ponerle, como padre vniversal y a quien toca. Suplico a vuestra beatitud que, oyendo en esto al maestro y dándole entero crédito a lo que dixere de mi parte, se sirua mandar se mire con attención que piden materias tan importantes y que se haya en ellas la demostración que espero y combiene. Que reciuiere singular gracia y merced de vuestra beatitud, cuya muy santa persona nuestro Señor guarde y sus días acreçiente, a bueno y próspero regimiento de su vniuersal Iglesia. En San Lorenço, a diez de otubre de 1616”. El rey luego añadió de su mano: “Pues fray Plácido es persona que sabrá bien dar a entender a vuestra santidad lo que deseo que tome breue y faborable resolución en el negocio de la puríssima conceptión de nuestra Señora. No diré aquí más de lo que espero, que vuestra santidad nos a de dar a todos sus deuotos y a sí mismo, pues lo es tanto, este buen día. Y ansí lo supplico a vuestra santidad con todo el encarecimiento y veras que puedo. De vuestra santidad, muy humilde y deuoto hijo don Phelippe, por la gracia de Dios rrey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Hierusalem, de Portugal, de Nauarra, y de las Indias, etcétera, que sus muy santos pies y manos besa. El rrey. Jorge de Tomás”.

19 BNE, MSS/9956, H. 98r-98v: “Al cardenal Borja. Don Philippe, por la gracia de Dios, rrey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Hierusalén, de Portugal, de Nauarra y de las Indias, etcétera. Muy reuerendo in Christo padre cardenal, mi muy caro y muy amado amigo. Por auerse offrecido algunos negocios de mucha grauedad (98v) y importancia, tocantes al seruicio de nuestro Señor, bien vniuersal de estos mis rreynos y de las yglesias de ellos, me a parecido conveniente acudir a su reuerencia, y embiar a que le procure con su santidad, el maestro fray Plácido de Tossantos, mi predicador general que ha sido, de la orden de San Benito, persona de grandes partes, como sabéis, de cuya relación entenderéis lo que lleba a cargo. Por ser de tanta consideración, me ha parecido no se tratte por la vía ordinaria, sino que se entienda no a de salir de aý el maestro fray Plácido hasta dexallo feneçido y acauado, demás de que también ha combenido que la persona que a de trattar de esto baya de acá bien instruido en todos los puntos para que pueda satisfacer y replicar a las difficultades y dudas que aý se propusiesen, amparándose para esto de vuestra autoridad y de la diligencia y solicitud de mis agentes. Muy affectuosamente os ruego y encargo que, oyendo al maestro fray Plácido, y, dándole entera crehençia, le procuréis encaminar y disponer en las diligencias que vbiere de hazer de manera que se consiga el effecto que se pretende como cosa tam importante, haciendo vos, por vuestra parte, todas las que fueren necessarias, juzgando estos negocios por de los más importantes que se me pueden offreser y como tales los trattéis. Y hagan lo mismo mis abogados, agentes y demás ministros. Y a la persona del maestro fray Plácido honrraréis, estimaréis y acreditaréis como lo mereçe, que en ello reciuiere de bos agradable plaçer y seruicio. Y sea, muy rreuerendo cardenal, mi muy amado amigo, nuestro Señor en vuestra continua guarda y posesión. De San Lorenzo, a diez de otubre 1616. Dice el rrey, nuestro señor, de su letra y mano lo seguiente. Pues sabéis lo que deseamos, los deuotos de nuestra señora, el buen successo del negocio de su puríssima conceptión, no es menester encargaros que ayudéis y assistáis a fray Plácido con las veras que este negocio requiere, pues os tengo por tan su deuoto que sin esto lo hiciérades. Yo, el rrey. Jorge de Touar”.

20 BNE, MSS/9956, H. 98v-99r.

21 BNE, MSS/9956, H. 99v: “El rrey. Don Matheo Vázquez de Lecca, arcediano de Carmona, dignidad y canónigo en la sancta iglesia de Seuilla, y licenciado Bernardo de Toro. Yo he entendido el zelo y deuoción con que tratáis lo que toca a la puríssima conceptión de nuestra señora, y que estáis determinados a ir a Roma a proseguilo. Agradesço el pío affecto que en esto tenéis, el qual me ha parecido fauoreçer y assí escriuo al cardenal Borja, que haze oficio de mi embaxador en aquella corte, la carta que se os entregará con esta, para que os assista y ayude, honrre y fauoresca como merecéis. De San Lorenço el Real, a 4 de octubre de 1616. Yo, el rrey. Por mandado del rrey, nuestro señor, Jorge de Touar”. Existe versión italiana en BNE, MSS/9956, H. 96v. La carta adjunta, al cardenal Gaspar de de Borja, en BNE, MSS/9956, H. 99v: “Don Phelippe, por la gracia de Dios, rrey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Hierusalem, de Portugal, de Nauarra y de las Indias, etcétera. Muy reuerendo en Christo padre cardenal, mi muy caro y amado amigo. Don Matheo Vázquez de Lecca, arcediano de Carmona y canónigo de la sancta iglesia de Seuilla, y licenciado Bernardo de Toro, predicador en ella, se han puesto a ir a essa corte a tratar con su santidad lo que toda a la purissima conceptión de nuestra señora y a aduertir algunas cosas particulares de parte de su perlado y iglesia y, aunque embío a ello al maestro fray Plácido de Tossantos, mi predicador, me ha parecido acompañar con esta a los dichos arcediano y licenciado Toro, y rogaros y encargaros, como lo hago muy affectuosamente, que, hauiéndolos oýdo, los assistáis y ayudéis en lo que se os ofreciere y pareciere justo y combeniente para negocio tan pío como el que van a trattar, honrrándolos y fauoreciéndolos como mereçen sus personas. Llegado aý don Balthasar de Zúniga, le encargaréis lo mismo de parte que, en ello, reciuiré de uso agradable plaçer y seruicio. Y sea muy reuerendo cardenal mi muy amado amigo nuestro Señor en vuestra continua guarda y protectión. De San Lorenzo el Real, a 4 de octubre de 1616. Yo, el rrey. Por mandado de nuestro señor, Jorge de Touar”. La versión italiana, en BNE, MSS/9956, H. 97r. Se conservan cuatro cartas del cardenal Gaspar de Borja y Velasco dirigidas a Bernardo de Toro (AEECSS, leg. 438, de 1634-1636, 626r y 676r; leg. 439, de 1637-1643, 190r y 281r.

22 BNE, MSS/9956, H. 99r. La versión italiana, en BNE, MSS/9956, H. 96r.

23 BNE, MSS/9956, H. 99r. La versión italiana, en BNE, MSS/9956, H. 96r-96v.

24 Los juramentos inmaculistas se sucedieron en villas y ciudades, en catedrales y universidades, por toda la geografía de la Monarquía Hispánica. Las referencias historiográficas son muy numerosas (Callado, 2008; González Tornel, 2017b; Labarga García, 2004; Pascual Chenel, 2013; Riquelme, 2018; Rubio Muñoz, 2020; Sanz Serrano, 2008; Vázquez Janeiro, 1995).

25 AEECSS, leg. 435, 125r-125v, doc. 5 del anexo documental.

26 Antes de entrar en “los efectos que a causado esta nueua”, que expresó por carta “familiarmente a un padre de Madrid” e hizo copiar para remitirla a Roma, reiteró su deseo de tener en sus manos el breve pontificio “para ver las palabras con que asienta la parte de la verdadera opinión y algunas otras menudencias que se ofrecerán al que la leerá con atención y buen deseo”. Además, dejó constancia del interés del “señor arçobispo”, que “trata de hazer oficio proprio de las otauas de esta fiesta”, unido al juramento de la ciudad (Domínguez Guzmán, 2001; Martínez Medina, 2017).

27 AEECSS, leg. 435, 126r-126v, doc. 6.

28 En AEECSS, leg. 435, 126r, Pineda suprimió un largo párrafo sobre el atentado que sufrió la iglesia de los dominicos de Sevilla: “Quebrauan a pedradas las puertas de la iglesia. Salieron dos o tres legos con garrotes a echarlos y, temiendo más concurso y uiolencia del pueblo, el marqués de Ayamonte y su gente, que estauan allí junto, les velaron y guardaron toda la noche. En la calle de la Sierpe, golpeando la puerta de vn portugués, confitero, los que allí andauan, pensó el dicho que se la quebrauan. Defiende con vna alabarda. En viendo que se defendía, apellidan contra el perro tomista. El caso fue que, no se sabe cómo ni cómo no, el hombre se halló en la plaça de San Francisco sin alauarda, arrastrado y descalabrado, y boluió a su casa como pudo, y no como quisiera”.

29 Se conservan, al menos, tres cartas del arzobispo Pedro de Castro y Quiñones al doctor Bernardo de Toro durante su pontificado sevillano, entre 1610 y 1623 (AEECSS, leg. 435, 57r, 69r, 86r). El pontificado granadino de arzobispo Castro (1589-1610) estuvo marcado por el supuesto descubrimiento de las reliquias de san Cecilio y la construcción de la abadía del Sacromonte, de raíces marcadamente inmaculistas. En relación con este capítulo del inmaculismo granadino, existen algunos trabajos (Martínez Medina, 2002, 2017; Peinado, 2013, 2015). Tenemos documentadas las cartas que recibió el doctor Toro de Diego de Guzmán y Haro, arzobispo de Sevilla entre 1625 y 1631 (AEECSS, leg. 436, 370r, 465r, 498r). Sin embargo, no tenemos ninguna constancia de la posible relación de Bernardo Toro con el arzobispo Luis Fernández de Córdoba en su efímero pontificado sevillano (1624-1625).

30 Las cartas de Mateo Vázquez de Leca, arcediano de Carmona, al doctor Bernardo de Toro se conservan, también, en el archivo de la embajada (AEECSS, leg. 435, de 1615-1626, 417r, 423r, 439r, 483, 555r; leg. 436, de 1627-1630, 47r, 284r, 541r; leg. 437, de 1631-1633, 118r, 132r, 135r, 269r, 321r, 345r, 356r, 393r, 394r, 486r, 529r; y leg. 438, de 1634-1636, 18r, 120r, 160r, 611r, 647r).

31 AEECSS, leg. 435, 490r-490v.

32 Al regresar a Sevilla, Vázquez de Leca inició una campaña de promoción de la causa de la que dejó constancia Pineda en su carta del 12 de agosto de 1626: “Quiere estampar y repartir gratis un quaderno que tendrá diez o doze pliegos de papel, sacado de un libro mayor que a hecho un padre de Alcalá, Juan Baptista de Poza, intitulado Elucidarium Virginis. El quaderno solo trata de la concepción puntos particulares, como de nueuas ponderaciones de estos últimos breues, del estado que oy tiene esta deuoción, del que tendrá solo con el discurso del tiempo, etcétera” (AEECSS, leg. 435, 490v). Se conservan cuatro cartas de Juan Bautista de Poza a Bernardo de Toro entre 1627 y 1630 (AEECSS, leg. 436, 223r, 259r, 291r, 354r).

33 El apoyo de Felipe IV, aunque menos activo que el su predecesor, no careció de importancia para mantener la Monarquía Católica como valedora indiscutible de la causa inmaculista (Álvarez-Ossorio, 2017; Bautista y Lugo, 2019; Brunet, 2019; Pascual Chenel, 2013; Pérez Camarma, 2017; Ruiz y Sabatini, 2019; Ruiz-Gálvez, 2018; Schaub, 2019).

34 AEECSS, leg. 435, 513r-513v.

35 AEECSS, leg. 435, 513r. Le dijo, sinceramente: “En medio de esto, veo lo que es necessario para la decencia exterior y reputación de la causa y agencia. Haré en esto quanto me será possible y alcançaren mis fuerças e industria. Bolueré a hablar de nueuo al señor arcediano y a Gregorio Muñoz de Medrano y pienso hablar a otros de aquella parcialidad y aunque guardaré lo secreto y lo particular de ello, sacaré proposiciones por mayor que den ánimo y buenas esperanças para ayudar a la causa y a quien tan de veras y tan fielmente la trata”.

36 AEECSS, leg. 436, 293r-293v. Pineda, autor de la biografía principal de Fernando III que se entregó en la documentación de la causa, no entró en mayores explicaciones: “Las conueniencias, circunstancias y modo de execución yremos auisando y comunicando frequentemente. Esto solo sirue de auiso y de que vuestra merced lo encomiende a Nuestro Señor y me encomiende al mismo, y espere las cartas de su magestad. Y ahora reciba vuestra merced con esta mía la del señor patriarca”. La obra de Pineda (1627), en Archivo Apostólico Vaticano, Sagrada Congregación de Ritos [en adelante: AAV, Riti], Processus 1107, con una traducción jurada al italiano en AAV, Riti, Processus 1106 (Calvo, 2018, 2021b). Cabe un análisis más complejo de la relación que tanto Pineda como Toro mantuvieron con el cardenal Gabriel de Trejo y Paniagua. En el archivo de Bernardo de Toro, entre 1627, en que Trejo fuera nombrado presidente del Consejo de Castilla, y 1630, en que murió, se conservan, al menos, veintiocho cartas del cardenal (AEECSS, leg. 436, 16r, 29r, 40r, 52r, 66r, 74r, 87r, 111r, 128r, 129r, 144r, 149r, 170r, 178r, 194r, 209r, 225r, 233r, 252r, 261r, 316r, 347r, 349r, 357r, 358r, 382r, 402r, 516r).

37 AEECSS, leg. 437, 80r-80v: “O, mi señor doctor; y si yo pudiese seruir a vuestra merced como lo merece y como yo lo deseo, sin duda no desearía vuestra merced nada ni tendría la justa quexa y falta de lo necessario que tiene. Mas, ¿qué hacemos, señor? que nada puedo ni en nada tengo mano, ni en nada de lo que toca al santo rey don Fernando, más que vuestra merced, porque, si no lo a por enojo, aunque me dicen que tienen ya concluido con la plenaria, por no pagar al notario están los papeles y recaudos oluidados en un rincón de un escritorio, debaxo de llaue, para quando Dios fuere seruido”.

38 AEECSS, leg. 437, 80r: “El señor don Mateo comiença a cuidar ahora de las informaciones y memoria de un santo clérigo, Fulano de Contreras, que a 80 o 100 años que pasó, y está enterrado en esta iglesia. Y creo que ya no cura tanto de sus niños expuestos. Siempre ocupado en buenas obras y nunca en unas mismas”. Fernando de Contreras (1470-1548) fue un clérigo sevillano que se distinguió por su piedad entre los pobres y apestados de Sevilla, con riesgo de su vida, por su predicación y elocuencia que suscitó el interés, entre otros, de Teresa Enríquez, y por su actividad en el rescate de los cautivos de Argel, donde realizó muchos viajes en medio de las complejas relaciones internacionales del momento (Quiles, 2021).

39 AEECSS, leg. 437, 317r-317v.

40 En la transcripción de los textos, con algunas pequeñas variantes, se han respetado las indicaciones y criterios de la Comisión Internacional de Diplomática (1984, pp. 19-64) y Millares (1983, pp. IX-XXIII). En particular, se han desarrollado las abreviaturas, sin indicar qué letras han sido restituidas; se han adaptado a las necesidades actuales del discurso las mayúsculas, los signos de puntuación y acentuación, y la separación de palabras, respetando las y, v, u, la repetición de letras y el empleo que haga el autor de las nasales antelabiales, nb o nb, respetando las mb y mb existentes. La n palatal con signo de abreviación se transcribe como ñ, respetando las nn cuando aparezcan. Los xp de origen griego se desarrollan por chr. El signo tironiano y otros signos especiales con valor de conjunción copulativa se desarrollan como e, salvo que expresamente se utilice et, que se respeta. Se han respetado, asimismo, el uso de x por j; de ç por c o z; de z por c; de qu por c; de u por v, evitando la adaptación a los criterios ortográficos actuales en el empleo o ausencia de otras letras, como las h y las f, salvo cuando la lectura pudiera representar dificultades importantes de interpretación.

41 De otra mano, excepto la firma, que es original de Juan de Pineda.

42 Vid. la referencia, por contraposición, en Lc 18,1.

43 De mano de Juan de Pineda.

44 De otra mano, excepto el último párrafo y la firma.

45 La expresión latina, aquí versionada, dice: ne Hercules quidem adversus duos, es decir, que ni siquiera Hércules lucha contra dos a la vez.

46 De mano de Juan de Pineda.