SCIO: Revista de Filosofía

Buscador

ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN. MISCELÁNEA

VOCES ÉTICAS Y EDUCACIÓN EN TIEMPOS VELOCES

ETHICAL VOICES AND EDUCATION IN FAST TIMES

Dr. Carlos María Moreno Pérez*

Fechas de recepción y aceptación: 8 de noviembre y 1 de diciembre de 2023

DOI: https://doi.org/10.46583/scio_2023.25.1135

“¿Qué es lo que confiere a un hombre o a una mujer el poder
para enseñar a otro ser humano? ¿Dónde está la fuente de su autoridad?”
(George Steiner, Lecciones de los maestros)

Resumen: Este es artículo es una reflexión en torno a la sociedad VUCA y BANI en la que nos hallamos inmersos. Tras caracterizar a una y otra, se describe las dos crisis que han marcado a esta sociedad: la primera, es la crisis económico-financiera del 2008 y, la segunda, es la crisis que generó la COVID-19 (2019). A estas dos, se le unía otra subyacente, en la sociedad, que es la llamada “crisis de valores” que alcanzó a distintas partes de la sociedad. También, se describe cómo en las últimas dos décadas se ha agravado una crisis medio ambiental que se está produciendo a escala mundial. Además, a estas dos crisis, se añade una crisis geopolítica de alcance imprevisibles, para el conjunto, de la población mundial que se refleja en la invasión por parte de Rusia de Ucrania y el agravado conflicto palestino-israelí con las consecuencias que tienen tanto una como la otra en la población mundial. El impacto de esta situación que se refleja en la sociedad lleva al autor a plantearse su impacto en las personas, en las distintas partes implicadas en la tarea de educar y el reflejo/la necesidad de unas voces éticas en la Educación.

Palabras clave: sociedad VICA, sociedad BANI, voces éticas, educación.

Abstract: This article is a reflection on the VUCA and BANI society in which we find ourselves immersed. After characterizing one and the other, the two crises that have marked this society are described: the first, is the economic-financial crisis of 2008 and the second is the crisis that generated COVID-19 (2019). These two were joined by another underlying one, in society, which is the so-called “crisis of values” that reached different parts of society. Also, the article describes how in the last two decades an environmental crisis that is occurring on a global scale has worsened. Furthermore, to these two crises, there is added a geopolitical one crisis of unforeseeable scope, for the entire world population, which is reflected in Russia’s invasion of Ukraine and the aggravated Palestinian-Israeli conflict with the consequences that have both a like the other in the world population. The impact of this situation that is reflected in society, leads the author to consider its impact on people, on the different parties involved in the task of educating and the reflection/need for ethical voices in Education.

Keywords: VICAS’ society, BANI’ society, ethical voices, education.

1. INTRODUCCIÓN

Muchos estarán, seguramente, de acuerdo en caracterizar la sociedad actual como una sociedad de alta velocidad. Si se nos permite, una sociedad AVE, montada efectivamente en un tren de alta velocidad. Los cambios son tantos y se producen en tan poco espacio de tiempo y, además, a un ritmo tan vertiginoso que, con razón, se ha dicho que lo único que permanece es el cambio continuo: “…lo único cierto en la vida es el cambio, sea para bien o para mal”. (Sonnenfeld, 2018, 16)

Fue el Cuerpo de Guerra del Ejército de los Estados Unidos de América quien en el contexto mundial anterior a 1980 y dentro que lo durante décadas se denominó “la guerra fría” quien se refirió, a la sociedad occidental de aquel momento, con el acrónimo VUCA -volatility, uncertainty, complexity y ambiguity- que caracterizaba a aquella sociedad. Fueron muchos los autores, entre otros, el filósofo José Antonio Marina, quienes recogieron aquel acrónimo traducido al castellano como VICA, esto es, volátil, incierta, compleja y ambigua. Ha habido otros autores que han caracterizado a nuestras sociedades con distintos calificativos, entre los que tuvieron mayor impacto, la propuesta de Bauman (2003), que entendía que la nuestra era una modernidad, una sociedad “líquida”. Otros como el sociólogo alemán Bude (2014) que la calificaba como una sociedad del “miedo” o como el pensador francés Lipovetzsky (2008) que escribió sobre una sociedad “decepcionada”. Seguramente, uno de los pensadores hoy más leído sino el que más, a nivel mundial, es Byung Chul-Han (2012), quien la ha calificado como “la sociedad del cansancio” (2012) En nuestro entorno español, más cercano, quizás, la obra de Torralba (2018) que nos habla de un mundo ‘volátil’ y entrando en el mundo de la educación que nos ocupará más adelante, la obra de Royo (2017) que califica la sociedad como ‘gaseosa’.

A aquella descripción de las sociedades occidentales como VICA, a partir de 2008, se le superpuso otra caracterización de la sociedad, de acrónimo, BANI. En esta ocasión, el antropólogo norteamericano, Janais Cascio, en su artículo Facing the Age of Chaos, la describió como BANI, entendiendo que la sociedad occidental es una sociedad britle, anxious, non-lineal e incomprehensible. En su traducción al castellano, podría ser: quebradiza, ansiosa, no-lineal (disruptiva) e incomprensible y/o impredecible. Si por un momento, se para a reflexionar sobre estos calificativos y se mira atentamente a nuestro alrededor, quizás, sí se pudiera decir que nuestra sociedad contemporánea es una sociedad que se mueve por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad donde parece que se ha perdido “todo lo que era sólido” (Muñoz Molina, 2013). Otro tanto de lo mismo sucede, si se para atención, al acrónimo BANI que, dada su cercanía en el tiempo, nos afecta, más directamente. Las cuestiones se ‘disparan’: ¿Es nuestra sociedad “quebradiza”? ¿“Ansiosa”? ¿“No-lineal”? ¿“Incomprensible”? A nuestro entender, los dos acrónimos tanto VICA como BANI están vigentes, en nuestra contemporaneidad, porque se superponen el uno con el otro. Recapitulando el significado de ambos, se resumiría en ocho calificativos, a saber, una sociedad veloz, incierta, cambiante, ambigua, quebradiza, ansiosa, no-lineal (disruptiva), incomprensible y/o impredecible. Y, ciertamente, si se aceptan estos ocho calificativos que describen la sociedad como su marco referencial, los interrogantes que se suscitan vienen acompañados con verdaderas cargas de profundidad para lo que, realmente, nos interesa: “las voces éticas y la educación”.

No se puede negar que las dos grandes ‘crisis’ que se ha vivido, en los últimos años, una, ha sido de carácter económico-financiero (2008) y, la otra, de salud (2019) y ambas a escala mundial. Estas dos crisis, casi contiguas en el tiempo, (cuando parecía que se salía de una, se entraba en la otra…) acentuaron quizás, otra crisis subyacente en la sociedad y a la que, habitualmente, se hacía referencia como una “crisis de valores”. Esta crisis afectaba a distintos ámbitos que vertebran a una sociedad como son, entre otros, la familia, la juventud (rápidamente -y, a veces, injustamente- señalada), instituciones sociales, administrativas o partidos políticos. Esta crisis de “valores” derivó en una crisis social porque impregnó a la sociedad en su conjunto.

La segunda crisis, la trajo la COVID-19 (diciembre, 2019), la pandemia mundial. No hará falta mucho esfuerzo -creemos- para recordar lo que esa pandemia trajo a nuestros hogares, familias, países y, también, en todo el mundo. De hecho, se podría, afirmar que ralentizó y paralizó el mundo y a casi toda de la población mundial se le truncó la vida ‘normal’ que, hasta ese momento, llevaba. Nos permitiremos un único ejemplo educativo como pequeña muestra de los muchos que se podrían poner y que puede ser ilustrativo por sus implicaciones y consecuencias ‘a posteriori’: los niños se quedaron sin salir al patio, sin recreo. ¿Se ha pensado, por un instante, qué implicaciones, consecuencias tuvo ‘a posteriori’ en algunos infantes esta realidad en la rutina normal de un colegio?

La pandemia, sabemos bien, trajo mucha desolación, mucho dolor y mucho sufrimiento. ¿Cuánto desgarro puede haber cuando un hijo no se puede despedir de su madre, padre… o un abuelo, o un marido… en definitiva, cuando alguien -sea quien sea- no puede despedirse de un ser querido? Porque, a muchos, las circunstancias de la COVID-19 se lo impidieron. Quizás, se recuerde aquella pregunta recurrente en tiempos de pandemia, ¿qué pasará cuando se recobre la ‘normalidad’ o haya una ‘nueva’ normalidad (que son los tiempos actuales)? ¿Se habrá aprendido? (¡Ojo! De educación, de enseñar y de aprender) Puede que con Morin (2020) hallamos sacado algunas lecciones de aquellos momentos. Que, efectivamente, se halla aprendido de aquellas dos crisis. O puede que no. La respuesta está en cada uno de nosotros, en nuestras familias, en nuestras escuelas y añádase lo que se quiera, en definitiva, en la sociedad. ¿Hemos aprendido de lo vivido? Otra vez, insistimos, el aprendizaje tiene que ver con la educación.

Ambas crisis -la económica-financiera y la de la salud- han venido acompañadas por otras dos crisis que afectan, directa o indirectamente, al conjunto de la población mundial. La primera, es la crisis climática o medio ambiental que estamos viviendo que se manifiesta con virulencia en algunas partes de planeta, por ejemplo, con catástrofes naturales o con la más que evidente escasez de agua, en cada vez, más lugares no sólo de España sino del resto del mundo. La segunda crisis es geopolítica que, hoy en día, tiene a su vez dos focos de atención. El primero, es la invasión de Rusia en Ucrania con todas las implicaciones que una guerra, de este cariz, está afectando a buena parte del mundo. Para muestra un botón: la dificultad de dar salida de al denominado ‘granero’ del mundo que es Ucrania con los riesgos de alimentación que conlleva para algunas partes del mundo. Y, el segundo foco, el más “reciente” - ¡oh paradoja! porque lleva más de treinta años-, el llamado “conflicto palestino-israelí” -más exactamente entre Israel y Hamás-, cuya espiral de violencia, cuando se escriben estas líneas, no hace sino aumentar.

2. REVISIÓN DE LA LITERATURA Y REFLEXIÓN

No se ha pretendido caracterizar la sociedad actual con pesimismo sino con realismo señalando algunas de las circunstancias, realidades que llegan “de allí de allá” hasta el momento actual. Pocos están a salvo de lo que afecta a tantas partes del mundo. Las distintas generaciones, en los últimos quince años, se han visto imbuidas por estas crisis sucesivas que ha afectado a toda la sociedad en sus distintos ámbitos. ¿Recordamos, por un momento, que la crisis económico-financiera puso en dificultades a muchos países y a familias enteras? ¿Cuánto sufrimiento trajo consigo la COVID-19? ¿Nos hemos olvidado de que, los colegios y las Universidades, tuvieron que dar un vuelco de 360º en su metodología educativa? ¿Se tiene presente que hubo un impulso -de la necesidad se hizo virtud- del trabajo online? Son tantos los ejemplos y las situaciones que se podrían detallar que, quizás, sí, la sociedad es más “quebradiza”, más fácil de romper, más “vulnerable”: “…la vulnerabilidad es la expresión fundamental de la condición humana” (Seguró, 2021, 14) menos resiliente. Quizás, porque, efectivamente, hay más “ansiedad” fruto de una sociedad estresada, esa patología que el DSM IV TR describe como: “…aparición de síntomas emocionales que sobreviven dentro de los tres meses posteriores a un factor estresante”. (DSM IV TR) (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales)

Una vez apuntados algunos de los rasgos de la sociedad de nuestros días, las preguntas que se nos plantean abarcan tres realidades fundamentales que son: primera, las personas; segunda, las organizaciones y, tercera, la ética que está presente en las organizaciones y en las personas. En esta ocasión, nos interesan, sobre todo, las voces éticas de aquellos lugares donde se forman y ejercen maestros y profesorado, esto es, las Universidades con sus Facultades de Educación, Escuelas de Formación del Profesorado, Escuelas de Maestros, los colegios y los institutos. Las cuestiones que van surgiendo en el texto, giran en torno, precisamente, a las personas, a las organizaciones educativas y a la concreción de la ética en la formación y en el ejercicio profesional, en contextos determinados, y dentro de una sociedad VUCA y BANI.

En la sociedad actual, muchas personas y, también, muchas organizaciones se siguen preguntando: “¿Ética?” “¿Por qué?” “¿Para qué?”. La sociedad post-post-post moderna trasladó el asunto de la ética -sea cual sea esa ética- a la mera subjetividad. La ética es, para muchos, un asunto estrictamente personal, de cada cual y, por tanto, corresponde a cada uno decidir qué ética -si es que la hay- y si se convierte o no, en principio rector de su vida. En muchas organizaciones educativas, pasa otro tanto de lo mismo. La ética, si la hay, se tiñe de valores. En ocasiones, guiadas, sin duda, por la buena fe y convirtiendo esos valores en una mera declaración de intenciones. Esta realidad, también, se puede encontrar, en organizaciones que no son del ámbito educativo. Gentile (2012) ha hecho un esfuerzo encomiable por dar voz a los valores en las organizaciones.

En el fondo de estas apreciaciones que trasladan la ética a un asunto personal y/o a una cuestión de marketing, subyace un cierto relativismo o escepticismo sostenido en la libertad de cada cual, bien sea la de una organización o la de una persona. Se le añade la dificultad real de construir, conjuntamente, -siempre desde la libertad- una ética compartida, en común, a los integrantes de una organización educativa específica con el trasfondo de esta sociedad VUCA y BANI. Todo ello sumado, suele llevar a la pregunta por la utilidad de la ética, impregnando de un utilitarismo el quehacer educativo, las decisiones a tomar, las acciones a emprender de muchos centros educativos en los que se abarcan distintas etapas educativas.

Fernando Savater (San Sebastián, 1947) planteó, hace ya más de diez años, una Ética de urgencia (2012). Aquella obra estaba en la línea de otras dos obras anteriores -y Política para Amador (1992) y Ética para Amador (1998)- que tuvieron muy buena acogida de público en sucesivas ediciones. Sin embargo, en Ética de urgencia, Savater utilizó una metodología diferente que no fue otra más que ‘pisar el terreno’ educativo conversando con alumnos de dos centros educativos. Así lo escribe en la Presentación del libro: “El presente libro no es una obra directamente escrita por mí, sino la transcripción cuidadosa y selectiva de coloquios que he mantenido en dos centros de enseñanza (...) agradecer su colaboración a los alumnos de los institutos San Isidro y Montserrat de Madrid y Virgen del Pilar de Zaragoza…” (2012, 6)

Entrar en diálogo directo con los alumnos es una manera estupenda, a nuestro entender, de conocer parte de la realidad, la del alumnado, de lo que se ‘cuece’ en el terreno educativo en aquellos temas como la misma educación, la verdad o la libertad y la autenticidad, susceptibles de ser analizados desde una perspectiva ética. Algunos de estos temas han preocupado a la Humanidad desde que el hombre empezó a interrogarse por sí mismo y su entorno más cercano. La urgencia viene en plantearlos, de nuevo hoy, en y por el contexto que se vive en la sociedad. No se pueden dejar de lado algunas preguntas que nos atañen como personas dedicadas a la educación, como organizaciones educativas, como sociedad que ha de tener, en la educación, uno de sus pilares fundamentales. La ética es, al menos, teóricamente, también, una invitación a pararse y reflexionar para, después, actuar consecuente y coherentemente. En palabras de Savater: “...la ética se ocupa de las cosas que duran, que no se van del todo, que permanecen, de aquello que siglo tras siglo sigue siendo importante para los seres humanos” (2012,1). Quizás, como el propio Savater escribe son “las preguntas de la vida” (1999) reformuladas constantemente, por personas concretas en momentos históricos diferentes. Las preguntas de la vida que alcanzan a las personas que son padres, maestros, profesores, a los alumnos, a cualquier persona que quiera llevar una vida con sentido (Frankl, 1979) o una “vida lograda” al decir de Llano (2002) Una de ellas es, sin duda, la pregunta por la educación. ¿Qué educación ofrecer? ¿Con qué metodología? ¿Con qué finalidad o finalidades educativas? Sin perder de vista, claro está, el entorno específico donde se va a aplicar esa educación.

Existen dos realidades actuales que entran aparente en contradicción, entre sí, aunque prefiramos decir en ‘diálogo’ entre sí: por un lado, el cambio permanente y, por otro, la ética que permanece en el tiempo. Lo que nos cuestionamos es cómo afectan estas dos realidades a personas que están recibiendo una educación, a las organizaciones educativas y a las voces éticas que se manifiestan dentro de un contexto educativo.

2.1. Sobre las personas

Julián Marías (Valladolid, 1914-Madrid, 2005) tiene una obra breve que tituló Persona. En el inicio del prólogo de esta obra afirma lo siguiente: “Este libro intenta comprender la realidad más importante de este mundo, a la vez la más misteriosa y elusiva, y clave de toda comprensión efectiva: la persona humana” (Marías, 1999, 6) Y, sí, hay algo de misterio y elusivo en las personas. Sí que hay ‘algo’ que siempre se escapa a la comprensión o a la aprehensión por el hecho de ser personas. Y cuando se hace mención a personas, ¿de quiénes se está hablando? La referencia es a todas las personas que forman o se están formando, que educan o están educando. También, a aquellas personas que entran en relación y que participan, en poca o mucha medida, en el proceso educativo. En concreto, a los niños desde 0-3 cuando se inician en el jardín de infancia hasta donde dure la formación de cualquier profesional de la educación o en relación -directa o indirecta- con la educación: maestros, profesores de colegio, de Universidad o padres. También, hay que tener en cuenta a toda aquella persona que incide -si se quiere, indirectamente- en el entorno educativo como el personal de administración y servicios, pero en ocasiones, también ‘decisivas’ por el ‘clima organizativo’ o el ‘ambiente’ que se pueda generar. Y la pregunta general que se plantea es, ¿qué ética para estos niños y adolescentes, jóvenes, maestros, profesores y personal de administración? ¿Qué ética implementar en un entorno organizativo educativo concreto? Aceptemos que las personas tengan (o no) su ética individual, pero, en cualquier caso, habrá que ‘bajar ‘al terreno de realidades y entornos concretos para intentar responder a esta pregunta múltiple con tantas variables. Habrá que mirar, con detalle, los itinerarios curriculares por etapas educativas; habrá que tener en cuenta lo que la escuela, el colegio, el instituto o Universidad ha decidido (si lo ha hecho) llevar a cabo en su práctica diaria y de qué manera, con qué metodología, soportes y recursos. Una labor tan ingente como apasionante, por esencial, dado que aborda -permítasenos la reiteración- la ‘esencia’, ‘la razón de ser’, la ‘misión’, el ‘propósito’ de personas y organizaciones educativas.

2.2. Sobre las organizaciones educativas

Este es un mudo de organizaciones. Desde el momento que ponemos los pies en el suelo cuando nos levantamos estamos ‘rodeados’ de organizaciones. ¿O no hay una organización que fabricó con unos determinados materiales -otras organizaciones- el grifo que abrimos (el agua la canalizan otras organizaciones) para ducharnos? Y, así, a poco que nos paremos a pensar, nos saldría una lista infinita de organizaciones tan sólo arrancar el día.

Aquí, nos referimos a dos tipos de organizaciones educativas y las dos tanto a nivel ‘macro’ como a nivel ‘micro’. Pensamos en el centro educativo a nivel ‘macro’: desde 0-3, si lo hubiere, hasta bachillerato; desde el primer curso de carrera hasta el máster de especialización, programas de perfeccionamiento o doctorados. A nivel ‘micro’ nos interesa el aula, en concreto, ya sea tanto un aula de P3 (tercero de primaria) como una clase de último año de estudios universitarios. Las segundas organizaciones son las familias formadas por varón y mujer entendidas a nivel ‘macro’ como una Institución que vertebra a la sociedad, pero también, a nivel ‘micro’ en cuanto lo que sucede, éticamente hablando, en el seno de cada familia. También, en tanto y en cuanto, las familias ‘entran’ en la escuela y participan, en alguna medida, de la escuela, el colegio o el instituto.

Nos preguntamos, sobre todo, qué voces éticas se escuchan en los distintos ámbitos educativos: ya sea en casa, en los centros educativos o la Universidad. ¿Qué voces éticas son esas? ¿Qué dicen? ¿Cómo lo dicen? ¿A qué resuenan? ¿Hasta dónde llega su eco? ¿Qué alcance tienen las voces concretas de un niño, de un adolescente, de un joven, de una maestra, de un profesor universitario, de un padre o una madre?

2.3. Sobre la voz ética

Hay voces éticas que nos vienen del pasado y que llegan hasta la actualidad. Voces que, hoy en día, siguen escuchándose reinterpretadas, repensadas desde el momento actual. En un breve repaso a la Historia de la Ética como el realizado por Camps (2013), se podrían reconocer algunas de esas voces que llegan hasta nuestros días. Son voces del pasado pero que aún llenan corazones y cabezas de lo que se hace, diariamente, en un centro educativo, aunque a veces, no haya mucha consciencia de ello. Sin embargo, la manera de ser, pensar y hacer en el ejercicio profesional se sostiene, en parte, por el diálogo que se entabla con ellas. Esas voces éticas están presentes en organizaciones educativas y personas. Por ejemplo, cuando en un colegio o en una familia -se conozca o no la ‘voz’ de Aristóteles- se expresa la necesidad de formar el carácter de un niño, ¿no resuena la voz aristotélica? ¿No nos llega, también, la voz de El Estagirita cuando alguien se refiere a organizaciones o personas virtuosas? Pero existen, además, otras muchas otras voces muy relevantes de ayer y de hoy. Cada centro educativo puede traer, hoy en día, aquellas voces que considere mejores para su propósito educativo.

Las voces éticas más relevantes serán, sin duda, las voces de los maestros en el aula; las voces del profesorado en las clases; la voz del colegio, la del instituto o de la Universidad, las de la familia y, también, las de todos aquellos que intervienen en la tarea de educar. Así mismo, las voces de los niños, de los adolescentes y de los estudiantes universitarios, de los doctorandos, que se impregnan de esa coral de voces éticas: en casa, en el colegio, con sus amigos. Tampoco hay que desdeñar aquellas voces, quizás, más lejanas pero presentes como un rumor de fondo- tantas veces muy ruidoso que impiden una escucha una veraz y sincera -entre distintas voces- y que están relacionadas con el entorno más inmediato como el barrio, el distrito, el pueblo o la ciudad. Las tan decisivas, hoy, en la ‘formación’ de niños y jóvenes como todas aquellas diseminadas a través de las redes sociales y en los mass media. Las voces públicas que manifiestan pareceres y comportamientos. Voces éticas (algunas) que se entremezclan con otras más estridentes y que van calando, incesantemente, en los educandos.

¿No hay que tener en cuenta todas esas voces? ¿No hay que escuchar bien -prestar atención- a su contenido ético? ¿Y si en esa voz no hay ética o apenas la hay? ¿Qué sucede si en el maestro o en el profesor no hay ética o se reduce a un asunto personal? ¿Qué hacer si pasa algo parecido con unos padres? ¿Qué sucede si en un centro educativo la ética no está presente en la acción diaria y, si lo está, es ‘únicamente’ en el ‘proyecto educativo’ pero en la realidad concreta, la de cada día, ‘brilla por su ausencia’? ¿Cómo conjugar las múltiples y diferentes voces éticas (o no, pero que, al fin y al cabo, son también, voces) que intervienen en la educación?

La ética tiene que ver, efectivamente, con la educación del carácter para intentar que las personas sean más felices y justas. Las personas tienen esa “pretensión” de felicidad (Marías, 1987, 37) y entiéndase por felicidad lo que se considere como tal. Los maestros, los profesores, los padres, los colegios quieren, también, la felicidad de sus alumnos, de sus hijos, ¿o no es así? Ese anhelo de felicidad es una aspiración humana. Y, como los maestros saben bien, la felicidad o el ‘bienestar’ -mejor, el ‘bien ser’- de los niños, su formación y la consolidación de un carácter tienen un papel predominante. Y, en este punto, vale la pena recordar las palabras de Aranguren (1979, 21-22) en su referencia a Zubiri:

“...sin embargo, es la acepción más usual de êthos la que, según toda la tradición filosófica a partir de Aristóteles, atañe directamente a la ética. Según ella, significa “modo de ser” o “carácter”. Xavier Zubiri ha precisado esta significación con las siguientes palabras: “El vocablo êthos tiene un sentido infinitamente más amplio que el que hoy damos a la palabra ‘ética’. Lo ético comprende, ante todo, las disposiciones del hombre en la vida, su carácter, sus costumbres y, naturalmente, también lo moral. En realidad, se podría traducir por ‘modo o forma de vida’ en el sentido hondo de la palabra, a diferencia de la simple manera”.

Nos preguntamos, ¿en qué ‘modo’ o ‘forma de vida’ -ética- se quiere educar a nuestros alumnos, a nuestros hijos?

La justicia (Sandel, 2013) entra, también, en la acción educativa. ¿No es pretensión de justicia cuando una escuela, desde edades tempranas en el aula o unos padres en casa, fomentan, por ejemplo, la solidaridad o la caridad? ¿No es necesaria la ética, también, para cuidar al ‘otro’, al próximo, al prójimo? En un mundo globalizado como el actual, ¿no ha de ayudar la ética a analizar y comprender esta sociedad VUCA y BANI? La ética es, también, tener ‘cuidado’, cuidar y cultivar unos comportamientos que nos acerquen a los demás. “…el cuidado implica afecto, acompañamiento, cercanía, respeto, empatía con la persona a la que hay que cuidar” (Camps, 2021,14) Empezando por uno mismo, añadimos. ¿No es la educación, también, cultivarse, cuidar y cuidarse?, ¿cómo cuidar si no nos cuidamos?, ¿no se ha de cuidar y cultivar la ética, en la concreción diaria de la educación sea en la escuela, en la Universidad o en casa?, ¿no sirve la ética para fomentar acciones de colaboración donde el foco está puesto en educar personas competentes? Al decir de García y Riu (2014), en formar ciudadanos competentes, ¿a través de ‘competencias’? ¿No anima la ética a la cooperación donde sumar es más importante que restar, donde ‘nosotros’ es siempre más que ‘yo’? ¿No se busca ‘el bien común’ aquel que trasciende la mera individualidad?

La ética es, para cada persona, parte de su propia biografía, de una vida compartida -en casa, en la escuela, en la Universidad- donde se construyen vínculos de distinta intensidad fundamentados en el respeto mutuo (Sennett, 2003) y en la compasión. También, la ética ha de ayudar a llevar una buena vida: “La buena vida es el arte de hacer lo que hay que hacer y evitar lo que hay que evitar. Dicho así, parece tarea sencilla y de Perogrullo, pero en realidad nada más difícil que llevar las riendas de uno mismo” (Ayllón, 2000,19) Pero, para ello, hay que “hacer lo que hay que hacer” y “evitar lo que hay que evitar”. La ética ayuda a tener criterio, a discernir, aquello que realmente hay que hacer. Por tanto, es un deber ético -aunque ya Lipovetsky (1994) ya anunció, hace unos años, “el crepúsculo del deber”- educar, además, en las obligaciones, en que aquello que “liga” o “ata” a los educandos a sí mismos y a los demás. Educar en los ‘deberes’, en la responsabilidad y en las obligaciones a los educandos es una buena vía para construir una sociedad mejor. Si fuéramos capaces de poner ‘los deberes’ a nivel de los derechos, seguramente, seríamos una sociedad más justa, más libre.

2.4. La concreción de las voces éticas

La voz ética es coral. Tomaremos el ejemplo de una coral como metáfora para explicar mejor la concreción de las voces éticas. Estas son las voces de los maestros y profesores, de los padres y las familias, de las escuelas, los colegios y las Universidades. Todas ellas configuran distintas corales que, en su totalidad, son (parte de) la sociedad. Tomemos, por ejemplo, la ‘coral’ de los maestros. Está integrada por diferentes personas, singulares en cuanto tienen una ética personal (si la tienen) pero que se muestra en su manera de ser, hacer y actuar en un día cualquiera en el centro educativo. En esa metafórica ‘coral de maestros’ cada integrante de la misma pone ‘en solfa’ su ética (si la hay y si no, su ‘ausencia’) a la hora de ‘cantar’. Todos ellos tengan veintidós (recién graduados) o sesenta años cuatro (a punto de jubilación), ya tienen -eso sí- una vida ya recorrida, una biografía donde han intervenido o intervienen otras personas que les han ‘formateado’ -permítasenos la expresión informática-, desde su libertad (Savater, 2003). Esto que se podría mantener de cualquier miembro de una coral, trasládese a cada uno de sus integrantes. Una serie de personas cantando juntas, cada una con su voz propia en color, intensidad, tono, fuerza... y entre todos conseguir ‘la mejor versión’ conjunta. Sí, es cierto, en algún momento, alguno de ellos, tomará ‘la voz cantante’. Sí, también, es cierto, habrá un director que intentará llevarlos a cada uno y a todos, en su conjunto, a la mejor interpretación posible desde sus propias singularidades. Sí, habrá un público escuchándolos que les aplaudirán, patearán o silbarán. Sí, al salir del auditorio habrá un eco de lo que ha sido su actuación. Sirva esta metáfora para explicar la multiplicidad de las voces y su concreción ética.

¿No tiene cada maestro o profesor una ética personal? ¿No ha sido elaborada a través de su propia vida (ya) escrita -bio-grafía- hasta el momento presente? Esa maestra, ¿no ha recibido ya una educación al entrar en esa ‘coral’ que es la escuela, el instituto, el colegio, la Universidad? Entra con su ética y, además, con su propia versión susceptible de ser mejorada por el conjunto, por ejemplo, de la etapa correspondiente o del colegio. Y con esa voz ética armonizada (o no) con una ‘coral’ de secundaria o bachiller, entra en la clase a educar. Las voces éticas se armonizan y entremezclan para ser una y diversas en el aula o en la clase.

¿No sucede otro tanto con los padres o en las familias? ¿No tiene la madre o el padre una voz ética singular compartida en su matrimonio? ¿No se ha formado esa voz con su propia biografía familiar, escolar, social? ¿No lleva su voz ética a la AMPA del colegio? ¿No la lleva a las tutorías con maestros y profesores? ¿No resuena su voz ética en la elección de carrera de sus hijos? Las voces éticas de los padres son múltiples, de distintas tonalidades, graves o agudas, bajas o altas… y esas voces éticas intervienen, decisivamente, en la educación de sus hijos, por activa o pasiva, por acción u omisión como la de los maestros. Como, también, la de los colegios, los institutos, las universidades. Cada uno de ellos, con su voz, a la vez, propia y diferenciada de la de los demás. Esa voz se encuentra escrita en su proyecto: escuela privada, concertada o pública; se encuentra en su biografía de cinco o cincuenta años; se encuentra escrita en un barrio concreto, en un pueblo o en el distrito de una ciudad. Pero, sobre todo, la voz ética de la escuela, del colegio o la Universidad se escribe cada día, en la concreción o no, en la suma de las corales que ‘cantan’ cada día, formando un todo armónico para conseguir la mejor versión, como se dice hoy en día, de cada uno bajo una dirección determinada. Las voces éticas surgen, en la concreción diaria, de la suma integrada de las singularidades en un conjunto que es la propia escuela, el colegio o la Universidad. Y en ese ‘conjunto’ -mejor- ‘comunidad’ es fundamental la alienación entre el ‘proyecto’ educativo y las voces singulares -sean de maestros o padres- que se unen a ese proyecto.

¿Qué ética? Hay que dejar espacio a la libertad, a la participación, a la escucha, por tanto, al diálogo, al respeto por lo singular y por lo distinto (Han, 2017). Y se entiende diálogo con Magris (2008,16): “Diálogo significa ponerse en tela de juicio, luchar por las ideas de uno, pero están dispuestos, en principio a dejarse convencer, si las tesis del adversario resultasen lógicamente fecundas y humanamente más auténticas”.

Si se buscaran los espacios de libertad se habrían de encontrar en el aula, en los equipos, en los proyectos educativos, en el AMPA. Como afirma Melendo (1999,65): “Educarnos, crecer como personas, es aprender a ser más libres, aquilatar la categoría de nuestra libertad, amar -¡poder amar!- más y mejor” o, como afirma Sogas: “...intercanviar impressions i ana teixint complicitats que esdeven vincles afectius entre alumnes, mestres i famílies” (Sogas en Relats, 2013, 75).1

¿No se diría algo similar con relación al respeto? ¿No sería el respeto la base de toda relación? ¿Entre los maestros entre sí? ¿Entre padres y maestros? ¿Entre profesores? ¿Con los estudiantes? ¿Los alumnos entre sí? Como sostiene Sennett (2003, 213): “El respeto es un comportamiento expresivo. Esto quiere decir que tratar a los demás con respeto no es algo que simplemente ocurra sin más, ni siquiera con la mejor voluntad del mundo; transmitir respeto es encontrar las palabras y los gestos que permiten al otro no sólo sentirlo, sino sentirlo con convicción”. ¿Cuáles son las palabras y los gestos diarios en las voces éticas? Sabemos bien que hay gestos y palabras que alejan del respeto y otros, otras que lo aproximan.

2.5. De sistemas y procedimientos (poco o nada éticos)

No habría que dejar de lado o atrás los sueños. Los sueños de transformación y mejora de la ética en todo el proceso educativo. No hay que renunciar a la voz ética propia ni a aquella que brota de un proyecto educativo compartido. Pero tampoco se puede pretender abarcar todo. Habrá que tomar decisiones. Decidir prioridades para concretar en un curso escolar, en un año académico con un plan a medio y largo plazo donde intervengan todas las voces éticas singulares y que den profundidad a un proyecto, en común, de calado.

¿Quién no quiere en su escuela, colegio o Universidad maestros o profesores, por ejemplo, comprometidos con un proyecto en común? ¿Quién no quiere padres implicados con la educación de sus hijos? ¿Quién no quiere relaciones respetuosas entre los agentes educativos intervinientes? Y, en ocasiones, lo que impide a las distintas voces éticas tener salida son los sistemas y procedimientos que se han creado para el funcionamiento de un determinado proyecto educativo. En ocasiones, lo que impide que se oiga una voz ética es un sistema o procedimiento, poco o nada, ético. Existen sistemas perversos que dificultan el desarrollo ético normal de las personas. Procedimientos que son un obstáculo, que impiden dar salida a la expresividad de voces éticas que solo están esperando el desbloqueo de maneras de hacer que dificultan avanzar en lo propio y en lo común.

No se entrará ahora en el tema de los valores. Es mucho ya lo que se ha discutido, investigado y escrito sobre un asunto que, sin duda, tiene especial relevancia en y para la educación. No se va a negar. Pero, sí, creemos que hay que dar un cambio de rumbo, un viraje en una temática que, en cierta medida, ya está, al menos teóricamente, ‘agotada’. Quizás, haya que dar un vuelco decidido y tomar la virtud tal como la planteaba Aristóteles como ese ‘hábito operativo’ que permite a la persona encaminarse hacia la excelencia y a una organización devenir virtuosa. La virtud la entendemos, sobre todo, como carácter tal como, desde otra posición, la entiende Sennett (2000, 10):

“El carácter se centra en particular en el aspecto duradero, “a largo plazo”, de nuestra experiencia emocional. El carácter se expresa por la lealtad y el compromiso mutuo, bien a través de la búsqueda de objetivos a largo plazo, bien por la práctica de postergar la satisfacción de un objetivo futuro. De la confusión de sentimientos en que todos vivimos en un momento cualquiera, intentamos sostener y salvar algunos; estos sentimientos ostensibles serán los que sirvan a nuestro carácter. El carácter se relaciona con rasgos personales que valoramos y por los que queremos ser valorados”.

En esta conceptualización del carácter se encuentra la voz ética de cada persona. Por tanto, en el carácter se definen dos “e”. La “e” de ética, de la voz ética. Y la “e”, de la emoción. Donde la ética, sobre todo, da voz a una racionalidad que se fundamenta en la libertad y la voluntad individual y que quiere ser comunicativa, ‘relacional’, además de racional. Y, la segunda “e”, la “e” de emoción es donde la persona desde su interior, le mueve (e-moción=movimiento hacia afuera) unas emociones determinadas y a las que hay que ‘gobernar’. (Camps, 2011) Unas emociones que se concretan en comportamientos concretos, por ejemplo, dentro de la clase o en el seno de las familias. Esas emociones -reiteramos, ‘movimiento’ de dentro hacia afuera- marcan la acción educativa como maestro, como madre o padre y que tienen sus raíces en la relación que se mantiene consigo mismo -inteligencia interpersonal- y en la relación con los demás -inteligencia intrapersonal-, dos de las inteligencias múltiples que defiende Howard Gardner (1998) profesor de Educación en Harvard y que se armonizan con la racionalidad de la ética. No se puede olvidar, como sostiene Spaeman, que la persona -cualquier persona- “es tanto un adentro y un afuera” (Spaeman, 2000, 57)

El carácter emerge de esa voz que surge de unas emociones internas que se manifiestan en múltiples relaciones y que, consecuentemente, hacen de la persona que es maestra o padre ‘competente’ -todavía mejor, capaz- en cuanto que sabe escuchar su voz ética que surge del interior y la expresa, externamente, en su acción educativa como maestro o madre. En la concreción externa, en las palabras y en los gestos, la racionalidad ética tamiza esas emociones a través de la razón individual y de la razón de un proyecto educativo compartido.

3. CONCLUSIONES

La tarea por la ética es urgente en tiempos veloces. Como lo es dar respuestas anti-VUCA y BANI en la acción educativa, sea el nivel que sea, en todo el proceso educativo. ¿Se tendrá en cuenta el entorno VUCA y BANI? Por supuesto, hay que partir de él. Pero la labor, tan ingente como maravillosa, de dedicarse (en cuerpo y alma) a la educación, desde fundamentos éticos, es elemento crítico para transformar la sociedad. Seguimos creyendo en la posibilidad de una sociedad mejor a través de la educación y la ética. Para ello, un elemento fundamental será la voz ética propia y la voz ética de proyectos educativos que se hagan oír discreta pero eficazmente en estos tiempos veloces en los que todos -familias, escuelas, colegios, universidades- se hallan inmersos. El reto es tan hermoso como crucial. Las creencias necesitan de la concreción para no quedarse en meras buenas intenciones. Los proyectos educativos se han de llenar de realidades concretas. En esto reside la urgencia, también, de voces éticas en la educación. La ética está en el para qué, pero sin duda, en el qué y en el cómo.

Educar es emocionar desde y con las voces éticas. La voz ética más potente es la voz de la ejemplaridad. La tarea educativa siempre es una labor inacabada. Frente a la velocidad, proponemos el sosiego, la serenidad y la calma porque como afirma Han (2013, posición 462): “Es obscena la hiperaceleración, que ya no es realmente motora y no lleva a nada”. Los tiempos educativos requieren tranquilidad. Frente a la incertidumbre, atrevámonos a ofrecer certidumbres sentadas en principios que acerquen al ser humano a su naturaleza que ayuden a convivir (Marina, 2006), que insten a la fraternidad (Papa Francisco, 2020), a la libertad (Berlin, 2004), a la justicia (Sandel, 2013). Cada voz ética deberá decidir cómo. Frente a los cambios, se propone que cada centro educativo averigüe a cuáles tiene que adaptarse y a cuáles no. Cierta estabilidad es, también, imprescindible para mantenerse en tierra firme. Frente a la ambigüedad, se propone claridad donde la doble moral no tiene cabida.

¿Cómo afrontar una sociedad BANI? Frente a la quiebra apostamos por recuperar la unidad y unicidad de personas y de las organizaciones educativas. Saber que una organización educativa es un todo sistémico y que habrá que descubrir su ‘unicidad’ por única y diferencial. Toda organización educativa ha de ser ‘única’ y diferencial respecto a las demás. En ello, consiste la libertad y la complejidad. Frente a la ansiedad se precisa sosiego, cierta calma, aún mejor, una serenidad tal como la entiende Sonnenfeld (2018, 99): “La serenidad no es consecuencia de llevar una vida sin tensiones, sin problemas de ningún género. No se trata de “tener la vida resuelta”, como se suele decir, sino de tener un corazón enamorado, que se sabe ilusionar y entusiasmar con los retos grandes o pequeños de cada día”. O, puede, que hasta algo de lentitud: “Los profesores lentos actúan con propósito, tomándose tiempo para deliberar, reflexionar y dialogar, cultivando la resiliencia emocional e intelectual…” (Beg y Seeber, 2022, 41) La educación tiene sus ritmos pausados, vivaces, alegres. ¿Cómo educar sino? ¿Cómo han de surgir voces éticas si hay ansiedad, premura o angustia?

Se ha de recuperar cierta linealidad, cierta continuidad y estabilidad. La disrupción puede estar muy bien si hay que dar, en un momento preciso, un cambio de dirección, de sentido, pero la disrupción continua solo lleva al sobresalto, a la desazón. Agita, pero no resuelve. Se ha de hacer un esfuerzo, además, por comprender, por aprehender. Uno de los retos actuales es mantener la capacidad de comprender, lo que no se comprende, intentar asir lo que se nos escapa.

La educación y la ética requieren de un tiempo largo, espacios concretos, corazones generosos y mentes abiertas, la de todos aquellos que, cada día, con su voz ética -en su ser y hacer, con su ejemplo- procuran una educación mejor para llegar a los corazones y a las mentes de sus educandos. Porque se quiere personas curiosas por el conocimiento, alegres, buenas personas que busquen el bien del otro para construir, entre todos, una educación mejor, una mejor sociedad, ¿no es así? Esta es tan solo una reflexión sobre las voces éticas y la educación en tiempos veloces. Estamos seguros de que muchos otros se animarán a contribuir con otras reflexiones para llevarlas al ‘día a día’ de la educación, con los educandos, que es donde el reto se presenta acuciante sea en el colegio, en la Universidad o en la familia. Es una labor de todos porque con la educación se tiene la posibilidad de generar un futuro mejor para el conjunto de la sociedad.

Desde el nacimiento de un ser vivo en el seno de una familia y a lo largo de toda su vida va escuchando multiplicidad de voces éticas. Algunas de ellas, a nuestro entender, son decisivas como la de sus padres, maestros o profesores. La educación en la familia y, a lo largo de la trayectoria educativa y formativa de una persona, es factor crítico para el desarrollo natural e integral de un ser humano. La educación es pilar fundamental para una sociedad, para un país y es indicador del desarrollo del propio país. Siempre es, en parte, una tarea hecha y, en parte, una labor por hacer. En ese quehacer (-¿qué hacer?-) la armonía entre las distintas voces éticas -sobre todo, las que se escuchan en la familia y las que se presentan durante la formación educativa de un individuo, son esenciales. Más llanamente: familia e instituciones educativas han de ir alineadas en la educación ética de cualquier individuo. Lo contrario, produciría disonancias en la persona a (al) ser educada.

Dentro de la tradición del pensamiento occidental de la que se nutre nuestra sociedad, el pensamiento aristotélico en su Ética a Nicómaco, en su Política y en su Metafísica, a nuestro entender y sin menoscabo de otras voces muy sugerentes e interesantes como, por ejemplo, la de Rousseau, Kant o Habermas, -decimos- que la voz ética de Aristóteles es fundamental como sostén y referente en la tan apasionante como compleja tarea de educar, de formar a la persona en la familia o en la institución educativa en la que se halle en un momento preciso de su devenir vital.

Somos conscientes que este artículo abre cuestiones y no ofrece respuestas. Tan solo quisimos poner, de nuevo, ‘encima de la mesa’ la importancia de las voces éticas para la educación de las personas en el contexto de la sociedad en la que vivimos.

REFERENCIAS

Aranguren, J. L. (1979, 7ªed.) Ética. Alianza Universidad.

Ayllón, J.L. (2000). La buena vida. Una propuesta ética. Martínez Roca.

Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.

Berg, M. y Seeber, B. (2022). The Slow Professor. Desafiando la cultura de la rapidez en la academia. Acompañado de Slow Humanities. Un manifiesto. Universidad de Granada.

Berlin, I. (2004). Cuatro ensayos sobre la libertad. Alianza Editorial.

Bude, H. (2017). La sociedad del miedo. Herder.

Camps, V. (2021). Tiempo de Cuidados. Otra forma de estar en el mundo. Arpa.

Camps, V. (2013). Breve Historia de la ética. RBA.

Cascio, J. https://medium.com/@cascio/facing-the-age-of-chaos-b00687b1f51d

DSMIV TR, Ansiedad. htpps://psiquiatria.com.

Han, Byung-Chul (2012). La sociedad del cansancio. Herder.

Chul-Han, B. (2013). La sociedad de la transparencia. Herder.

Gardner, H. (1998). Las inteligencias múltiples. Paidós.

Gentile, M. C. (2012). Dar voz a los valores. Proteus.

Frankl, V. (1997). El hombre en busca de sentido. Herder.

Han, Byung-Chul. (2013). La sociedad de la transparencia. Barcelona.

Han, Byung-Chul. (2017). La expulsión de lo distinto. Percepción y comunicación en la sociedad actual. Herder.

Lipovetsky, G. (2008). La sociedad de la decepción. Anagrama.

Lipovetsky, G. (1994). El crepúsculo del deber. La ética indolora en tiempos democráticos. Anagrama.

Llano, A. (2002). La vida lograda. Ariel.

Marías, J. (1996). Persona. Alianza Editorial.

Marina, J. A. (2006. Aprender a convivir. Ariel.

Melendo, T. (1999). Las dimensiones de la persona. Palabra.

Morin, E. (2020). Cambiemos de vía. Lecciones de la pandemia. Paidós.

Muñoz Molina, A. (2013). Todo cuanto era sólido. Seix Barral.

Relats, V. (Coord.) (2013). Què vol dir ser mestre avui? Reflexions al voltant del compromís ètic del professorat. Fundació Jaume Bofill.

Royo, A. (2017). La sociedad gaseosa. Plataforma editorial.

Papa Francisco (2020). Fratelli Tutti, Sobre la fraternidad y la amistad social. Palabra.

Sandel, M. J. (2013). Justicia. ¿Hacemos lo que debemos? Debolsillo.

Savater, F. (1992). Política para Amador. Ariel.

Savater, F. (1998). Ética para Amador. Ariel.

Savater, F. (1999). Las preguntas de la vida. Ariel.

Savater, F. (2003). El valor de elegir. Ariel.

Savater, F. (2012). Ética de urgencia. Ariel.

Seguró, M. (2021). Vulnerabilidad. Herder.

Sennett, R. (1998). La corrosión del carácter. Las consecuencias profesionales del trabajo en el nuevo capitalismo. Anagrama.

Sennett, R. (2003). El respeto. Sobre la dignidad del hombre en un mundo de desigualdades. Anagrama.

Sonnenfeld, A. (2018). Serenidad. La sabiduría de gobernarse. Rialp.

Spaemann, R. (2002). Personas. Acerca de la distinción entre “algo” y “alguien”.: EUNSA.

Steiner, G. (2004). Lecciones de los maestros. Siruela.

Torralba, F. (2018). Un mundo volátil. Cómo sobrevivir en un mundo incierto e inestable. Kairós.

*Universitat Ramon Llull, c. Císter, 34. 08022 Barcelona.

carlosmp@blanquerna.url.edu

1 “...intercambiar impresiones e ir tejiendo complicidades que se conviertan en vínculos afectivos entre alumnos, maestros y familias” (La traducción es nuestra)