David García-Ramos Gallego1
La reciente publicación de este libro del profesor Julen Carreño, dedicado a la obra fílmica del director de cine John Ford, tiene dos características que nos invitan a celebrarla. La primera es que se suma a la empresa que iniciaran hace más de una década José Sanmartín Esplugues y José Alfredo Peris Cancio, la de contribuir a la filosofía desde el cine y con el cine, posibilitando y dando inicio a lo que ya podemos denominar sin ambages escuela de personalismo fílmico. No se suma de cualquier manera, lo hace además de la mano de la obra del que podríamos considerar uno de los padres del cinematógrafo, no solo en lo temporal —hay que resaltar la atención que Carreño le da a la época silente de Ford, de manera exhaustiva en las hasta ahora ocho publicaciones de la web de la Red de investigaciones filosóficas José Sanmartín Esplugues (https://proyectoscio.ucv.es/john-ford/)—, sino también en lo formal y estilístico. A las figuras de Leo McCarey, Frank Capra y Gregory La Cava podemos sumar ahora la de John Ford, algo que el lector y el cinéfilo, sin duda agradecerán, pero lo hará más aún el filósofo, pues se ve así confirmada la intuición central del personalismo fílmico: el valor de la persona en tanto valor relacional —ser una persona entre otras— frente a los solipsismos y callejones sin salida de la modernidad y del idealismo radicales.
La segunda característica, que es la que interesa para una reseña como esta, es el hecho de que se trata de un libro claro y bien estructurado ante lo que podría parecer una “tarea inasumible”, dados los casi 150 largometrajes realizados por Ford y la “abundante literatura” en ámbitos “aparentemente dispares”. Eso hace que mayor el mérito porque no sucumbe a la tentación de decirlo todo ni a la de “sentar cátedra” —aunque lo hace de la mejor de las maneras posibles, con la contribución humilde de su trabajo a una tarea colectiva e interpersonal, la del personalismo fílmico como escuela—. Permítanme enumerar y dar cuenta de algunas de las características del trabajo que aquí reseñamos que lo van a convertir en referencia obligada para fordianos y cinéfilos.
Se trata de un texto claro y bien estructurado. Los cinco capítulos que componen el libro2 se despliegan con claridad y de manera progresiva, sin saltos ni sobresaltos, pero tampoco sin aburrir o repetir. No es un compendio de la literatura especializada, que no falta, sino que propone una lectura y una síntesis que destilan un excelente licor. El capítulo sobre el personalismo fílmico amplía y desarrolla las ideas y propuestas previas, planteadas por los profesores Peris, Sanmartín, Marco o el propio Burgos. Se cierra el capítulo con una primera lectura de Ford desde el personalismo fílmico.
El segundo capítulo presenta al hombre John Ford. Se trataba de un capítulo difícil de abordar para el especialista por dos motivos. Por un lado, porque la literatura biográfica y académica sobre John Ford es casi inabordable. Carreño no solo la aborda casi toda —al menos la más relevante—, sino que la integra en su lectura de un modo magistral. La clave que le permite hacerlo es el segundo motivo: la vida —y su obra en el sentido de “obrador de películas”— de Ford se integra en su obra —en el sentido de su producción artística— de manera natural si se lee desde la perspectiva personalista que nos acaba de ofrecer el autor en el primer capítulo. Las vidas necesitan claves interpretativas para ser leídas, narradas, relatadas. La clave, el tono, el pitch, que hay en este libro conecta todas sus partes de manera orgánica. Contar la vida de Ford no es, de este modo, un mero apartado por el que se tiene que pasar, sino un elemento necesario para poder entender el conjunto del libro precisamente en clave personalista —que, como el autor tratará de demostrar, es la clave que mejor revela las tonalidades y matices de una obra tan extensa como compleja—. La claridad y la estructura adecuada se muestran ya desde el segundo capítulo.
El capítulo tercero nos ofrece los prolegómenos de los textos filosófico-fílmicos del corpus fordiano. Son solo los prolegómenos, pero para aquel que tenga ganas de profundizar en un trabajo del que esta publicación es solo la puerta de entrada, le invitamos a seguir las publicaciones que van a ir apareciendo de manera digital en https://proyectoscio.ucv.es/john-ford/. Estos prolegómenos constituyen, pues, un sólo un aperitivo. Tenemos la esperanza de poder ir disfrutando en los años que siguen, a medida que el profesor Carreño vaya decantando sus entregas, una lectura personalista de la filmografía completa de Ford. El análisis de cada film se presenta en dos apartados. En el primero, titulado “contexto”, el autor hace gala del profundo conocimiento de la literatura sobre la filmografía de Ford, así como de todas sus películas y del cine contemporáneo al estreno de las mismas. Si bien confiesa al comienzo del capítulo que en los criterios de selección del corpus se han dado cita, entre otros, motivos temáticos, no podemos sospechar que se trate de un sesgo del autor —el de seleccionar sólo aquellas películas que confirmen la hipótesis y dejar de lado las que no lo hagan—, sino que, al contrario, estamos convencidos de que lo que encuentra en estas películas es probable que aparezca de un modo u otro en el resto de la filmografía. Lo que está claro es que el segundo apartado, el dedicado a la trama, al presentar de manera objetiva y sistemática el contenido de las películas que conforman el corpus, que aparezcan esos temas personalistas —la relacionalidad en el centro del desarrollo de los argumentos, las imágenes, las tramas— le va a parecer al lector algo de todo punto evidente.
Los capítulos cuarto y quinto van a elaborar en dos tiempos el arco personalista que lleva desde el descubrimiento de lo relacional “yo-tú” a lo social “nosotros”, de reconocimiento del otro, fundamento de toda posible relacionalidad, al sacrificio por el otro, al deber hacia el otro —hacia el bien común—, fundamento de lo social entendido como un notros. Es en estos capítulos donde, con las herramientas que ha presentado en los anteriores, va a proceder a la “lectura” de las películas que forman parte del corpus propuesto. La lectura no es el texto filosófico fílmico que ha propuesto en el capítulo tercero, no ha de confundirse con él. La lectura en sentido caveliano, tal y como muestra Carreño en las páginas 344-346 de su monografía, es nada más y nada menos que el comienzo de una conversación que nos auguramos larga: conversar sobre cine para no decir siempre lo mismo, sino convidados y conectados —realmente— por una afectividad cuidadosa que nos invita a tomarnos en serio precisamente algo que puede parecer intrascendente, hablar de cine.
Una lectura apresurada puede dar la impresión, falsa, de que se trata de la lectura de dos de las películas importantes de Ford, a saber, The Quiet Man (1952) para el cuarto capítulo, y The Grapes of Wrath (1940) para el quinto, y que a esta doble lectura de una filme central se suman como adornos el comentario de otras películas “menores”. Es un error porque hace Carreño algo que es siempre de agradecer: lee los textos —las películas en este caso— en su contexto, relacional también, y afectivo, con otras películas de Ford. Esta relacionalidad y afectividad de las películas no se debe sólo a la lectura atenta de Julen Carreño, sino que se encuentra también en las propias películas, como si quisieran demostrar hasta en eso que la clave personalista es fundamental. Por eso invitamos al lector a leer con atención las páginas dedicadas a la filmografía supuestamente “menor” o menos conocida del gran público, pues es precisamente en ellas donde se van a encontrar las confirmaciones y claves que apuntalen, justifiquen y validen la lectura personalista propuesta. Esta es, tal vez, la esencia del método aplicado con diligencia por el autor.
Hay dos elementos más que abundan en esa claridad y estructura adecuada que quería demostrar en esta reseña: el apartado titulado “Recapitulación” con el que el autor ha querido cerrar cada capítulo. Lejos de ser un simple resumen o un esquema de lo dicho, se trata de una destilación y relectura de lo dicho en el capítulo para colocarlo en el contexto más amplio de la lectura personalista que el autor se propone con este libro. El segundo elemento son las figuras que ilustran y esquematizan, precisamente, esa destilación de ideas y conceptos, sin caer en la trampa del sistema, pero sin renunciar a intentar representar algo que sin duda se encuentra detrás de la pasión con la que Carreño ha escrito estas páginas: la del encuentro con unas imágenes y unas historias, las del cine de Ford, que convierten dicho encuentro en un encuentro fascinado y fascinante del que el extenso libro que acabamos de reseñar es testimonio.
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1 Universidad Católica de Valencia. david.garcia@ucv.es
2 Dejo a un lado la introducción, puesto que, si bien cumple su función introductoria a la perfección, revela el origen del libro en la magistral tesis defendida por el profesor Carreño. Lo hace de manera innecesaria, desde mi punto de vista, porque lo que tenemos ante nosotros no es una tesis publicada, que no sería poca cosa, sino un libro que se lee perfectamente como ejemplo óptimo de personalismo fílmico. Que lo prologue el profesor Burgos es buena muestra de su calidad e importancia.