Este libro coordinado por los profesores Gonzalo Jover Olmeda y Patricia Quiroga recoge una compilación de textos en los que se aborda el juego infantil desde distintas perspectivas, como la antropología, la teoría y la historia de la educación, la tecnología, o desde un enfoque social. Se trata de una obra que trata de resituar el juego en una posición central en la vida del niño, entendiendo que “el juego no es, o no debería ser, algo extraordinario en la vida de un niño. Para un niño, vivir consiste en tener la capacidad de jugar”.
El libro comienza con el capítulo titulado Nacidos para jugar: una faceta crucial de los seres humanos. En este capítulo, se analiza desde una perspectiva antropológica el valor vital del juego y su importancia en la ontogénesis humana, destacando la relación establecida entre juego y vitalidad en el pensamiento de Ortega y Gasset.
El siguiente capítulo, El valor educativo del juego como experiencia estética cotidiana. Una conversación con Jane Addams, Neva Boyd y Yuriki Saito, analiza el juego infantil como una experiencia estética cotidiana y sus implicaciones en el ejercicio de la democracia. Para ello, se parte de la definición de la dimensión estética de la pedagogía a partir de la obra de Jane Adams, se analiza el concepto de “estética cotidiana” desde la filosofía de Yurika Saito y se concluye con el estudio de teoría de las abstracciones de la socióloga Neva Boyd.
El tercer capítulo, Las pedagogías de Montessori y Steiner: una aproximación a su conceptualización del juego en la educación explora el modo de entender el lugar que debe ocupar el juego infantil en el espacio escolar desde dos de las pedagogías alternativas con mayor presencia en los contextos educativos actuales. En el caso de Montessori, el modelo educativo se articula en torno a la noción de trabajo, mientras que, en Steiner, en el marco de la corriente esotérica de la antroposofía, se aboga por la importancia del juego libre.
El capítulo titulado El juego en la educación lenta: una aproximación a las experiencias educativas de Inglaterra, Italia y España aporta un estudio comparado del desarrollo de este movimiento y sus implicaciones en la conceptualización del juego en diferentes contextos. En el caso de Inglaterra, se presenta el caso de Summerhill como icono de un espacio educativo que ofrece tiempo que puede ser dedicado al juego libre. En Italia, gracias al desarrollo impulsado por Gianfranco Zavalloni, se destaca el juego como un elemento ineludible en la educación. Y, en el caso de España, se apunta cómo el movimiento de la educación lenta se suma a las voces que reclaman preservar el juego como derecho de la infancia en el entorno escolar.
El quinto capítulo, Los espacios de juego en la escuela: una mirada a las recomendaciones internacionales en el siglo XX, analiza las propuestas discursivas sobre la adaptación y/o construcción de espacios educativos dedicados específicamente al juego en los contextos escolares. Se reflexiona, así mismo, sobre las motivaciones de carácter cambiante de las exigencias higiénicas, pedagógicas, sociológicas y psicológicas que han incidido en las conceptualizaciones de los espacios de juego a lo largo del siglo XX.
El juego y el cuidado: reflexiones para una educación inclusiva, tolerante y plural destaca la necesidad de abordar la dimensión ética o moral del juego, situando al juego como un elemento destacado de la ética del cuidado. El capítulo toma como base las aportaciones de Carol Gilligan y Nel Noddings, y analiza “la lógica del juego que cuida” desde las tesis sobre el juego del pediatra Donal Woods Winnicott. Se concluye con cinco apuntes para el desarrollo de procesos educativos basados en el “juego cuidadoso”.
El séptimo capítulo, Juego, aprendizaje y desarrollo social infantil en diversos contextos culturales aborda el papel de la cultura en el estudio del juego, el aprendizaje y el desarrollo infantil a partir de las teorías educativas, sociológicas y antropológicas. Así, se aborda la singularidad del juego como como elemento cultural que, si bien tiene un carácter universal, adopta diferentes formas en función de las características y valores de las sociedades en las que se inserta.
El último capítulo, Juego, educación y tecnología: de los videojuegos a la gamificación aborda el debate sobre la relación entre el juego y las tecnologías de la información y la comunicación y su presencia en las aulas. Se explora el desafío de introducir estos elementos en la educación como medio para favorecer la motivación hacia el aprendizaje, así como sus posibilidades y limitaciones.
Se trata de una obra muy completa y fundamentada con rigor que permite al lector profundizar tanto en las bases epistemológicas como en los debates actuales en torno al juego y su desarrollo en los contextos educativos. Además, en el contexto actual en el que los enfoques mercantilistas sobre la educación ganan cada vez más terreno, urge resituar en nuestras conversaciones los temas en torno a las actividades que hacemos “por la diversión de la actividad en sí” (como es el caso del juego) frente a aquellos vinculados al trabajo productivo “que hacemos porque tenemos que hacerlo”.
María Naranjo Crespo
Universidad de Alcalá
maria.naranjo@uah.es