ANÁLISIS CRÍTICO Y PENSAMIENTO*

José Luis Luján, Universitat de les Illes Balears

A José Sanmartín Esplugues, in memoriam

Llevar razón requiere hacer claridad y hacer claridad, someter a comprobación1

GUIGUZI (siglo IV a. C.)

El propósito del presente dosier monográfico es doble. En primer lugar, mostrar algunos de los problemas y desarrollos en el contexto de lo que se conoce como “pensamiento crítico”, aunque sin hacer un uso restringido de esta expresión. Se trata de un ámbito muy amplio, así que lo que presentamos en esta compilación es solo una entre los miles de posibilidades. Afortunadamente, existe una cantidad ingente de publicaciones recientes sobre pensamiento crítico, por lo que el lector que sienta curiosidad intelectual por la selección de textos aquí incluidos, tendrá a su disposición un menú variado de publicaciones para seguir ampliando su conocimiento sobre este ámbito.2

El otro objetivo del monográfico posee un carácter claramente polemista, aunque no exclusivamente. Se trata de mostrar que una parte importante de las publicaciones de ciertos autores que pasan por ser ejemplo de análisis crítico, no sólo no lo son, sino que su modo de proceder imposibilita el necesario examen de sus tesis y propuestas. Este objetivo va más allá de lo puramente académico o intelectual, y por lo tanto es relevante socialmente. Muchos de estos autores poseen un gran impacto mediático y son encumbrados por la prensa generalista y las redes sociales como ejemplos de pensamiento crítico. Por esto, los medios de comunicación y las redes sociales, acaban difundiendo una imagen, a veces errónea, otras veces distorsionada, o como mínimo parcial de la filosofía y de las ciencias sociales. Sea por lo que fuere, los académicos que entienden la labor intelectual crítica de un modo distinto, raramente defienden su visión alternativa, nunca polemizan con los denominados pensadores, y no aparecen en el espacio público a través de los medios de comunicación. Como norma, los debates de los que la prensa se hace eco son los que se producen entre pensadores mediáticos. El resultado final es que la imagen social que existe en muchos ámbitos de las ciencias sociales y de las humanidades no es representativa de la actividad desarrollada por la mayor parte de los académicos e investigadores. Esta distorsión es especialmente nociva en momentos, como el actual, en los que se plantean reformas en la educación secundaria.

Los dos objetivos están relacionados. En los últimos años se han planteado propuestas que utilizan una gran cantidad de herramientas intelectuales, procedentes de distintas disciplinas, para analizar críticamente las argumentaciones y las presuposiciones subyacentes a discursos y prácticas. Los pensadores que utilizan altavoces mediáticos, sin embargo, parecen no necesitar dichas herramientas, y permanecen al margen de las obligaciones relativas a la justificación de sus aseveraciones. En cualquier caso, aunque no sean sujetos activos a este respecto, sus tesis sí pueden ser objeto de análisis crítico, y, de hecho, algunas lo son en este mismo monográfico.

PENSAMIENTO CRÍTICO

La expresión “pensamiento crítico” se viene utilizando desde hace ya algún tiempo para referirse a un ámbito general de investigación, antes que a una disciplina específica, y a ciertas asignaturas que se imparten, dependiendo de los sistemas educativos, tanto en la enseñanza secundaria como en la universidad. El pensamiento crítico tampoco es alguna teoría sustantiva sobre la racionalidad, ni alude a una serie de posiciones concretas en los debates teóricos, prácticos, educativos, etc. Así, de manera general podemos defender que hablar de pensamiento crítico es identificar ciertas habilidades y actitudes que permiten dar, pedir y examinar razones de manera pertinente y conforme a los estándares de los discursos o prácticas concernidos y a las obligaciones racionales presupuestas en los mismos3.

Fue el pragmatista norteamericano John Dewey quien introdujo la expresión (Dewey 2010)4. Para Dewey, se trataba de un objetivo de la educación consistente en desarrollar una actitud inquisitiva, científica, en los estudiantes. Solo por contextualizar, cabe recordar aquí que Wittgenstein, Popper, y muchos de los miembros del Círculo de Viena ejercieron como maestros o se implicaron en la defensa de reformas educativas en Austria (Stadler 2015). La propuesta de Dewey, por tanto, aparece en un contexto cultural en el que ciertos sectores intelectuales consideran que la extensión de una actitud científica en la población ayudaría a la felicidad individual y al progreso social. La idea de mejorar la sociedad mediante una educación crítica relacionada con una determinada comprensión de la ciencia formaba parte del espíritu de la época en varios países con anterioridad a la II Guerra Mundial.

Aunque los contornos del pensamiento crítico sean difusos, sí es posible elaborar un destilado que posibilite tener una idea de los temas, contenidos, técnicas o habilidades a las que se hace referencia bajo este rótulo.5 Brevemente: la caja de herramientas del pensamiento crítico suele estar constituida por la lógica deductiva, la estadística y la teoría de la probabilidad, la teoría de la decisión y de la utilidad, la economía del comportamiento, la teoría de la argumentación y el análisis del discurso, el análisis conceptual, el estudio de falacias, conocimiento psicológico respecto de los sesgos o el uso de heurísticos cognitivos. Unas herramientas son más formales y otras menos, unas están más relacionadas con lo teórico y otras con la toma de decisiones, unas provienen de teorías normativas sobre la racionalidad y otras de investigaciones empíricas sobre los procesos cognitivos.

La idea general es sencilla. Este conjunto de herramientas sirve para dos cometidos. En primer lugar, para construir de manera correcta las argumentaciones propias. Y, en segundo lugar, para analizar críticamente las argumentaciones ajenas. En los dos casos el objetivo es evitar argumentaciones defectuosas, el dogmatismo y el oscurantismo, las falacias, etc. Y los dos objetivos están relacionados: argumentar correctamente, i.e., al mostrar, de un modo u otro, la justificación de las tesis defendidas se facilita el examen crítico por parte de los demás. La interacción intelectual fructífera depende de la justificación de las distintas posiciones y de su análisis crítico.

PENSAMIENTO MEDIÁTICO

Aquí sólo quiero poner algunos ejemplos de las ideas difundidas por algunos autores que gozan de especial recepción mediática y, consecuentemente, social. Afortunadamente, existe un modo relativamente sencillo de cumplir con este objetivo. Es posible utilizar varios escritos sobre el “significado” de la pandemia de la COVID-19.6 Utilizar esta coyuntura permite además comparar los distintos mensajes que estos pensadores han tenido a bien transmitirnos.7 Algunos de estos autores pasan por ser los mejores representantes de la intelectualidad “crítica”, y reciben en los medios de comunicación una atención comparable a la de actores de éxito, estrellas del rock, futbolistas, protagonistas de espacios denominados telebasura, y líderes de opinión de redes sociales. El hecho de que a algunos académicos se les dispense esta atención mediática podría considerarse algo positivo, pero no lo es en absoluto. Afirmar que es todo lo contrario, no es una exageración.

Comencemos con una afirmación de Byung-Chul Han:

“La historia de la Humanidad es una lucha eterna contra lo divino, que resulta destruido necesariamente por lo humano. La pandemia es el resultado de la crueldad humana. Intervenimos sin piedad en el ecosistema sensible”.8

El significado de la primera frase es sencillamente ininteligible, y no guarda relación alguna con las frases siguientes. Estas son simplemente un lugar común de cierto pensamiento mágico que relaciona la pandemia con el traspase de los límites ecológicos. Ya Mary Douglas analizó críticamente este tipo de discurso arquetípico al estudiar el significado antropológico de conceptos como el de contaminación en distintas sociedades. Pero finalmente, Han no renuncia a la falsabilidad y se la juega realizando una predicción:

“El virus no detiene el avance de China. China venderá su estado de vigilancia autocrática como modelo de éxito contra la epidemia”.

Lo que Han afirma en la segunda frase es algo que ha preocupado a muchas personas, sean considerados pensadores o no. Y somos muchos los que esperamos que Han simplemente no tenga razón. Pero a Han el modelo chino no parece despertarle su sentido crítico, digamos que por lo menos no en el mismo grado en que se lo despierta la sociedad occidental. Veamos:

“Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. Parece que Europa no puede controlar la pandemia.

En comparación con Europa, ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes para combatir la pandemia? Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado”.9

Lo primero que habría que decir es que los datos sobre los efectos de la pandemia (contagios, fallecimientos, etc.), ni son fiables, ni comparables, en general, y China no ha sido muy trasparente a este respecto. En el segundo párrafo, Han sigue un venerable tipo de análisis basado en la influencia de la cultura sobre los modelos sociales y económicos, pero en su caso sin ir más allá de algunos lugares comunes sobre las diferencias entre Oriente y Occidente. Claro que España, típico país mediterráneo anárquico y desobediente, parece haber sido más disciplinado que los países del norte de Europa, y ha sido capaz de suministrar las vacunas a la población de manera ejemplar. Los tópicos y los lugares comunes también deberían ser objeto de análisis crítico.

Sólo señalar, sin ánimo de ensañamiento, que en el momento en que escribo estas líneas por Europa se puede viajar y moverse prácticamente sin restricciones, mientras que en China la estrategia de “COVID-19 cero” ha conducido al confinamiento de una ciudad como Shanghái. Han parece no haber acertado en sus predicciones, y aunque lo hubiera hecho eso no cambiaría la calidad de sus análisis.

Mientras que, para Han el coronavirus reforzará a China y su modelo social, para Slavoj Žižek, China está herida de muerte.10 Algún medio de comunicación titulaba “Han refuta a Žižek”. Pero utilizar aquí el término “refutar” simplemente no tiene ningún sentido. Han y Žižek tienen opiniones distintas sobre las consecuencias sociopolíticas globales de la pandemia, pero ninguno de ellos aporta nada a favor de sus tesis, ni evidencia, ni razones, ni argumentos. Si uno de los dos acertara, y no parece que ese vaya a ser el caso, sería simplemente una casualidad, como los aciertos de cualquier vidente.

Žižek avizora el establecimiento de un régimen neocomunista global. Lo que afirma es que la pandemia, como catástrofe global, puede generar “algún tipo de organización global que pueda controlar y regular la economía, así como limitar la soberanía de los estados nacionales cuando sea necesario”. Lo mismo defiende Morin: “El virus nos dice entonces que esta interdependencia debe dar lugar a la solidaridad humana en la conciencia de nuestro destino común”.11

Pero un nacionalista británico, brexiter y antiglobalización como John Gray lo ve de otro modo:

“Ya sea liberal o socialista, el pensamiento progresista detesta la identidad nacional con apasionada intensidad. La historia está llena de episodios que muestran cómo se puede hacer mal uso de ella. No obstante, el Estado nacional se está reafirmando como la fuerza más poderosa para conducir la acción a gran escala. Enfrentarse al virus exige un esfuerzo colectivo que no se movilizará por el bien de la humanidad”.12

Así, donde unos ven el advenimiento de la solidaridad global, otros ven la reafirmación del estado nación; unos ven el triunfo de Oriente sobre Occidente y otros el principio del fin de China. Y Yuval Noah Harari resume el conjunto de posiciones de este modo:

“En este momento de crisis enfrentamos dos opciones específicas importantes. La primera es entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano. La segunda es entre el aislamiento nacionalista y la solidaridad global”.13

Lo que es tanto como afirmar que ‘p v ¬p’, afirmación verdadera, pero no muy interesante. Harari, en cualquier caso, se apunta a la solidaridad global: “Si elegimos la solidaridad global, será una victoria no sólo contra el coronavirus, sino contra todas las futuras epidemias y crisis que podrían asaltar a la humanidad en el siglo XXI”. Lo mismo afirma Morin: “El virus nos dice entonces que esta interdependencia debe dar lugar a la solidaridad humana en la conciencia de nuestro destino común”. Un nuevo fin de la historia, por fin.

Esta necesidad de dotar de sentido a los acontecimientos contingentes14 puede conducir a consideraciones que sencillamente producen hilaridad, aunque provengan de académicos respetados en ciertos ámbitos intelectuales y políticos. Por ejemplo, Boaventura de Sousa Santos, como acabamos de ver en el caso de Morin, no parece tener problema en otorgar intenciones educadoras a un trocito de ARN15: “El virus es un pedagogo que nos está enseñando que la Madre Tierra no está satisfecha con el modelo de desarrollo que tenemos”.16

He seleccionado una muestra de lo que algunos intelectuales mediáticos han dicho sobre la pandemia. Hay muchos otros pensadores que han realizado afirmaciones más o menos similares, por lo menos en cuanto a su sustanciación. No se trata de afirmaciones correctas o incorrectas; su credibilidad depende de preferencias ideológicas previas, o de la perspicacia o clarividencia que se le asigne a quien las realiza, dado que no están basadas en la evidencia empírica, método o argumentación, modelos matemáticos, etc. Sencillamente no poseen ningún valor epistémico. Si me he referido a ellas es porque sus autores gozan de gran predicamento y son considerados como ejemplos de filósofos o científicos sociales. Lo que han escrito sobre la pandemia sirve por lo menos para evidenciar la falta de interés académico y de relevancia social de este tipo de actividad intelectual, independientemente de la atención que les deparen los medios de comunicación y las redes sociales.

MÁS ALLÁ DEL PENSAMIENTO MEDIÁTICO

El atractivo que despiertan los pensadores gurú entre ciertos sectores de la población, con la imprescindible ayuda de los medios de comunicación, es un fenómeno que requiere investigación sociológica y psicológica, como otros tipos de fenómenos similares: telepredicadores, autoayuda, consejeros espirituales o telerrealidad. Pero más allá de que sea un fenómeno objeto de la investigación científica, posee una influencia importante en la imagen pública de cierto tipo de actividad intelectual, científica o académica. Por ejemplo, Filosofía es lo que hacen Han, Žižek, etc.; y Sociología es lo que hacen Bauman, de Sousa Santos, etc. Pero el problema no es que se incluya la actividad de estos intelectuales que gozan de popularidad en la esfera pública bajo la categoría de ciencias sociales o filosofía. El problema es que al prestigiar este tipo de actividad inevitablemente se le resta valor a otro tipo de pensamiento crítico que sí podría ayudar a entender algunos problemas importantes y a ofrecer alguna mínima ayuda en su solución. Como vamos a ver inmediatamente, no se puede valorar positivamente estos dos tipos de actividad intelectual a la vez, y no es una cuestión relativa al grado de generalidad de los análisis, como podría pensarse en un principio.

Veamos un primer ejemplo a este respecto. El Premio Nobel de Economía de 2019, el que otorga el Banco de Suecia, fue concedido a Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer “por sus estudios experimentales para aliviar la pobreza global”. Estos economistas han promovido la economía experimental para investigar y evaluar políticas públicas en países en vías de desarrollo. La economía experimental se caracteriza por el uso, entre otras metodologías, de experimentos aleatorios. Se trata de una metodología que procede básicamente del ámbito de la medicina y de la farmacología, y que es generalmente considerada como la vía principal para establecer nexos causales entre variables. En este contexto, los experimentos aleatorios consisten en aplicar una política pública, como por ejemplo, el acceso a microcréditos, a un conjunto de pueblos (grupo de tratamiento), y comparar los resultados con otro conjunto de pueblos al que no se le aplica dicha política (grupo de control). Básicamente es el mismo procedimiento que se utiliza para saber si un medicamento realmente produce o no un efecto terapéutico.

Pese a que Abhijit Banerjee y Esther Duflo se han ocupado de publicar textos para divulgar los resultados de la economía experimental, y extraer las consecuencias que posee para el modo en que se han de abordar ciertos problemas relevantes de las sociedades actuales, los medios de comunicación no los califican como pensadores y prestan escasa atención a sus aportaciones.17 Parece, entonces, que Žižek, Bauman o de Sousa Santos tienen cosas más interesantes que decir sobre la posible solución de ciertos problemas sociales. Las investigaciones de Banerjee, Duflo y Kremer sirven para elaborar y evaluar políticas públicas que en algún grado pueden ayudar a enfrentar la pobreza. Sin embargo, los medios muestran una predilección por declaraciones omniabarcantes del tipo “el capitalismo mata” o “soluciones”, también omniabarcantes u holísticas, del tipo “utópico”.

Veamos otro ejemplo. El premio Nobel de Economía de 2021 se otorgó a David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens. Se valora de Card sus “contribuciones empíricas en el campo de la economía del trabajo”, y a Angrist y a Imbens sus “contribuciones metodológicas en el análisis de las relaciones causales”. A los tres se les reconoce el uso de los conocidos como experimentos naturales. Banerjee y Duflo utilizan principalmente experimentos aleatorios, pero pese a ser considerada esta como la mejor metodología para establecer relaciones causales,18 su uso no siempre es posible en el ámbito de la economía (ni de las ciencias sociales, en general). Pero sí es posible comparar los efectos de distintas políticas públicas si se analizan sus resultados cuando se produce un cambio de tales políticas, por las razones que sea. O se pueden investigar algunos fenómenos sociales cuando se producen ciertos sucesos fortuitos, por ejemplo, la llegada de inmigrantes en una zona concreta. Los experimentos aleatorizados comparan los efectos que producen los cambios de una variable mediante la intervención de los investigadores en otra variable, mientras que los experimentos naturales establecen esa comparación sin intervención de los investigadores, aprovechando algunas circunstancias como las señaladas anteriormente.

En concreto, Card utilizó uno de estos experimentos naturales para analizar el impacto del aumento del salario mínimo sobre la generación de empleo. Este es un tema de debate político continuo. Card llevó a cabo una investigación en el Estado de Nueva Jersey (EE. UU.) a principios de los años noventa del siglo pasado llegando a la conclusión de que los aumentos en el mínimo salarial “no tienen por qué conducir necesariamente a la destrucción de empleo”, como de manera generalizada se pensaba hasta entonces.19 Pese a que, la investigación de Card es directamente relevante en el debate político actual, y pese a que los trabajos de Duflo y Banerjee podrían ayudar a aliviar el sufrimiento de personas, sus trabajos merecen una atención considerablemente menor por parte de los medios de comunicación, y no se les reserva el honorífico título de pensadores.

Lo que hacen todos estos autores es ciencia social tal cual. Emplean metodologías científicas para abordar problemas concretos. Lo importante no es si son poco o muy perspicaces, sino que utilizan una metodología delimitada e identificable para analizar unos problemas definidos de manera precisa y que, en este caso, además son socialmente relevantes. Lo importante de la ciencia, frente a las panorámicas de los pensadores, es que la crítica racional es posible.20 Esta crítica analiza cuál es la justificación para, por ejemplo, utilizar esa metodología en lugar de una alternativa, si la selección de sujetos ha sido o no realmente aleatoria, si se ha producido algún tipo de sesgo, si están actuando algunos factores de confusión, si la extrapolación del experimento a la política pública está suficientemente justificada, si ceñirse a una metodología supone dejar fuera de la investigación problemas importantes, etc. Plantear estas cuestiones es llevar a cabo un análisis crítico de estas investigaciones. Veamos un ejemplo.

La filósofa de la ciencia Nancy Cartwright ha estudiado la propuesta de utilizar ensayos aleatorios en la elaboración de políticas públicas, sometiendo a un minucioso examen los supuestos epistémicos sobre los que se basa el uso de esta metodología. En particular, Cartwright y Hardie (2012) analizan el programa Tamil Nadu Integrated Nutrition Project (TINP), que consistió en realizar distintas recomendaciones de salud pública a las madres embarazadas: el tipo de alimentación durante la gestación, medidas básicas de higiene, alimentación de los niños, etc. El resultado de esta intervención fue una disminución importante en los porcentajes de malnutrición infantil. Este exitoso programa se aplicó también en Bangladesh, donde simplemente no funcionó. La investigación desveló que la diferencia de resultados obtenidos se debía principalmente a dos factores: la importancia de las suegras en la estructura familiar de Bangladesh, y el hecho de que los varones se ocuparan habitualmente de las compras familiares. Ambos factores disminuyen el resultado de una intervención centrada en la mejora de la educación de las madres (Cartwright y Hardie 2012). Este ejemplo muestra que siempre es posible que no se haya tenido en cuenta alguna variable oculta, algún factor que introduce confusión o algún desconocido mecanismo social subyacente.21 El mismo tipo de cuestiones pueden plantearse en relación con la investigación desarrollada por Card sobre el salario mínimo. ¿Es posible extrapolar su resultado a otras economías distintas a la norteamericana? ¿Influye el momento concreto del ciclo económico? ¿En qué condiciones se puede extrapolar y en cuáles no?22

Las investigaciones de estos premios Nobel de Economía consisten en analizar problemas concretos sobre los que la ciencia puede ayudar a obtener conocimiento. Estos resultados pueden servir para asesorar en la toma de decisiones públicas. Análisis crítico como el de Cartwright y Hardie, y muchos otros de este tipo, nos muestra las limitaciones del conocimiento científico y de sus aplicaciones en la solución de problemas sociales. Pero este análisis crítico consiste en un examen detallado de las argumentaciones, las herramientas matemáticas, o los distintos supuestos subyacentes a la investigación científica como los conceptos de causalidad o de evidencia, los modelos de extrapolación, etc. Y el resultado de este análisis crítico, pese a identificar limitaciones, conduce a la mejora de las metodologías científicas y del asesoramiento científico de las políticas públicas.

Aunque la ciencia ha conseguido logros impresionantes en ciertos ámbitos, enfrenta importantes problemas cuando trata de abordar cuestiones sociales relevantes. El conocimiento científico se produce en condiciones muy específicas y depende de ciertos supuestos, y su uso fuera de esas condiciones siempre entraña incertidumbre. Pero las limitaciones del conocimiento científico y de su uso en la resolución de problemas sociales no puede utilizarse como justificación de la simple especulación acientífica sobre esos problemas.

DAR RAZONES

Si bien con pequeñas variaciones, dependiendo de disciplinas o de revistas, los artículos científicos poseen una estructura argumentativa común muy estricta. En una publicación científica ha de haber siempre un apartado dedicado a “materiales y métodos”. Este apartado posee distintas funciones. Por un lado, relativiza las conclusiones a las características metodológicas y las prácticas específicas (reactivos, programas estadísticos, instrumentación científica, etc.), de una investigación concreta. Por otra parte, por lo menos en teoría, posibilita la replicación del trabajo científico en cuestión, de tal modo que sea posible una evaluación crítica de los resultados. Además, este apartado justifica las conclusiones a las que los investigadores dicen haber llegado. El apartado de materiales y métodos es el modo en el que en ciencia se dan razones para sostener ciertas tesis.

Este modo específico de justificación típico de la ciencia no puede extenderse a otros ámbitos de la actividad intelectual. Como señalé al principio de esta introducción, el análisis crítico está relacionado con examinar las razones conforme a los estándares de los discursos, las prácticas concernidas, y las obligaciones racionales atribuidas en los mismos. Esto significa, por ejemplo, que se ha de tener en cuenta que los estándares de justificación de la física teórica son distintos de los de la botánica, la psiquiatría, la lingüística o la economía aplicada. Los estándares de justificación pueden ser distintos (de hecho, lo son) y han cambiado con el tiempo, pero no pueden ser inexistentes o radicar en citas de Lacan, Foucault, Marcuse o de cualquier otro autor, en un ejercicio de autorreferencialidad o de invocación a la autoridad.

La obligación de justificar las afirmaciones es básica en el contexto de las sociedades contemporáneas.23 Nadie por sí mismo puede examinar los contenidos de la ciencia actual, sea la que sea, ni siquiera de forma superficial.24 Necesitamos confiar en la ciencia como institución (universidades, hospitales, centros de investigación), y en instituciones como las agencias reguladoras de los alimentos, los fármacos, los productos químicos, la protección del ambiente o la salud pública que hacen uso del conocimiento científico.25 Es precisamente esta necesidad de confianza en las instituciones cognitivas la que conlleva una exigencia extrema de justificación para ellas. Los denominados pensadores no deberían estar exentos de esta obligación, aunque sea en una versión light.

La mayoría de estos pensadores pueden considerarse críticos culturales o sociales. Si entendemos el pensamiento crítico como un análisis de las presuposiciones subyacentes a los discursos y las prácticas de los seres humanos, la crítica cultural y social es entonces una parte fundamental26. Movimientos sociales como el feminismo, el antirracismo o el ecologismo han evidenciado supuestos que permean distintas instituciones incluida la ciencia. Conseguir aflorar estos supuestos ha servido para analizarlos críticamente y producir una ciencia menos sexista, racista, clasista y más sensible a los riesgos ecológicos y, finalmente, más objetiva27.

Pero los denominados pensadores no se toman la molestia de evidenciar supuestos o presuposiciones sobre la base del conocimiento suministrado por las ciencias sociales empíricas. Por el contrario, la base de gran parte de sus análisis la constituye lo que podríamos denominar ciencia social folk o soft28, o algún tipo de hermenéutica social o cultural. El problema principal, por tanto, no es que sus análisis estén comprometidos con ciertas preferencias ideológicas con las que no nos sintamos identificados, sino que sus tesis dependen de ciertas afirmaciones sobre la política, la sociedad o la cultura que no están debidamente justificadas e imposibilitan el análisis crítico. La cuestión no es si nos sentimos más cerca políticamente de Žižek que de Gray, sino que la ciencia social folk o hermenéutica no puede ser la herramienta para evidenciar los supuestos sociales, culturales o políticos que han de ser críticamente analizados.

SOBRE EL MONOGRÁFICO

Los distintos trabajos que conforman este monográfico se pueden agrupar en tres bloques. El primero es el más general e incluye la contribución de Paula Olmos y la de Manuel Almagro y Neftalí Villanueva. En las dos se aborda la propia idea de pensamiento crítico. En ambos casos se defiende un acercamiento no individualista al pensamiento crítico. Paula Olmos muestra la relación del pensamiento crítico con la teoría de la argumentación, mientras que Manuel Almagro y Neftalí Villanueva analizan los diferentes tipos de desacuerdo. En los dos casos se enfatiza la dimensión social de la racionalidad.

Uno de los cometidos del análisis crítico es el examen de los sesgos cognitivos, argumentativos, las falacias, etc. Este es el tema del segundo bloque de este monográfico. En su contribución, Jonatan García-Campos, Saul Sarabia-López y Paola Hernández-Chávez proporcionan un estado de la cuestión sobre la investigación de los sesgos cognitivos y sus diferentes interpretaciones. También aquí se enfatiza la dimensión social de la cognición. Por su parte, María Caamaño propone un análisis de los efectos marco (distintas descripciones de un mismo asunto) que posibilita desplazar el objeto de estudio desde la racionalidad del juicio (o la decisión) a la racionalidad de la interpretación. Estas dos contribuciones van más allá de la consideración de los sesgos o los marcos conceptuales como simples distorsiones de la cognición y la racionalidad.

El resto de contribuciones son aplicaciones del análisis crítico a distintos ámbitos y desde perspectivas diferentes. Jesús Zamora examina algunas de las tesis defendidas por Byung-Chul Han, mostrando que, o no están bien argumentadas, o carecen de evidencia empírica que las apoyen, o incorporan términos confusos. Han pasa por ser en ciertos ámbitos un pensador crítico, pero Zamora muestra que muchas de sus tesis simplemente no resisten el análisis crítico. El texto de Juan Bautista Bengoetxea también utiliza a Han para presentar una generalización del bullshit29, lo que denomina “pseudofilosofía”. Además, Bengoetxea contrapone su análisis de las TIC con el realizado por Han.

También Jordi Tena-Sánchez y Francisco José León-Medina parten del bullshit para analizar lo que consideran falta de espíritu crítico y escepticismo en la teoría social actual. Como ejemplos de esta carencia, citan, entre otros, a Bourdieu, Foucault, Luhmann, o Bauman, y enfoques como el posmodernismo, la teoría poscolonial, o el psicoanálisis lacaniano. Muestran la existencia de tesis incontrastables, de argumentos teleológicos (i.e., no causales), definiciones vagas, etc. La cuestión principal que se plantean en esta aportación es por qué estos autores y enfoques, pese a sus manifiestas debilidades intelectuales, tienen tanto éxito en la academia. Avanzan que el fenómeno de la falsificación de las preferencias podría ser una de las causas.30

La contribución de Marta González muestra cómo los valores no epistémicos (valores no relacionados primariamente con la generación o justificación del conocimiento), pueden guiar el análisis crítico de ciertas teorías científicas y conducir a una mejor ciencia. Expone dos casos de estudio, la primatología y la neurociencia cognitiva, en los que ciertos análisis de orientación feminista han conducido al cuestionamiento de teorías y prácticas científicas asentadas. Estos dos casos de estudio muestran que la influencia no epistémica no necesariamente es epistémicamente negativa, sino que puede ayudar, desactivando la influencia de otros valores no epistémicos, a generar mejor ciencia.

El monográfico está constituido por una gran diversidad de temas y enfoques. A modo de conclusión, cabe señalar que todas las contribuciones coinciden en mostrar la necesidad del análisis crítico y el rechazo a cualquier práctica o estrategia que trate de eludirlo.

REFERENCIAS

Banerjee, A. y E. Duflo. (2012). Repensar la pobreza. Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global. Madrid: Taurus.

Banerjee, A. y E. Duflo. (2020). Buena economía para tiempos difíciles. En busca de mejores soluciones a nuestros mayores problemas. Madrid: Taurus.

Barnet, S, Bedau, H. y J. O'Hara. (2020). From Critical Thinking to Argument: A Portable Guide. Boston: Bedford /St. Martin 's.

Barua, S. (2021). Critical Thinking and Epistemic Responsibility Revisited. Journal of Indian Council of Philosophical Research (2021) 38:285–2.

Cartwright, N. y J. Hardie. (2012). Evidence-Based Policy: A Practical Guide to Doing It Better. Oxford: Oxford University Press.

Dewey, J. (1910). Cómo Pensamos. Buenos Aires: Paidós, 1989.

Fisher, A. (2011). Critical Thinking: An Introduction. Cambridge: Cambridge University Press.

Foresman, G.A., Fosl, P.S. y Watson, J.C. (2017). The critical thinking toolkit. West Sussex: Wiley Blackwell.

García Restrepo, L.E. (2007). Lógica y pensamiento critico. Manizales : Editorial Universidad de Caldas.

Gascón, J.A. (2021). Argumentative Bullshit. Informal Logic, Vol. 41, No. 3:289–308.

Gray, J. (2020). Adiós globalización, empieza un mundo nuevo. O por qué esta crisis es un punto de inflexión en la historia. El País, 12 de abril de 2020.

Han, Han, B-H. (2020a). La emergencia viral y el mundo de mañana. Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano que piensa desde Berlín. El País, 22 de marzo de 2020.

Han, B-H. (2020b). Viviremos como en un estado de guerra permanente (entrevista) La Vanguardia 12 de mayo de 2020.

Harari, Y.N. (2020). El mundo después del coronavirus. La Vanguardia, 5 abril de 2020.

Huemer, M. (2005). Is critical thinking epistemically responsible? Metaphilosophy, 36, 522-531.

Marraud, H. (2020). En buena lógica. Una introducción a la teoría de la argumentación. Guadalajara (Jalisco): Editorial Universidad de Guadalajara.

Morin, E. (2020). Vivimos en un mercado planetario que no ha sabido suscitar fraternidad entre los pueblos (entrevista). El país, 11 abril 2020.

Noguera, J. A. (2021). ¿El triunfo final del marxismo analítico? Erik Olin Wright y la ciencia social. Revista Española de Sociología, 30(2), a44. https://doi.org/10.22325/fes/res.2021.44.

Noguera, J. A. y A. de Francisco (2011). La sociología analítica. En S. Giner (Ed.), Teoría sociológica moderna. Barcelona: Ariel, pp. 309 - 344.

Russo, F. y J. Williamson (2007). Interpreting causality in the health sciences. International Studies in the Philosophy of Science, 21: 157–170.

Sousa Santos, B. de (2020). El coronavirus es un pedagogo cruel porque la única manera que tiene de enseñarnos es matando (entrevista). BBC news, 2 de julio de 2020.

Stadler, F. (2001). The Vienna Circle. Studies in the Origins, Development, and Influence of Logical Empiricism. New York: Springer, 2001.

VV.AA. (2020). Sopa de Wuhan. Buenos Aires: ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio).

Žižek, S. (2020). Coronavirus is ‘Kill Bill’-esque blow to capitalism and could lead to reinvention of communism. Russia Today, 27 de febrero de 2020. Versión castellana en Sopa de Wuhan.

_____________________________________

1* Carolina Moreno, Paula Olmos, Marta González y Juan Bautista Bengoetxea han realizado sugerencias y correcciones a versiones preliminares de este texto. Pese a su esfuerzo y magnanimidad, este es el resultado final.

Parte de este trabajo está relacionado con el proyecto de I+D+i PID2020-113449GB-I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/.

La traducción procede de Conde Calvo, J.L. y L. Zhao. (2018). Manipular y persuadir en la antigua China: el "Guiguzi". Traducción del capítulo 9. Talia Dixit: revista interdisciplinar de retórica e historiografía, 13: págs. 27-43.

2 Véanse las referencias de la nota 5.

3 Véase a este respecto Marraud (2020).

4 En la primera parte de la contribución de Paula Olmos a este monográfico se encuentra una breve historia del pensamiento crítico, así como una muestra de alguno de los usos de la expresión.

5 Algunos textos útiles para hacerse una idea pueden ser: García-Restrepo (2007), Fisher (2011), Foresman et al. (2017), Barnet, Bedau y O'Hara (2020).

6 Pueden consultarse las revisiones críticas de Ernesto Castro en Revista de Libros (17 de junio de 2020) sobre Sopa de Wuhan, y las de Antonio Diéguez, “Una pandemia sin norte: los pensadores no levantan cabeza con el coronavirus” (El Confidencial, >20 de marzo de 2020) y “Pandemonium pandémico”, Blog de la Academia Malagueña de Ciencias.

Como contraposición a los análisis de los llamados pensadores puede consultarse, por ejemplo, el monográfico “Filosofía en tiempos de pandemia” de la Revista de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España de enero de 2021.

7 La selección de pensadores que he realizado es casi aleatoria. Los aquí mencionados podrían reemplazarse, salva veritate, por otros como Judith Butler, Markus Gabriel, Santiago López Petit, Jean Luc Nancy, Giorgio Agamben, etc.

8 Han (2020b).

9 Han (2020a).

10 Žižek (2020).

11 Morin (2020).

12 Gray (2020).

13 Harari (2020).

14 Véase a este respecto la contribución de Jordi Tena-Sánchez y Francisco José León-Medina en este monográfico.

15 Compuesto por unos 30.000 nucleótidos.

16 Sousa Santos (2020).

17 Véase, por ejemplo, Banerjee y Duflo (2012) y (2020).

18 Valoración que no cuenta con un acuerdo unánime ni en la ciencia ni en la filosofía.

19 Y el Banco de España defiende en la actualidad.

20 Un modo interesante de formular la máxima de facilitar la crítica racional se debe a Erik Olin Wright: los teóricos o científicos sociales deberían formular sus tesis de tal modo que quienes no estuvieran de acuerdo con las mismas pudieran saber por qué. Véase Noguera (2021).

21 Un defensa de la investigación de los mecanismos sociales puede encontrarse en Noguera y de Francisco (2011).

22 El conocimiento de los mecanismos subyacentes es relevante en los procesos de extrapolación en distintos ámbitos de la investigación científica y de sus aplicaciones. Una defensa de la importancia del conocimiento sobre mecanismos en la atribución de causalidad puede encontrarse en Russo y Williamson (2007). La literatura posterior sobre este tema es ingente.

23 Véase la contribución de Juan Bautista Bengoetxea.

24 Véase Huemer (2005) y Barua (2021).

25 Algunas de estas consideraciones me han sido sugeridas por la conferencia de Andrei Moldovan “Pensamiento crítico y confianza en expertos”, en las IV Jornadas Novatores, Salamanca, 26-27 de abril de 2022.

26 Véase, por ejemplo, Foresman, et al (2017).

27 Véase la contribución de Marta González y la bibliografía a la que hace referencia.

28 Por analogía con la folk psycology o psicología popular. ‘Soft social science’ es la expresión que utiliza Jon Elster.

29 Una aplicación del bullshit a la argumentación se encuentra en Gascón (2021).

30 Autocensura que conduce a fenómenos del tipo ‘espiral del silencio’ también en la academia.